Que lamentable anglosajonización la de nuestra cultura. Además, la cosa es aún peor. No es la anglosajonización de la cultura, sino de la incultura. Personas sin el menor bagaje se adentran en ese campo, y por desconocimiento confunden valor y precio, que como nuestro poeta decía, le ocurre al necio. Es decir, seres que no por amor a la cultura, sino a su promoción personal, se adentran en una cristalería en la que no hacen más que perjudicar dignidades y sensibilidades. Según estos adevenedizos de la idea, no hay otra cultura universal que la culturita que ellos han adquirido en tiendas de baratillo y salas domingueras de cine . Y con poses afectadas e ideas prestadas, disfrazados de lo que no son, montan un raquítico escaparate en el que sólo hay invocaciones a lo anglosajón. Para ellos no existe el resto del universo, en cuanto lo desconocen. El problema es que sólo otros como ellos son los encargados de la promoción de la cultura, y el mal se reproduce constantemente. Lamentable colonización contra la que casi nadie se rebela. Que extraño, con la de patriotas que siempre ha habido. En España hay un gran problema de impostura. Durante años hemos vivido acomplejados por nuestros múltiples déficits. Rescatados del aislamiento por los EEUU, esa mano generosa donde las haya, siempre atenta a los intereses de los pueblos, y nunca interesada o egoísta en sus acciones, les hemos tenido como único horizonte y mentor. Y he aquí como el orbe se contrae y se reduce a la dimensióin de unos enanos del pensamiento. Con cierta curiosidad te adentras en el contendio que promocionan, y no puedes sino sorprenderte de que eso que tanto prestigio tiene, tanto que ha eclipsado al resto del universo, no es sino un conjunto de vaciedades, perogrulladas, lugares comunes y vulgaridad. Lo cual es muy oportuno, porque una labor con mayor entidad hubiera echado para atrás a los promotores. Y es que es así: ¿qué es más fácil, leer a Supermen o a Carlos Marx? Es decir, que la densidad de nuestra cultura se reduce a cuentos infantiles o meneos roqueros de caderas