Si deseas zambullirte en el mar de la humanidad y trabajar desinteresadamente en su beneficio, no esperes un agradecimiento consciente, sensato, proporcionado a lo que vayas haciendo.

Puede que te adoren por cualquier tontería que hayas hecho, cualquier pose afortunada, y puede que te apedreén por lo más substancial, por lo que más te ha costado y has arriesgado.

Pero, insisto, no esperes una correspondencia inteligente, adecuada. Cabrá cualquier extremo, pero eso, extremo.

Y lo más normal es que a la larga te des cuenta, de repente, de que había más desconsideración hacia tus esfuerzos,de la que hubieras podido imaginar.

Incluso, si en un momento dado te atacan tus enemigos, que siempre se tienen, se haga o no se haga, verás que aquellos que te adulaban antes, toman actitudes muy variadas e inesperables, pero la mayoría de ellas insatisfactorias.

Unos huirán. Otros se aliarán con tus enemigos, si ven mayores espectativas. Otros se mostrarán tibios, tan tibios que en su defensa no sabrás bien si lo están haciendo o están lanzando un mensaje al otro, como diciendo, anda, déjalo, pobrecillo, pero tienes razón.

No son estos los peores, pero sí los que más indignan, por que bajo su tibieza hay una gelidez propia de cadaveres. Es como recibir el abrazo de un cadaver.

Por otra parte, no seas tú el que desproporciones las cosas. A veces creemos que estamos salvando el mundo cuando:

1) El que salvas tiene más posibilidades, medios y poderes que tú.

2) No salvas, sino que estás alimentando tu ego.

Ese es el dilema: a lo largo de la vida ¿a quién servirmos, qué servimos?

No lo sabemos a ciencia cierta siempre. Sólo esos que arriesgan su vida en la acción pueden beneficiarse de la credulidad, y aun así.

En definitiva, que zambullierse en esa marea cuyas olas son brazos y piernas y cabezas, ha de ser una acción muy meditada e informada. Si no, te ahogaras indefectiblemente.

Hay mucha gente débil que desea encontrar la fuerza en los otros. Sarte decía que los otros son el infierno. Y para desenvolverse en el infierno ¿se puede dejar de ser un demonio?