EL CUERPO DEL DELITO
A veces siento mi cuerpo como una herramienta agresiva, cargada de necesidades que han de ser obtenidas a expensas de otros. Es una clara sensación de malestar, de culpabilidad, de carga, de incomodidad. Se dirá ¿cómo es eso, tan antinatural? Pensemos sólo en nuestra alimentación ¿cuántos millones de víctimas animales sufren y sucumben por causa de nuestro cuerpo? Pensemos en la naturaleza ¿cuántos millones de árboles caen bajo el golpe del hacha? Pensemos en el prójimo ¿sentimos realmente suave y pacífica la relación con él, o más bien tenemos la sensación de un constante tira y afloja para delimitar (reducir) su territorio y ampliar el nuestro’ Cuando estás con una mujer ¿no hay momentos en los que sientes que con cada caricia arrastras parte de su esencia, de su existencia? Y la mujer con relación al hombre ¿no hay algo succionadora en ella, como si deseara absorberte parte del ser? Existir no es una labor inocente. Creo que pocos son los seres que desarrollen una vida totalmente aislada, autónoma, autárquica, en la que no se perjudique a algo o alguien. Parásitos, la mayoría somos parásitos. Eso por hablar de los aspectos más naturales, porque si analizamos nuestra situación en el seno de la sociedad, cuanto esfuerzo de otros, miles de otros, requiere cada vida. Explotación, avasallamiento, desequilibrio, presión y opresión, chantaje moral y social, engaño. Y las voces satisfechas inmediatamente saltarán: que negativismo. Claro: pueden estar satisfechas porque no evalúan lo que le cuestan a los demás. Sí, para decirlo con más claridad: muchas veces noto en mi cuerpo esa injusticia que es todo el entramado social, biológico, natural que es la vida. Existir no es algo neutro. Si se analiza, es muy gravoso, de lo cual no somos plenamente conscientes. A ver: demuéstrelo, se dirá. Pues… por ejemplo, entrando en lo más simple y conocido: ¿no consume el 12% de la población el 86% de las riquezas mundiales? Un dato que a pocos causa malestar. Inmediatamente se afirmará, una minoría. No. Hay una litografía (muy gráfica) que siglo XIX que muestra a las sociedades como una pirámide. Cada clase se sustenta sobre otra inferior, y en la base… en la base los animales. Millones de ellos sacrificados diariamente, y de mala forma. El genocidio más común. ¿Y esos que no comen? Esos se mueren, es decir, esos son el resumen de la lógica de la existencia, víctima sobre víctima. La verdad es que parece que la naturaleza tenga una sóla lógica: el traspaso doloroso de energía. “Nooo, no es así” Sí, sí es así, sólo que no conviene verlo. “Y ¿para qué?” Pues para al menos rendirle tributo a las víctimas. Para reducir nuestra egolatría, para ponderar nuestra existencia, para limitar nuestra devastación, para estar menos satisfechos con nosotros mismos (y parecer monigotes de culebrón norteamericano donde todos están realizados y todos son maravillosos), para plantearnos que hay mucho que corregir, para darnos cuenta de cuánto destruimos. Para no ser tan estúpidos.


Alqui dijo
Es difícil contestar un artículo así porque, en principio, ya parto de un concepto diferente de la VIDA y la MUERTE, en particular de ésta última.
Pienso que somos conciencia y energía contenidas en un vehículo material: el cuerpo. Individualmente aprendemos que es una tragedia la MUERTE, es el fin, y yo me pregunto: ¿sería posible que fuese una liberación, teniendo en cuenta que esa energía se encuentra limitada dentro de un cuerpo minúsculo y además limitada por un elemento dictador y adulterado por exigencias ajenas: la mente?.
Existe la cadena trófica y podemos verla como: traspaso doloroso de energía si concebimos la muerte como el FIN agresivo a la existencia.
Para mí, el horror de la MUERTE está en la forma de llegar a ella: en primer lugar la TORTURA, encarnizamiento terapeútico, dolor, haber llevado una VIDA sin contenido constructivo, sin AMOR, étc.
Por lo tanto, mi mas profunda repulsa a todos esos factores que hacen del camino hacia la MUERTE un largo viaje de sufrimiento.
Un saludo afectuoso
10 Julio 2008 | 01:11 PM