REVERTE Y LA MIEMBRA MINISTRA
Hay un feminismo machista (el machismo, la verdad, es que impregna más cosas de las debidas), pero también hay un machismo antifeminista, lo cual es aparentemente una redundancia, pero también un recurso literario para complementar un artículo anterior. El otro día, Reverte se despachaba bien con el asunto, pero muy desacertadamente, como suele ocurrir cuando hemos de defender el tópico o servir a actitudes sistemátizadas.
El asunto sigue girando alrededor de una ministra, de una palabra y de una posición; sobre todo de una posición: la igualdad de la mujer. Y así, de paso, se matan tres pájaros (y pájaras) de un tiro: un gobierno, unas ideas y unos resultados electorales, presentes y futuros.
El gran problema de España, por lo visto, es una palabra: "miembra"... Los 800 € de salario mensual, pagas extras incluidas, comparado con eso, no son nada.
Reverte utiliza los recursos que cree tener a su alcance, pero lo hace sin verdadera rectitud intelectual; además, utiliza una argumentación a la que se le puede dar la vuelta fácilmente, lo cual es una mala táctica de ataque.
Comienza poniendo a
Ese argumento, que para él es fundamental, es muy débil, ya que saca al lenguaje de un supuesto espacio de perfección técnica y lo convierte en algo humano, político, controvertible, variable y muchas veces defectuoso.
Si
Por otra parte hace invocación a no sé qué de 400 millones de hispanoshablantes. Sin embargo, no dice, o no sabe, que dentro de esos millones, hay países que recogen el término "miembra" sin mayores cataclismos culturales.
Incluyo aquí un párrafo recogido por una amiga, Mirella, que aclara el asunto de los 400 millones:
"... Tal como decíamos, la crítica hostil a la palabra miembra utilizada por
Es decir, que en definitiva, muchas de las palabras que se utilizan en beneficio de la rectitud lingüística y en contra de su "degeneración" ocultan una intención eminentemente (?) política y escasamente científica, la de defender un machismo antifeminista. Y quizás no hay tal redundancia, ya que puede haber un machismo producto de las gónadas ("déjame, pequeña, que te coja en brazos"... "señorita, permitame que extienda mi capa para que pose sus piececitos. y no se manchen", y un machismo esclavista: "lávame la camisa mejor, que la última vez estaba fatal"...).
Al final del artículo, excesivamente despreciativo para que sea convincente, Reverte hace un juego floral con la palabra idiota aparentemente afortunado . Sin embargo, si se profundiza, se podrá comprobar que la lengua del pueblo, y la labor de
Si bien el adjetivo idiota no admite una versión masculinizante (idioto), el adjetivo estúpido si admite una versión feminizante. ¿Por qué? Si idiota y estúpido son sinónimos de tonto, que admite el femenino tonta ¿por qué no se puede registrar las masculinización de la idiotez? ¿Será este el fondo del debate?
Si la ministra quiere remediar el entuerto, lo mejor que hará es cambiar de partido, más que de léxico, que la cosa va por ahí, y fomentar, por ejemplo, que se conduzca habiendo bebido, que es algo más positivo y sin mayores consecuencias.
Después de todo, si admitimos "almóndiga", ¿por qué no innovar el vestuario a gusto de la última moda?
