Yo creía en el purismo lingüístico cuando confiaba en que las reglas de la lengua eran cuasi matemáticas. Claro, era una creencia propia de ignorante, ya que ni sé de lengua, ni imaginaba cuál es el mecanismo purístico-lingüístico de tan a veces contradictoria academia.
Pero, poco a poco comprobé que las cosas no son como creíaí. Lo que en un momento dado causa perplejidad e indignación en la culta élite del bien hablar es asumido con docilidad y servil énfasis cuando se grava con letras de oro en el diccionario
sagrado ese, al cual le he perdido parte de mi respeto.
Yo creía que la lengua evolucionaba mediante unos prudentes criterios racionales. Pero no es así, este mundo también se ha visto contaminado por el demagogia populista. ¿Que la ministra dice "miembra" ? pues primero se mira su afiliación política y luego se toma posición.
La cuestión es que, aparte de que se dice miembra en Latinoamérica, hasta que no se integre el término en el susodicho diccionario, muchos, entre ellos renombrados lingüistas, aprovecharán la oportunidad para desahogar su necesidad de aspavientos ideológicos.
La cuestión es que no hay una matemática del hablar, que racionalice los criterios del idioma. Como ya se comentó, hay tontos y tontas, estúpidos y estúpidas, pero no idiotas e idiotos. No creo que la cosa tenga su origen en los "ilotas", que eran esclavos a la fuerza, y no como ahora, que muchos lo son por propia voluntad.
Más sorprendente aún es que alguien que utilice la palabra "almóndiga" por modernamente aceptada, te llame la atención porque hayas escrito subscribir o substrato (o substraer, que parece algo así como traer por lo bajini) términos que el "señor corregidor" de turno desconoce y que son academicamente aceptados. (y que así deberían haber quedado, porque, en definitiva, subscribir es escribir debajo de lo escrito y substrato es lo que está debajo del estrato).
Yo sonreía disimuladamente cuando un compañero decía "asín", hasta que descubrí que asín se decía hacía años. Él podría ser un "antiguo" pero no estaba diciendo una majadería.
Si no hay criterios de racionalidad y casi de ciencia matemática en la lengua, tendremos que aceptar hoy "miembra", que tiene sentido, y mañana, por su importancia económica también, "pretóleo", que así se dice también en muchos lugares.
Respecto a los anglicismos y otras derivaciones, sorprenden dos cosas:
1) El esfuerzo que se hace para "prenunciar" correctamente el idioma foráneo, mientras la desidia malforma el nuestro.
2) La de términos extranjeros que están desplazando a los nuestros, cuando esos extranjerismos son, en muchas ocasiones, bastante más inexactos e imprecisos. ¿Imaginan una lengua que teniendo una palabra para cada uno de los metales existentes la sustituyera por otra que englobara los a todos, como la genérica de "hierro", pongamos por caso? O la sustitución que hemos hecho entre insignia y pin, cuando no son exactamente iguales, ya que la primera tiene siempre una intención simbólica y no siempre la segunda (puede ser un elemento simplemente decorativo o estético, incluido en esto el feísmo).
Aí ai un hombre que dice hai... ¿mejor? así lo escriben en muchos foros, blogs, posts, hilos, móviles, y en Inglaterra, que para eso manda aquí lingüísticamente. ¿Cómo no va a exclamar el hombre, aunque sea por el regusto de poder exclamar libremente, con faltas de ortografía, que lo otro constriñe?
Alguien decía que la diferencia entre el español de Latinoamérica y el de aquí (España) es que aquel es meditado, mientras este no.
Una lengua rica en palabras equivale a un pueblo rico en ideas y sentimientos. Una lengua que se empobrece voluntariamente denota un país que se mutila voluntariamente. ¿Tan necesario era cambiar, por ejemplo, el término español por el de castellano? Tan imponderable era rebajarlo de su globalidad a una parte del conjunto?
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