GOBERNAR
Pero ¿qué es gobernar? ¿beneficiarse de los demás y vivir a costa de ellos, o construir el bienestar colectivo? Lamentablemente se ha aceptado una concepción negativa de la política. Gobierna quien manda, quien tiene poder, no aquel que organiza satisfactoriamente la comunidad. Y los hombres más sabios se involucran en esta estafa. Cuando Marx inicia sus estudios, la esclavitud estaba vigente. Sin embargo, Marx era “intrínsecamente perverso” (palabras de un Papa) y sobre los pupilos de esa Iglesia, que gobernaban países, colonias, imperios, ni una palabra. La propia izquierda no habla ya de estas cosas. Su vocación se limita a ser gestores de lo que hay y subir su propio nivel de vida. No está mal: el bienestar hay que comenzarlo por algún sitio. ¿Por qué las necesidades del otro van a ser prioritarias? Ese es el verdadero mal: ¿cómo luchar contra algo que te compra? ¿cómo no venderse si se piensa que hay miles de postores al cargo? Si yo no lo ahorco, dice el verdugo, lo hará otro, y yo, de paso, me moriré de hambre… Por eso es tan grave la decisión del que rompe la unidad de todos los que deberían decir “no”. Cada decisión insignificante tiene su gran trascendencia. Lo que es una pequeña bola de nieve se engrosa con el consenso de los demás, y al final se convierte es un despropósito descomunal que lo arrumbaa todo. Sólo con que nos desviemos una décima de grado, a cada metro que avancemos, el desvío será mayor. Que peligrosa es la banalidad. Es la coartada de los poderosos. Reid hasta llorar y vuestros ojos no verán. Haced el bufón y tendréis un papel en la vida. Lo más sorprendente es que todo son ardides milenarios. El guión apenas ha cambiado, al igual que la condición humana (o por eso, precisamente).
