QUE FÁCIL ES SER FELIZ
¿Cómo predicar el sufrimiento? Pero, ¿se puede ser feliz sin ser insensible? Y ¿es legítimo educar a una especie en esa insensibilidad? Aunque, siendo lúcidos, admitamos que no es una decisión tomada cabalmente: el hombre es así, y en cuanto se descuida aflora, o mejor, se reduce a eso que lleva dentro de la amígdala. No es fácil saber si harán falta muchos siglos más para que la especie humana se humanice realmente. Es cierto que hay personas distintas, pero la ola de salvajismo acecha constantemente, y a cada paso que se da, ella borra cualquier resto de humanismo que quede. En plena lucha por el reconocimiento de sus derechos, es decir, en la lucha por avanzar hacia un estadio más civilizado, la mujer lo celebra y reafirma haciéndose cazadora, porque lo importante es demostrar que “es igual ” al hombre: no importa en qué, eso es lo de menos. La mayoría de las reivindicaciones no son en nombre de la justicia, sino del egoísmo. Cuanta irracionalidad en todo: ya lo afirmó explícitamente la Iglesia sin el menor rubor: se opone al racionalismo. Por una vez fue sincera. Y lo hace explícitamente, porque lo reafirma constantemente con sus actos… El racionalismo es el enemigo: demos paso a los instintos, a los misterios, a los galimatías, para que los derechos y los sentimientos se confundan. Es la mejor forma, si un contable corrupto quisiera prosperar, intentaría convencer a todos de que las tablas de la aritmética son cambiantes e indeterminables. Dos más dos, tres, y la que sobra, para mí. Lo mismo se hace en el mundo de la razón. El quinto: no matarás. Condenado por matar. Pero ¡Vd. ha matado! No, ese es un caso distinto. Hay guerras justas, y asesinatos justos, y privilegios justos. Lo importante es que el hombre domine sobre las demás especies, y una clase sobre las demás clases, y el corazón de esa clase sobre el resto de la clase. No a la democracia, sí al monismo. ¿Para que unas reglas fijas que delimiten lo justo de lo injusto. Eso es reducir la potestad de los poderosos. Además, es una cuestión que tampoco tiene tanta importancia, ¿qué importa que el hombre esté debajo o encima de las reglas? ¿Nos vamos a pelear por una simple posición? La racionalidad nos ata, nos limita, empalidece ese “hálito divino”; que desfachatez, hálito divino, rey de las especies, hecho a imagen y semejanza de Dios. Es difícil situar al hombre, ya sea en la absoluta genialidad, ya sea en la absoluta estupidez. Depende del grado de cinismo y de burla que tenga hacia sí mismo.
