LAS AUTORIDADES, LOS CURSIS Y LOS BÁRBAROS
Evtuchenko, en el poema "Coliseo" se sorprende más del público que circunda el espectáculo, que del espectáculo mismo. Es cierto. Los que lidian en el ruedo de la crueldad y de la tortura, al menos ponen un límite a tal aberración, la de sus propias limitaciones.
Pero los espectadores perfectamente protegidos por toda clase de barreras y fosos no tienen límites y poco a poco se embriagan con la sangre de la crueldad y de la sinrazón, hasta perder la razón completamente.
A estas alturas de la historia, cuando la lágrima fácil y el ternurismo se han apoderado hasta de los "rambo" de turno, aún hay espectáculos salvajes protegidos por las autoridades.
Se tiene autoridad en virtud de la fama, de la virtud, de la ejemplaridad. Pero aquí solo se busca la fama, o mejor, no perderla, aunque sea a costa de la virtud y de la ejemplaridad.
En una población española (información en artículo anterior transcrito) ante la disyuntiva de prohibir o tolerar un especáculo bárbaro contra animales, (la autoridad) resolvió que era legal "pese al baño de sangre que supone, ya que le clavan banderillas al animal por todas las partes de su cuerpo y tratan de matarlo sin éxito clavándole la espada en varios sitios, al no ser capaces de hacerlo en el punto adecuado. De hecho, tiene que ser el matarife quien finalmente le dé el toque de gracia. Todo delante de público, entre ellos niños" ( Ana Mayol).
Es decir, que el estado, en cualquiera de sus escalones, no es capaz de marcar un alto a lo que es ilegal (maltrato de animales y presencia de menores) e interesadamente echa sus cuentas electoreras, no vaya a ser que el respetable se enfade.
Sí, Evtuchenko, que triste el coliseum que tenemos montado. A esto los griegos lo llamaban demagógia, ese estado en que la democracia se corrompe y desvirtúa y todo cáculos, halagos, chantajes y barbarie. Es decir, cuidado, que llegará el día en el que en una asamblea de cinco, tres decidirán comerse a los otros dos, que no es cosa de perder la simpatía de tres por ganar la de dos..
Si la sociedad, que tiene múltiples y reales mecanismos de coacción, guarda silencio ante esta degradacion populachera, habrá que preguntarse por qué. nada es tan casual como aparenta.
Igual las élites, para no dejar de serlo, nos quieren feos y gordos, atiborrándonos de hamburguesas y colesterol; infantiles, atiborrándonos de tebeos y películas de Superman, Spiderman y Batman; incultos, con sus best sellers a lo harry Potter y sus programas televisivos del corazón, cotilleo y difamación; embrutecidos, con sus deportes millonarios, donde se han destruido todas las virtudes del deporte amateur; estúpidos, con sus opiniones unilaterales en sus medios de comunicación... y... dicho más sintñeticamente: nos quieren (lo cual, desgraciadamente, comienza a estar justificado en un alto porcentaje, de seguir la cosa así)..
¿Es posible que esta época de cursilería melíflua por un lado, pueda convivir con semejante violencia, sadismo y crueldad por el otro?
Pues sí, es posible, porque esa cursilería está edificada sobre un gran ego y un gran egoísmo, donde el prójimo, humano o animal no existe; donde todo va encaminado no a servir a causas generosas, sino a servirse a uno mismo.
Y ahí están las autoridades, perdiendo a pasos agigantados su autoridad, que va siendo su única razón de ser. ¿Cuando venga el negocio privado a cubrirlo todo,qué misión les quedará, si sólo les resta la represiva?
Pero no hay cuidado, ya saldrá algún intelectual iluminado mostrándonos las virtudes de los ancestral, lo que puede coincidir con los dicho:
¿Nos querrán esclavos en un coliseo - mercado donde todo sea admisible?
