EL BEST SELLER
Soy de la opinión de que cuanto más potencia económica es un país, más enemigo es de la "cultura". Esto sin darle demasiada importancia a la otra cultura, la que se suele escribir con mayúscula, que a veces poco tiene de ella. Como quiera que el negocio de las editoriales y de las ediciones está en manos de unos pocos países, se deduce fácilmente el resultado.
Pero, al margen de matices, uno de los peores inventos literarios que se ha hecho a lo largo de la historia del libro, es el del best seller.
No sé si las motivaciones de los anteriores escritores eran sinceras. Sin embargo, había como mínimo un fingimiento cultural. Un escritor solía ser un intelectual, y también solía ser un librepensador. Hay matices entre estas palabras. Pero todas contienen un fondo humanista.
El escritor era un perceptor crítico de la realidad. Esto a veces llegaba a extremos absurdos, como aquella idea de que para ser poeta romántico había que estar tuberculoso. Pero hasta esto se me antoja con un contenido: "ya que veo y trabajo con el dolor, soy consecuente hasta extremos absurdos y con mi propia desgracia me conduelo de y con todo".
El best seller ha provocado un cambiado en el saber. El escritor es una especie de tendero de la palabra, de la cual calcula el gasto, el márgen de ganancia, su capacidad de halago a la galería, su cuota de feísmo, que es un elemento muy presente, su cuota de vulgaridad, porque un sambenito del momento es el de parecer refinado, su conformismo, para, por la vía de la comodidad, eliminar trabajos comprometidos no conformes con una industria (la general, no sólo la editorial) que promueve la acumulación de la riqueza en un extremo y de la pobreza en el otro... En definitiva, , hacer un producto comercial; igual que se vende un coche o unos calcetines, igual se elabora ahora un "producto" literario.
Y por supuesto, el producto no persigue ser algo ejemplar que enseñe; al revés, el producto más bueno será aquel cuya venta sea masiva. Y las ventas masivas ¿lo son de productos buenos?
El escritor de ahora es una especie de estrella cuya función es relumbrar. Poco importa cómo; es un actor que ha de representar un papel. ¿Y qué papel? pues aquel que reúna dos condiciones esenciales:
- Lucrar...
- No enfrentarse a ningún poder, porque ese es el inicio del desgaste...
Muchas veces se critica: pero no se lee, y a veces te preguntas ¿y no sería peor que se leyera, al menos esto? Realmente lo que quería decir es, hay que leer, pero no basta con cualquier cosas, sino cosas buenas. He ahí una función importante de los profesores de literatura, quesuelen ser exiliados en ese negocio.
Dando un salto sobre el asunto, la verdad es que vivimos una total ficción en todo.
Alguien publica una tontería en una editorial o en un periódico de gran tirada y es un "escritor". No importa el contenido, sino que ha pasado la criba de una empresa privada. Sin embargo, hay por ahí blogs con contenidos literarios de verdadera calidad y se quedan en eso, en blogs.
No atendemos a la calidad, sino a la cantidad. Ese libro ¿es de cantidad? No, es de calidad y se ha quedado en el almacén.
Para colmo se están perdiendo los fondos editoriales: llegará un día que no sabremos quienes fueron Romaín Rolland, Jorge Manrique o Juan de Encina, que seguro que de él no queda ninguna biografía.
En parte ¿por qué? Pues porque contables dirigen las editoriales y no expertos en literatura.
Y nada podrá con todo esto hasta que por la vía del desastre, se tenga que corregir. Es la in incultura global que se ríe del cambio climático, del hambre mundial y del agotamiento de las materias primas. ¿Por qué? pues porque han leído un best seller muy divertido y el "ser humano es extraordinario". Es decir, todo está bien.
