El de la religión es un tema manido. Todas las críticas que se le puedan hacer están prácticamente agotadas (incluso por evidentes).
Sin embargo, no puedo uno dejar de sorprenderse sobre el laberinto que representa para una racionalidad normal.
Por ejemplo, el asunto de la virginidad de María, madre de Dios. Brévemente:
Dios decide redimir a los hombres, y para ello no encuentra otro medio que coger las manos de su hijo querido y destinarlas a ser clavadas en una cruz.. Si esta tésis se planteara por otro grupo de pensamiento sería calificado como mínimo de paranoico y de enfermizo morboso.
Por otro lado, ese mismo Dios, que ha creado el cuerpo humano, que ha establecido un concreto sistema de reproducción, hace otra excepción para ese Hijo y su Madre y decreta que nazca renunciando a las vías naturales que él mismo ha establecido para las demás mujeres. Hace una excepción, hace una discriminación "positiva".
Para quien se aproxime a estas historias sin prejuicios, fes, previos aleccionamientos, catequesis, el conjunto de la historia le suena a absurdo. Porque:
- ¿Cuál es la razón de estigmatizar el sistema reproductivo que él ha establecido para todas sus criaturas y descendencias?
- ¿No había otra vía para la redención de los hombres? ¿No hubiera sido mejor un sistema de enseñanza, reflexión y prueba?
- Si ha sido tan cuidadoso para el parto de la Madre y de su Hijo y de su alumbramiento (otro misterio) (¿o hay ahí una explicación subliminal urdida por alguna mente preclara?) ¿por qué luego todo desemboca en una solución tan brutal?¿por qué extremos tan contradictorios?
No es este un ejercicio para el ocio mental (el mío, claro), ni una pérdida de tiempo sobre asuntos que el tiempo ha engüllido, sino una reflexión muy actual.
¿Por qué? Pues porque esa iglesia sigue gobernando el mundo con sus ideas y con este tipo de argumentos irracionales.
¿Cómo perfeccionar el mundo sobre estas bases?: el aparato reproductor de una mujer es reprochable; clavar las manos de un hombre, de su muy querido hijo, no .
Los protestantes también tienen las suyas, aunque con un sentido más practico para el sistema económico; por ejemplo, con la reforma de Lutero para el protestante «sólo la fe salva, no las obras». .Extraordinario.
Calvino incluso va más allá y sostiene que siendo la voluntad divina omnipotente y pudiendo Dios salvar o condenar a voluntad, independientemente de las acciones realizadas (por ejemplo, traficar con esclavos) estas no intervendrán en el futuro, en cuanto que todos estamos predestinados hagamos lo que hagamos.
Según él, el éxito económico en el trabajo distingue al elegido por Dios. El rico lo es por ser un elegido por Dios para ir al cielo.
Por el contrario, los pobres son despreciables tanto social como moralmente porque su situación socioeconómica es la expresión de la voluntad de ese Dios, que les ha dado la espalda... pero cuidado, no por no trabajar, sino porque sí.
Es decir, que Anglosajonia, la tierra de la civilización y de la racionalidad, en definitiva, la tierra de la superioridad, a los latinos, a los pobres, a los emigrantes, nos mira de mala forma simplemente como reproche religioso, por ser de los hijos de Dios no queridos, ya que los hijos de Dios no son iguales, sino que están predeterminados, independientemente del comportamiento ético que hayan tenido en la vida.
(Ddefinitivamente, no voy a vivir a Inglaterra, que allí bajaría 4 ó 5 escalones sociales por celestial decreto, y con 4 ó 5 que tengo bajados aquí...).
Todo esto, que parece un ejercicio para diletantes aburidos, está muy presente en las estructuras de la sociedad, y actúa como un cemento cohesionador que explica esos misterios del éxito y del fracaso.
Tal como dice "El Roto": "Cuanto más sé, menos puedo hablar..." Claro, ¿cómo van a querer que hables si comenzarías por protestar por el lugar que la divinidad te ha reservado?
La mejor forma de eternizar y justificar privilegios, y después los de Latinolandia somos peculiares. Sin embargo, a la masa, a esos que no pintamos nada, ¿no nos, no les sorprenden estas cosas?:
- Que se pida perdón por equivocarse, pero que acto seguido se siga mandando y criticando a aquellos que critican tan extrañas reglas.
- Que se reconozca el error, pero que se tomen decisiones involucionistas que nos retrotraen a las fórmulas del error.
- Que habiendo tanto error cometido, el ánimo no esté conturbado y lleno de dudas, y que por el contrario, con soberbia, se descalifique a diestro y siniestro (más a siniestro) aquellos que proponen unas reglas más científicas para la convivencia.
Hay un chiste por ahí que no es un chiste: nuestra superficialidad lo ha convertido en tal.
Dice:
"Pedimos perdón por lo que han hecho nuestros abuelos; nuestros nietos pedirán perdón por lo que hicimos nosotros".
Todo este lenguaje sólo demuestra una cosas: que los ateos son tontos creyéndose únicos en el asunto. Hay bastante más ateos de los proclamados. Sólo que no les importa ir a misa todos los domingos.

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