Gonzalo Femández de la Mora escribió "El crepúsculo de las Ideologías" y más tarde "El alba de las Ideas". Curiosamente sirvió a un régimen que tenía más ideología que ideas.

Es típica la incoherencia de todos estos personajes. Incluso su estilo literario, ampuloso, pomposo, denota su imposibilidad (no su incapacidad) para hablar clara y sinceramente. Quien era ferviente católico, quien colaboró en la redacción de los Principios Fundamentales del régimen, más tarde anunciaba el ocaso de las ideologías como algo deseable y positivo.

No fue una idea original suya. Durante aquel tiempo comenzaba a fraguarse en todo el mundo el mecanismo para batir al objetivo molesto. Las ideologías se convirtieron en el gran enemigo; claro, las ideologías del contrario, porque la verdad es que nadie ha renunciado a su ideología ni a su doctrina. Sabían por propia experiencia que los grupos que contaban con una ideología, con una doctrina sólida y coherente disfrutaban de una columna vertebral fuerte y de una médula que nutría toda su organización y espíritu.

Pero claro, era mejor desmedular a los otros. Lo más lamentable es que muchos cayeron en la trampa, creyendo que todo lo escrito por intelectuales es exacto y bienintencionado. Ese fue uno de los primeros errores de la izquierda europea: nutrirse con material "enemigo". La trampa estaba bien pensada: arriba las ideas, abajo las ideologías.

La idea representó, representa, la expresión de la libertad de la persona, de su inteligencia, de su capacidad creativa, de su individualidad, de su autonomía. Que poética relación de bienes. Que gran confianza en la capacidad del ser humano. Las personas valiosas tienen ideas, no necesitan muletas para caminar, pueden hacerlo por si solas. Además idea rima con yo solo; nada de masificación, aglomeración. ( Y en quella época, nada de plebiscito, sólo porque suena a plebe).

Es decir, que se confia tanto en el individuo, en la persona, que se le equipara a los grandes pensadores. O aún más: tú solo puedes pensar y repensar lo que tras años de esfuerzo, estudio, experiencia, reflexión, intercambio, han pensado en su conjunto las personas más doctas y capacitadas. Absoluta autogestión en la configuración del ideario. Es más eficaz 1) ignorar lo que los sabios han dicho, 2) lo que la sociedad ha recogido y sistematizado 3) Lo que los intereses de clase han seleccionado y depurado....

No necesitas del sistema que es la ideología, de una referencia externa, colectiva, del producto de una clase que, por tener tus mismas necesidades, aspiraciones, problemas, barreras, condicionantes, angustias, puede elaborar un sistema, unas pautas, que sirvan de proyecto para todos. Eso es el adocenamiento, la pobreza espiritual, la limitación de ideas.

Por esa vía, en pos de un ser humano absolutamente autogestionado culturalmente, podemos renunciar a las facultades, a las bibliotecas, a las sociedades y comenzar de 0 cada uno de nosotros la investigación de cada fenómeno social, moral, político, económico, etc. todo por el bien de la sacrosanta individualidad.

Y sin embargo, la tierra se mueve y ellos siguen con sus doctrinas e ideologías.