ROMAIN ROLLAND
La masificación de la cultura, o de su sucedáneo, va llevando a su paulatino empobrecimiento. Hoy se puede hablar con universitarios que desconocen aspectos fundamentales de la historia, de la literatura, del arte o del librepensamiento. El desarrollo tecnológico ha colaborado en esto. Da la sensación de que las energías de una sociedad (en este caso global) no pueden abarcarlo todo, y de que el desarrollo en uno de sus aspectos significa la merma en otro u otros distintos.
Hay múltiples pensadores que han quedado totalmente arrumbados en el olvido. Y cuanto mayor es su calidad, más frecuente es el fenómeno. Es como si de un plumazo se quisiera borrar la ejemplaridad y además existiera un especial interés en potenciar figuras de menor talla moral. Quizás sean los designios del poder. Mayor será este cuanto menor sea la entidad del individuo que ha de gobernar. Y aceptarlo como algo normal parece implícito en el concepto de "modernidad"; la modernidad de hoy no es audaz ni iconoclásta. Al revés, propende a rendir pleitesía a los falsos ídolos, creados a base de "márketing" (¿mercadotécnia?) y silicona. Un ejemplo fácil es el fervor por las marcas. No importa de qué material sea la camiseta si lleva una etiqueta famosa.
Romain Rolland, junto a muchos otros autores, es una de las víctima de esta "depuración" cultural.
Quizás en una época en la que la industria armamentística es un elemento esencial de negocio, de poder y de desarrollo, hombres como él sean molestos y hasta nocivos.
De entrada, Romain Rolland tenía una máxima que hoy día no es frecuentemente bien aceptada: "No acepto", decía. Esta actitud le permitió oponerse a todo aquello que considero desmedido o injusto. A pesar de que nos creemos más libres que nunca, la intolerancia es una característica que define bastante bien a la sociedad occidental, en cuanto que parte del principio de que es modélica, perfecta, digna de imitación sin más reformas. Mala base para desarrollar un espíritu creativo y dialéctico. Quizás deberíamos aceptar muchas menos cosas de las que aceptamos, en una extraña mezcla de soberbia y docilidad.
En 1915 recibió el premio Nobel, posiblemente como compensación a prever con tanta claridad lo que habría de ocurrir, y también como desagravio a lo injusto del trato que se le dio en Francia.
Mientras el común de los franceses cantaba la Marsellesa en los tranvías porque había estallado la Primera Guerra Mundial, el se oponía públicamente a semejante locura. Una de sus más importantes obras pacifistas es precisamente "Por encima del conflicto".
Esta oposición a una guerra que costó ocho millones de muertos y seis de inválidos, le valió el desprecio y el ostracismo por parte de muchos de sus conciudadanos, entre ellos la mayoría de los intelectuales, más aplicados en este caso en aceptar que en pensar. En esa época no pudo publicar ni un simple artículo en un periódico de provincias.
Su idea era la de que dos naciones como las de Francia y Alemania existían para entenderse y laborar conjuntamente en aras de la cultura y no para destruirse mutuamente y erigir un descomunal monumento a la barbarie humana.
Cuando se le preguntaba qué pasaría si Francia no se defendía de Alemania, él contestaba con un consejo que seguramente sirve para la actualidad, que los militares debían hacer su trabajo y los intelectuales el suyo.
Y el trabajo del pensamiento no puede ser destructivo.
Entre sus grandes obras destacan biografías como las de Gandhi, Beethoven, Tolstoi, Haendel, Goethe, Charles Peguy. Posiblemente buscaba propagar esa ejemplaridad que hoy tanto se echa de menos. Aunque siempre tendremos a Rambo.



domovilu dijo
Lo que llamamos "cultura" me parece que ya no existe. Alcanza ver el nivel del lenguaje hablado y escrito de los egresados de las escuelas secundarias... Cómo escriben! En qué lenguaje tan rudimentario, y con cuántos errores ortográficos! Mira las cosas que se publican en esta página:
http://www.librodearena.com/domovilu
Ése es un portal de blogs literarios. Se supone que allí hacen su aporte los aspirantes a novelistas, escritores, etc. Y sin embargo, salvo contadas y muy honrosas excepciones, el nivel general de las publicaciones suele ser paupérrimo y deprimente! Y tú quieres que los jóvenes sepan quién fue Roman Rolland? (yo tengo algunas biografías de esas en casa, y además tengo muchos clásicos del S. XIX, que son mis favoritos. Pero, ¿quién lee esas cosas hoy en día?)
:-(
28 Agosto 2008 | 09:40 AM