EL CASCO DE ALEJANDRO MAGNO
Cuando Alejandro Magno rechaza, en pleno desierto, el casco lleno de agua que le ofrecen sus soldados, no está sino legitimando, mediante el ejemplo, su preeminente posición de dirigente.
Semejante papel se está interpretando muy mal en nuestra sociedad. Se evidencia que un alto porcentaje de cargos públicos entiende el ejercicio de la política como un medio por el cual mejorar su posición personal, y no la del país al cual representan.
El ejercicio de la autoridad debe conllevar un porcentaje de sacrificio, normal en una sociedad en la que, por mucho que se adornen los datos, hay escasez (según Cáritas, ocho millones de pobres reales).
Nos alarmamos por los altos índices de abstención en algunas de nuestras elecciones, pero ¿qué pensarán esos ocho millones de pobres que están por debajo de los 300 euros mensuales cuando asisten a actitudes de políticos que no pueden ser calificadas sino de egoístas e injustificadamente arrogantes?
En una situación de decoro normal, lo esperable es que sean los otros quienes levanten acta de nuestras cualidades y de su justa retribución. Sin embargo, es normal asistir al espectáculo de políticos que, sin mayor mérito, comienzan por luchar descaradamente para, primero, ser nominados en perjuicio de otros quizás mejores, tras enumerar las cualidades que sobre sí mismos sólo detectan ellos, para, finalmente, establecer las recompensas que ellos, y no los ciudadanos, creen merecidas.
Los estados mayores de todos los partidos deberían reflexionar sobre estas cosas. Nuestra democracia necesita urgentemente un curso acelerado de ética, de saber estar, de ejemplaridad, además de mecanismos de selección más idóneos para que nos representen los mejores.
La apariencia muchas veces es fiel reflejo de la esencia. Y la apariencia psicológica de algunos de esos políticos es, en ocasiones, lamentable: distantes, sin cualificación especial alguna, sin ganas del esfuerzo necesario por adquirirla, desproporcionadamente arrogantes, incapaces de disimular su euforia de nuevos ricos, y evidenciando en todo momento la carecencia de un proyecto cabal al cual servir.
Es necesario, por el bien de todos, por el bien del país, que la política se considere como una labor de servicio público a cargo de los elementos más cualificados. Es falso ese criterio que se ha impuesto por la vía del hecho de que cualquiera puede ser político. Un político verdadero necesita de altos conocimientos, de altas cualidades humanas, de alto espíriu de servicio y de una convicción, de una idea, de un proyecto que justifique su ambición por representarnos.
Un político cuyo chato horizonte es mejorar su personal nivel de vida en el fondo es un pobre hombre, un mediocre.
Es vital que esta idea tome cuerpo en nuestra política. No basta con ser "listo", ni tener kilómetros de arroyo, ni tener un denso currículum vitae de marrullerias que sólo han servido para descabalgar a otros con mejores títulos.
Pero también es necesario que el ciudadano abra los ojos, salga de su desidia, de su conformismo, y no tolere tales desviaciones.
Entregar las riendas de una nación, en cualquiera de sus escalones, es una grave responsabilidad que no se puede hacer a ciegas, como si se tratara de cualquier cosa. Como decía Dante, los que posean mayor ciencia y mayor virtud son los que deben dirigirnos.
El ciudadano debe ser más exigente pues el nivel de sus representantes hablará de su propio nivel.
Hemos de pensar en la política con autoestima, y no como la chapuza de cualquiera para cualquiera. El ciudadano debe pasar de ser sujeto pasivo negligente a sujeto activo exigente. Debe ejercitar la memoria histórica sabiendo quién cumple y quien no, y quién le merece y quién no.
Viendo lo que se está viendo, en esta época aquel Alejandro Magno se hubiera bebido el agua y hubiera pedido más. Pero seguramente no habría pasado a la historia como grande.



domovilu dijo
A los políticos les gusta pensar que los elevados índices de abstención se originan en la indiferencia popular. Se equivocan, claro, y por eso no consiguen remediarlo. (¿Y acaso desean remediarlo?)
Yo creo que el elevado índice de abstención es muestra contundente de que el pueblo ya está tan decepcionado de todos los políticos, que ninguno le parece lo suficientemente bueno como para molestarse en ir a votarlo. El índice de abstención es pues, en realidad, un índice de frustración.
A ver si de casaualidad hay por aquí algún político que nos lea y que, por fin, se de por enterado!
:-(
28 Agosto 2008 | 09:48 AM