BOLIVIA, VENEZUELA... CRÍTICAS
Ambos países han acabado con una mentira política y mediática: que están en el índice unipolar del imperio no por no ser democráticos, no por ser dictaduras.
Ambos países han ganado y perdido elecciones y referéndums, y lo han aceptado. Y sin embargo, no se deja de hostigarles, de insultarles, de despreciarles.
No nos gusta su política, pero ¿aceptaríamos que ellos analizaran la nuestra?
Cuando algún político, escritor, pensador de otra nación hace el menor comentario sobre EE.UU.. estos no tardan en llamarles la atención. Incluso les prohíben entrar en su país. Creo que esa es la situación de Gabriel García Márquez, premio Nobel de literatura. ¿Problemas de terrorismo, subversión, orden público? No, de emisión de opiniones discordantes.
Sin embargo, cuando la representante de EEUU visita, por ejemplo, Rusia, no se contiene lo más mínimo y llama la atención a ese país por no respetar, según ella, los derechos humanos.
Respecto a los derechos humanos, ya va siendo hora de que se deje de utilizarlos como arma política, de contenido maleable y se les atienda en sus dos vertientes, la política y social. Que de esta no se habla, cuando mueren al día más de 50 mil personas por culpa de la miseria y de la injusticia.
¿Qué ocurriría si el embajador de Cuba bajara del avión y dijera: "EE.UU. debe tener más médicos por habitante que nosotros, que no los tiene y nos parece muy grave"? Lo consideraríamos un absurdo, no porque sea mentira, sino porque los encargados de vigilar la política norteamericana son los propios ciudadanos norteamericanos, e igual han decidido que es mejor tener más casinos por habitante, que médicos.
Pero no, hay países, que hagan lo que hagan, si no pasan por el machito de la unipolaridad, tienen que dar cuentas a la prensa libre e independiente, a la embajada americana, a los saramago de turno y a todo aquel que no esté de acuerdo.
¿La causa? no es difícil adivinarla.
No interesa que esos países bajen su índice de pobreza, que aumenten su pib y sus plantillas de médicos y maestros. Eso, en realidad, no importa. Ahora se ha descubierto que los militares de Perú masacraron en el pasado a más de 120 campesinos (en El Público, ayer o anteayer), pero eso no provocará adjetivos peyorativos sobre qué tipo de regímenes había; y mañana se habrá olvidado completamente. Como dijo un secretario de estado de EE.UU: "¿Y a quién importa que en Burkina Faso pasen hambre?" Después de todo, hay que agradecerle su sinceridad.
Pero, decir todo esto es ingenuo. No preocupa que esos países traten bien o mal a sus ciudadanos. Lo que importa es, o bien que puedan tener tantos misiles como ellos mismos (EE.UU.) o que rebajen los beneficios a las multinacionales; por ejemplo, los del petroleo. El gran delito de Venezuela y Bolivia ha sido, en definitiva, negarse a una relación de beneficios del 85% - 15% a favor de las multinacionales.
Sin embargo, no resulta sorprendente que las multinacionales, o los gobiernos que las sustentan, actúen así, es su interés. Lo que sí sorprende es que personas humildes socialmente, sin ningún especial interés en el asunto, se apasionen como lo hacen por defender los intereses de las multinacionales que después les sangraran los bolsillos.
Si ahora nadie dice nada sobre la hambruna de Etiopía, y sí dice sobre Venezuela, donde comen a diario, se demuestra que el problema no es de justicia, sino de inquina por algún asunto interesado.
Si ayer se criticaba a Rusia por bolchevique, y ahora que es capitalista, se sigue criticándola, está claro que el problema no está en su sistema social.
Con estos criterios, ¿podrá haber paz en el mundo en algún momento ?
