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contrapunto

la otra cara de las cosas

4 Septiembre 2008

MEMORIA HISTÓRICA, AÑO 2078

Hay muchas personas de derechas que están en contra de todo lo que conlleva el asunto de la "memoria histórica". Con cierta habilidad argumentan que es materia para historiadores. Saben que hacerlo así es echarlo a la cuneta de un camino muy poco transitado.

¿Y por qué les molesta tanto?

Arguyen que fomenta la enemistad entre los españoles. Es todo caso el fomento de esa enemistad vendría de la propia derecha, no dispuesta a que se hable de lo que ellos provocaron; una inconsecuencia. La izquierda ya ha demostrado que no le da ni le dará al asunto un tratamiento conflictivo. Al revés, desagraviados, su tensión bajará.

Pero no es esa la razón de su irritación; la verdadera razón es que puede repercutir en sus votos presentes y futuros. Todos sabemos que los partidos mayoritarios se disputan el centro. Y hay gente de centro analítica que puede deducir lo siguiente: si el franquismo hizo esto, y Fraga era un ministro de Franco, y el PP fue fundado por Fraga, y ese mismo PP se opuso en el parlamento europeo a la condena del franquismo ¿a quién estoy votando?

No, la memoria histórica no es un asunto que competa especial y privativamente a los profesionales de la historia. Su interés es múltiple, especialmente parlamentario, y teniendo su reflejo en el recuerdo de la gente honrada ya ha cumplido gran parte de su misión. Se truncó la vida de muchos españoles que casi sin opciones políticas definidas optaron simplemente por lo legal. ¿Sería justo que mañana nos ejecutaran o condenaran por apoyar esta legalidad? Autoridades, prensa, poder judicial, empresarios, relaciones internacionales, avalan esta legalidad; no hay nada que haga sospechar que se está optando por una ilegalidad por la cual mañana podamos tener que responder.

Y, poniéndonos en la peor de las suposiciones ¿qué sentiríamos si tras un golpe ilegal y restituida la democracia, pasados 70 años (2078, por ejemplo) quedaran dudas sobre la legalidad de nuestra opción? ¿Aceptaríamos que cupiera duda alguna sobre nuestra culpabilidad o inocencia? ¿Lo aceptarían nuestros herederos? ¿Nos bastaría que una comisión de historiadores, que dado el patio, no obtendría conclusiones ciertas al cien por cien, certificara que esos españoles, juzgados por rebelión, no eran realmente rebeldes? ¿No pediríamos una restitución que sobrepasara lo meramente histórico?

Pues so es lo que pasó con muchos españoles. Por ejemplo, entre las jóvenes que integraban el grupo de las llamadas "13 rosas" había varias que no sabían bien qué era todo aquello; si no recuerdo mal, una era hasta católica conservadora, y se afilió para poder pertenecer a una asociación deportiva, y puede que otra, hasta porque le gustara algún chico de las Jsu.

Sin embargo, hay más. El asunto que se está solventando sólo es un trozo de la historia. De lo que se está diciendo y haciendo se deduce que la II República se limita a dos periodos no totalmente definitorios de aquella democracia: el de la guerra y el de la posguerra. El de la posguerra corresponde a la antirrepública y el de la guerra es parcial y tan singular y trágico que no la define ni permite deducir un análisis fidedigno de republicanos y alzados.

Hay otro trozo, el más importante como conjunto de experiencias políticas, como escalón de nuestra historia, como vínculo entre una España inmovilista y otra transformadora, que es todavía un incomprensible dilema en la reflexión de los españoles. Este dilema aún no ha sido tratado como merece y sí que es verdadera materia de los historiadores para ser luego trasladada a los publicistas: se trata de la II República en si, esos cinco breves años, de los cuales dos fueron involutivos. Algunos dirán: no hay duda de nada, no hay duda de aquel desastre; pero esa respuesta es tan tópico como el resto de lo que se afirmaba en pleno franquismo. Esa no es una respuesta de derechas, es una respuesta de extrema derecha. Por ejemplo: los jornales, que eran de 4 pesetas, subieron gracias a los progresistas a 12, pero inmediatmente, con Lerroux, en el bienio negro, bajaron otra vez a 4. ¿Qué dríamos ahora si un salario de 27 euros diarios bajara de repente a 9 euros? ¿Y qué diríamos si los que se hubieran permitido bajarnos el salario en dos tercios encima nos insultara? ¿Qué diríamos si unos ciudadanos que no permitieran ahora votar al cincuenta por ciento de la población por cualquier causa, reprocharan a los que restituidores del cien por cien del voto, que son unos antidemocráticos? Pues cosas de este tipo, que se han hecho y se hacen, hay que aclararlas para sanear, vigorizar nuestra democracia, que parece comienza a enfermar.

Hay un cierto menosprecio hacia esa Repúbica, la mayoría de las veces por desconocimiento (no cabe duda de que también por cinismo); ese menosprecio se hace sin comprenderse que fue una eclosión no ya de cambio social, laboral y político, sino también de modernidad. Había cambiado de repente la mentalidad de los españoles, y en este caso si que cabe añadir, sin demagogia, y de las españolas. Se hurta el debate entre la Kent y la Campoamor y donde se manifiesta la preoucpación por el poder curil sobre la mujer; se hurtan las leyes sociales y laborales del ministerio del trabajo del pirmer bienio; se hurta el problema de la reforma graria, siendo el agro y la cuestión social asuntos debatidos durante siglos; se hurta el mecanismo modernísimo de incorporación automática al derecho español de toda la legistación que surgiera de la OIT; se hurta el mundo de la universidad, considerada en aquellos momentos como una de las mejores del mundo; el empujón contra el analfabetismo; la poderosa eclosión intelectual; qué representaba aquella España en una Europa cuya mitad era fascista (no sólo Alemania o Italia). En definitiva, a estas alturas, después de más de 70 años, se sigue hablando de la República en clave política, no histórica. Y esa losa debe ser levantada sobre la mentalidad española, en este aspecto algo perezosa y claudicante.

Por eso, hay que decir que "memoria histórica" y República son dos temas que tienen tratamiento distinto, pero ambos, obligado tratamiento, aunque sea por distintos mecanismos o cauces.

Y no se olvide que estamos en un periodo en el que lamentablemente se han desandado muchos caminos, como por ejemplo, el que parecía definitivamente cerrado gracias a Darwin.

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jac-inti

jac-inti dijo

Salud (y a por la III).

26 Septiembre 2008 | 10:01 AM

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CATECISMO IGLESIA CATÓLICA 2416 Los animales son criaturas de Dios, que los rodea de su solicitud providencial (cf Mt 6, 16). Por su simple existencia, lo bendicen y le dan gloria (cf Dn 3, 57-58). También los hombres les deben aprecio. Recuérdese con qué delicadeza trataban a los animales san Francisco de Asís o san Felipe Neri. 2418 Es contrario a la dignidad humana hacer sufrir inútilmente a los animales y sacrificar sin necesidad sus vidas. Es también indigno invertir en ellos sumas que deberían remediar más bien la miseria de los hombres. Se puede amar a los animales; pero no se puede desviar hacia ellos el afecto debido únicamente a los seres humanos.

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