El problema de la sexualidad es muy extraño. Lo que todo el mundo hace, no se puede comentar públicamente. Hasta los más liberales tienen ciertos problemas para hablar de los distintos orígenes del mundo. Junto a la permanente lucha política y económica de los humanos, la del sexo se ha desarrollado con notable empecinamiento. El sexo, nuestro origen, es algo de lo que no se puede hablar con desenvoltura. Provenimos, por lo visto, de una vergüenza. No hay duda de que muchas funciones naturales son desagradables. Pero es que el sexo, la sexualidad, se enaltece y oculta a la vez, contradictóriamente. Quizás en esta ocultación esta su poder. El borde de una minifalda apenas ocultando lo "inconfesable" (?) es más erótico que un desnudo completo. Es más, hay prendas ceñidas que muestran más a la mente que la propia anatomía desnuda. Aquí juegan siglos de sexualidad reprimida. Era tanto el deseo, que ha quedado la reminiscencia de lo insatisfecho, no la de lo satisfecho. No, nuestro sexo no es normal. Hay una gran diferencia a como lo tratan otras regiones del mundo. Las más liberales, las asiáticas, y dentro de ellas, las japonesas. Las latinoamericanas muy liberales, pero al contrario de las chinas, con pretensiones patrimonializadoras del amor. Una noche es una eternidad. En las eslavas es evidente que no ha habido una educación represora. Lo ven como normalísmo, y el desnudo es algo natural. Sus balnearios de nudismo son muy variopintos. Las africanas muy sensuales, llevan el erotismo en la sangre, y con esos cuerpos elásticos de goma... pero con vocación de eternidad también, aunque se crea otra cosa; son muy familiars. Las occidentales bastante reprimidas, de las más reprimidas. Aparentan poses seguras y desinhibidas, pero siempre necesitan una escusa. No es el sexo por el sexo: es un medio, un instrumento para algo más, para expresar amor y fidelidad, para procrear, para matrimoniarse, incluso para demostrar y demostrarse que se es moderna, liberal, desinhibida, pero, está inhibida. Los pueblos indígenas que van desnudos tienen otra mentalidad. En un pliegue no hay un misterio a develar. La carne es la carne, ya vista, y el deseo es más amplio, más vital, y no necesita sublimarse con tortuosidades. Tortuosidades que nosotros sí necesitamos. Imaginemos que apenas pudiéramos ver la comida que nos alimenta. Seguramente el goce estaría no en llevarnosla a la boca, sino a la vista. Algo así ha hecho el judeo-cristianismo con nuestro sexo. Los romanos decían que el placer consiste en la contención de los placeres, y así es, pero hasta cierto punto. Además, la contención debe referirse a la eyaculación, al orgasmo, no a la caricia.Tendremos que aprender sexo tántrico. En fin, que provenimos de una cultura en la que había que ocultar el origen del mundo y las patas de las sillas, que recordaban a los impúdicos tobillos ¿de las mujeres sólo?