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La Coctelera

contrapunto

la otra cara de las cosas

16 Septiembre 2008

No es una crisis más

EN "PÚBLICO"

Ignacio Escolar
El banco Lehman Brothers, de los Lehman de toda la vida, sobrevivió a la Guerra Civil estadounidense, a la Primera Guerra Mundial, a la crisis del 29, a la Segunda Guerra Mundial, a la crisis del petróleo, al crash del 87 y a la debacle de las punto com. Hace poco más de un año, cuando afloró la crisis de las subprime, nadie habría apostado por que ese temblor acabaría tumbando una de las catedrales más sólidas de Wall Street. El agujero es inmenso y, lo que es peor, aún no se ve el fondo. La gran duda: ¿Estamos ante una crisis más dentro de los habituales ciclos capitalistas o es la madre de todas las crisis globalizadas?

Hay un factor que no es el de siempre. No es la primera vez en los últimos años que las recetas ultraliberales acaban en corralito. Además del desastre argentino, están los precedentes del efecto Tequila en México o la crisis del sudeste asiático. Pero estos terremotos, hasta ahora, tenían su epicentro en países en vías de desarrollo, aunque su influencia fuese global. Se suponía que la causa era el deficiente control de las instituciones reguladoras locales, que no habían vigilado lo suficiente como para evitar que la voracidad especulativa, en su búsqueda de la máxima rentabilidad, no asumiese riesgos extremos; el viejo defecto capitalista que ya hundió el mundo en 1929.

La terrible novedad de esta crisis es que tiene su origen en Estados Unidos: la tierra del liberalismo pluscuamperfecto, el país donde supuestamente mejor funciona el mercado. A toro pasado, resulta obvio decir que no parece buena idea que algunos árbitros –las agencias de calificación– sean empresas privadas y que la economía globalizada requiere reguladores globales.

Cuando se cae un puente en el tercer mundo, se puede culpar al ingeniero. Cuando se cae un puente en la primera potencia del planeta, es imprescindible revisar la ingeniería.

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CATECISMO IGLESIA CATÓLICA 2416 Los animales son criaturas de Dios, que los rodea de su solicitud providencial (cf Mt 6, 16). Por su simple existencia, lo bendicen y le dan gloria (cf Dn 3, 57-58). También los hombres les deben aprecio. Recuérdese con qué delicadeza trataban a los animales san Francisco de Asís o san Felipe Neri. 2418 Es contrario a la dignidad humana hacer sufrir inútilmente a los animales y sacrificar sin necesidad sus vidas. Es también indigno invertir en ellos sumas que deberían remediar más bien la miseria de los hombres. Se puede amar a los animales; pero no se puede desviar hacia ellos el afecto debido únicamente a los seres humanos.

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