No es una crisis más
EN "PÚBLICO"
Hay un factor que no es el de siempre. No es la primera vez en los últimos años que las recetas ultraliberales acaban en corralito. Además del desastre argentino, están los precedentes del efecto Tequila en México o la crisis del sudeste asiático. Pero estos terremotos, hasta ahora, tenían su epicentro en países en vías de desarrollo, aunque su influencia fuese global. Se suponía que la causa era el deficiente control de las instituciones reguladoras locales, que no habían vigilado lo suficiente como para evitar que la voracidad especulativa, en su búsqueda de la máxima rentabilidad, no asumiese riesgos extremos; el viejo defecto capitalista que ya hundió el mundo en 1929.
La terrible novedad de esta crisis es que tiene su origen en Estados Unidos: la tierra del liberalismo pluscuamperfecto, el país donde supuestamente mejor funciona el mercado. A toro pasado, resulta obvio decir que no parece buena idea que algunos árbitros –las agencias de calificación– sean empresas privadas y que la economía globalizada requiere reguladores globales.
Cuando se cae un puente en el tercer mundo, se puede culpar al ingeniero. Cuando se cae un puente en la primera potencia del planeta, es imprescindible revisar la ingeniería.
