FEMINISMO Y CONSERVADURISMO ¿CONCILIABLES?
Los intereses creados siempre han tratado de mostrarnos a EE.UU. como un país modernísimo, por tanto, digno de imitación. Ello gracias a la mistificación de la realidad y de los conceptos.
Cuando se profundiza un poco se comprueba, por el contrario, la fuerza que tienen en ese país las convicciones conservadoras. Sin embargo, esas convicciones están planteadas de tal forma que no figuran como tales, sino, muchas veces, como el culmen del progresismo más innovador. No en vano son maestros en mercadotécnia, capaces de lograr que compres lo más inutil que haya en el mercado.
En un paso más allá, se salta al pensamiento único, es decir, no es que este modelo sea imitable, no es que sea el mejor, sino que además, es el único posible.
La intencionalidad de tales malabarismos es meramente instrumental y sólo hace referencia a la cúpula del edificio y en cuestiones que son menores para los intereses vitales del poder. Porque, de lo que se trata, en definitiva, es de preservar la permanencia de los cimientos, de los fundamentos del sistema. No es mala táctica cubrir los húmedos y umbrosos sótanos con una vistosa cúpula que estéticamente no se corresponda en absoluto con el resto del edificio.
La sra. Palin, candidata a la vicepresidencia de los EE.UUU puede ser un buen ejemplo. Escogerla como tal no tiene otra finalidad que la búsqueda del voto de la mujer, no introducir medidas feministas. Por eso, que error tan grande estar a las personas, y no a sus programas.
¿Cuál es la realidad del asunto? Pues que se mezclan dos concepciones contradictorias en una sola figura. La sra. Palin es muy conservadora, pero arrastrará voto forjado en el feminismo, que en si debería ser progresista, dado el decurso de su historia.
Y así lo demuestran declaraciones del sector menos concienciado de ese feminismo; muchas electoras norteamericanas creen que lo importante es que haya una mujer en cuanto que esta representará automáticamente al resto de las mujeres. Tal afirmación sería tanto como sostener que el candidato a presidente representará el voto de los hombres, sin exclusiones, como un conjunto homogeneo, no diversificable y sin intereses contrapuestos.
Sin embargo, la realidad es que la candidata representará, ni más ni menos, los intereses del sector conservador, igual que un integrante del género femenino en un consejo de administración representará a la parte empresarial, no a la de los trabajadores (y trabajadoras). Pero todos estas poses y juegos dialécticos quedan muy bien y confunden sobremanera al personal.
Que útil sería que fueramos a la raíz de las cosas para saber qué son y nos dejáramos de lirismos y literaturismos.
Históricamente, el movimiento conservador ha sido eso, una fuerza cuya finalidad fundamental era conservar el statu quo de la sociedad, es decir, evitar su alteración. Y una de sus características era y es el de la discriminación de la mujer. De haber prevalecido continuadamente los presupuestos conservadores, la sra. Palin hoy no sería candidada a nada, ni activa ni pasivamente.
En España, por ejemplo, las fuerzas conservadoras, tradicionalistas, se oponían al voto femenino, y tuvieron que ser las fuerzas progresistas las que lo instituyeran. Sólo la ignorancia de esto, o la desmemoria, puede permitir que se conclilien dos posturas tan antagónicas, o lo que es lo mismo, que el feminismo se convierta en cosa de asociaciones conservadoras.
¿Cómo se pueden asumir las bases radicales (de raíz) del pensamiento contrapuesto si no se renuncia a las bases del propio?
La sra. Palin es mujer, pero esto implica bastante menos que es conservadora. Su ideario sobre el aborto, sobre las armas (armas sí) sobre la caza, sobre lo militar, sobre la igualdad, sobre el sistema económico, sobre las clases sociales, sobre la empresa, sobre los derechos laborales, sobre la libertad sexual (no libertad, salvo para su hija) son netamente conservadoras
Lo que sí puede alterar es la credibilidad del movimiento feminista.
Una de las previsiones del feminismo era que en cuanto las mujeres accedieran a la política, el nivel de violencia en general bajaría. Sin embargo, un alto porcentaje de las actuales mujeres políticas son más duras incluso que los hombres.
Quizás es el machismo lo que las fuerza a ello, pero, de cualquier forma, demuestra que no existe la fórmula que permita equiparar y concliar principios contradictorios. Un progresista no puede ser conservador y viceversa. Ni siquiera parcialmente, en cuanto que se trata de un todo coherente, si hablamos seriamente de las cosas.
Si la sra. Palin, o cualquier otra, desea ser feminista no le queda más remedio que ser progresista, porque no tiene sentido asumir un programa de amplias reformas e inmediatamente después afirmar todo lo contrario: que todo se ha de conservar tal como ya está. Eso si las cosas significan lo que dicen ser.
