QUE HABLEN DE MÍ AUNQUE SEA MAL...
Desde hace tiempo se ha impuesto este tipo de mentalidad. Creo que tiene sus orígenes en EE.UU. Forma parte de ese pequeño universo de estrellas enanas que han de rutilar como sea. Incluso aquí se hicieron programas cuya finalidad era ayudar a esas aspiraciones (no forzosamente talentosas) a llegar a ser alguien. Esa es otra. Si no eres famoso se sobreentiende que, efectívamente, no eres nadie. Parece ser que uno de los programas que más audiencia tuvo en tal sentido, en nuestro país, fue "Reina por un día". Su título lo dice todo. Lo más por el menor tiempo posible. Ni Amadeo de Saboya, o nuestro Luis I.
Pues bien, esto que en sus orígenes tenía un tinte suave, en nuestros tiempos se ha desquiciado. Basta con subirse a una terrara con un rifle y comenzar a disparar a discreción y las audiencias se dispararán también; se habrá penetrado en el reino de los famosos. Cuantas más víctimas, mejor. Incluso ahora se cuelga en internet. Hablarán de ti, mal, pero hablarán. Porque ¿hay algo más molesto para un no-filósofo que el silencio? ¿Hay algo más enojoso que enfrentarse a uno mismo, en soledad y sin ruidos? Dicen los indios que lo peor no es el sufrimiento, sino el sufrimiento sin testigos. Por las películas norteamericanas sabemos que los psicópatas encerrados en presidio reciben abundante correspondencia de admiradores, principalmente asmiradoras, dispuestas incluso a casarse con ellos. Aquí también pasa ya.
Se puede recurrir a cualquier método con tal de ser una estrella de la cual se hable al día siguiente. ¿Qué hay que insultar? pues se insulta. ¿Que hay que enseñar el culo (con perdón)? pues se enseña. Y hablarán, además, del más feo, peludo, grotesco, antiestético. Y no nos estamos refiriendo al erotismo artístico, que es otra cosa muy distinta. ¿Que hemos de añadir una flatulencia para destacar entre otros candidatos igual de grotescos? pues se hace. Ya no hay peligro de ridículo, ni de eso que llaman reproche social.
Todo esto demuestra, en el fondo, una degradación no ya moral, sino intelectual. Hay bichos malos con mucho talento. Estos casos son, por el contrario, producto de la zafiedad con pretensiones de notoriedad.
Para delimitar la cosa, se podrían establecer unas características recurrentes que definieran el fenómeno (y tan fenómeno). Probablemente, este deseo de publicidad tiene unas raíces que lo definan mejor que su propia plástica:
Por un lado, debe de ser producto de una gran frustración. No se entiende que una persona acepte degradarse para reivindicarse. ¿Tan grave, doloroso, es el anonimato? Lo que está claro es que este tipo de personas nunca podrían ser un Sorge. En todo momento estarían adoptando voluntariamente posturas que delataran su verdadero oficio.
Si recurren a cualquier medio, es que no disponen de otros. Es decir, debe haber bastante de incapacidad cuando no se echa mano de un talento natural propio. Hablando metafóricamente, nadie que pueda componer la "5ª sinfonía" intentará llamar la atención mediante el ruido de su Vespino.
También se evidencia la ausencia de unos principios básicos, tanto en el actor como en la sociedad que le da audiencia. Que paradójico resulta que científicos valiosísimos sean desconocidos y todos sepamos quienes son los integrantes de "Gran hermano", por poner un ejemplo... Es que eso divierte y no calienta la cabeza. Efectívamente, nuestro humor también se ha degradado. Hemos pasado del ingenio a la gansada. Películas como "Porkys", por ejemplo, parece que marcan la pauta.
Hay mucho de oportunismo, el mal del siglo. Hay un caso en el cual el propio protagonista cuenta como convirtió un defecto físico, por el cual le hacían sufrir en el recreo, en una causa de hilaridad propiciada por él. Paso de víctima a estrella. Y al final daba gracias a su defecto físico.
No hace falta hablar del histrionismo, se define por sí mismo, incluida su vertiente patológica.
Por supuesto, hay que ser ególatra. El equilibrio entre los valores internos y los externos se rompe, preponderando algo que en este caso está desbocado: el yo.
Por supuesto, hay ausencia de gusto estético y de respeto a uno mismo. Antes, los artistas rompían las obras en las que creían no se había plasmado su talento. Era otro tipo de amor propio. Se amaban a sí mismos, sí, pero selectívamente, con gusto y grandeza, con esfuerzo, no gratuitamente; desechaban lo que de sí mismos no valía. Ahora se vende todo, "hasta la caena de oro"...
Sentimiento de exclusión. Hubo un tiempo en el que los demagogos aconsejaban incluir el "tú" en cada discurso. Decían que eso incorporaba el auditorio al mensaje buscado (es decir, el auditorio como objeto, no como sujeto). Pero los artificios engañan por un tiempo, no siempre. Hoy no basta con que se dirijan a nosotros, sino que queremos ocupar el puesto del mensajero, aunque no tengamos mensaje. Lo importante es estar ahí arriba.
Externamente a la rutilante estrella, también hay mucha manipulación. No se quieren valores. Pueden salir respondones. Es mejor disponer de muchos bufones que entretengan al público para que no repare en los verdaderos problemas. Además, así se crea ilusión y esperanza. Sueña, que mientras sueñas estás dormido. Peor sería un sistema que cuestionara a los malos jefes ¿no? Cuantos caerían.
Incluso, y para terminar, establecer un mal menor general oficializa el "mal". Lo oculta, lo diluye. ¿No son estos señores que quieren que hablen de ellos a cualquier precio los aliados más fieles de los causantes de nuestros problemas verdaderos?





jac-inti dijo
Querido amigo, para ellos, también, se apagará la enana amarilla.
29 Septiembre 2008 | 09:22