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La Coctelera

contrapunto

la otra cara de las cosas

6 Octubre 2008

MANIFIESTO ANIMAL

Posiblemente el título induzca a error, a pensar en el manifiesto de un ser humano defendiendo su derecho a la bestialidad, su derecho a expresar y asumir la realidad, su derecho, en definitiva, a la sinceridad. Mucho menos nos referimos al animal ese de Aristóteles, al animal político, o al político animal, que ahora parece pueda haber confusión. Pero no, el hombre lo es todo, menos sincero. Inventó la palabra para ocultar su pensamiento. Nunca reconocerá sus aberraciones. Este es un manifiesto a favor de los animales “no racionales”, según concluyente y excluyente clasificación de los otros animales, los supuestamente “racionales”. Una prueba de que lo dicho tiene sentido es que toda persona que desee defender a los animales debe justificarse previamente. En este espejismo de humanismo (la palabra no es integradora, sino excluyente, ojo), si defiendes a las otras especies obtienes una mirada entre indulgente y extrañada. “Pero ¿qué dice este, de qué habla?” Es una situación muy incómoda porque tu discurso tiene que bordear innumerables inconvenientes; lo primero que has de demostrar es que no estas enajenado; lo segundo, que no eres un sensiblero; lo tercero que no eres “mariquita” (sí, así dicho y con perdón); lo cuarto que eres consecuente hasta el límite (“¿y esos zapatos de cuero que llevas?” “Pero, tú comes carne” (afirmativamente…). Una demostración de la veracidad de estas afirmaciones se demuestra con un par de párrafos de humanos insignes:

Romain Rolland dice “Si alguien plantea esta cuestión, es tratado como ridículo. Y ese es el crimen imperdonable. Que sólo es válida la justificación de que la gente puede sufrir. Esto clama venganza contra la raza humana”.

A su vez, Emile Zola afirma: “La suerte que corren los animales tiene mayor importancia para mí que el miedo a parecer ridículo”.

Los hombres que así hablan son excepción. Desgraciadamente no podemos tomarlos como muestra. Triunfaron y fueron casi respetados. Se les asumió, aunque no todas sus ideas, sobre todo las más razonables y combativas. Así son las cosas. Baste pensar que la necesidad de demostrar lo evidente es prueba de que la pomposa autocalificación de racional es excesiva. Sin embargo, hacer un manifiesto a favor de los animales es una de las mejores formas de meditar sobre nuestra irracionalidad, y sobre muchas cosas más. Porque nosotros, los animales racionales, parecemos totalmente incapacitados para hacer de forma imparcial una valoración moral de nuestras acciones. No hay evidencia razonable que no rechacemos, si esta afecta a la comodidad de nuestros intereses... Además, la soberbia nos puede. Nos basta con considerarnos maravillosos. No necesitamos que nuestros actos sean consecuentes con nuestras palabras, ni de que nuestras palabras lo sean con nuestros pensamientos. Otro hombre bastante imparcial, Freud, cuya profesión de psiquiatra le obligaba a reflexionar sobre la condición humana, afirmó que la cultura es aquello que ayuda a erradicar la violencia. Sí. Es lamentable que no se medite suficientemente sobre el endémico mal de la violencia. Debemos estar muy locos para que no nos asuste desenvolvernos en

un medio tan peligroso e inmisericorde. Creo que hay más inconsciencia que valor. Los grandes generales que ha habido (grandes guerreros, por tanto, grandes valerosos por oficio) siempre han recomendado la paz. Sabían de qué horror hablaban. Pobres tontos los soldados que entusiasmados van cantando al frente. Y pobres tontos los que no saben en qué puede derivar una sociedad con brotes de violencia. Larra, en uno de sus artículos, describe el asunto con gran acierto: La jovencita que se ha pasado la tarde jaleando en los toros, sin embargo, ya en casa, se desmaya porque bordando se ha pinchado un dedito y ha salido una minúscula gota de sangre.

Todas estas disquisiciones previas no son gratuitas. Uno de los problemas relacionado con el sufrimiento de los animales es el de su banalización. Animal igual a problema secundario y acotado estrictamente a él mismo, sin más conexiones morales, éticas, sentimentales, psicológicas, sociológicas, culturales, religiosas, etc. Sin embargo, la cuestión de su sufrimiento es de suma importancia no ya sólo para el animal, sino para el hombre mismo, tanto que debería ser un ejercicio intelectual obligado; porque ¿cómo filosofar decentemente sin entrar en el asunto del dolor, del sufrimiento? En él confluye toda una serie de elementos que nos sitúa frente a un inmenso espejo ético. Reflexionar sobre los animales es hacerlo sobre los hombres y la sociedad, sobre el hombre y la “civilización”, sobre el hombre y la vergüenza (o desvergüenza, si se prefiere) sobre el hombre y la insensibilidad, sobre el hombre y el ansia de poder, sobre el hombre y su condición interesada, sobre el hombre y la crueldad, sobre el hombre y su inconsciencia, sobre el hombre y su falta de conciencia, sobre el hombre y los más débiles, sobre la igualdad, sobre la empatía, sobre el humanismo, sobre el pasado, sobre el futuro…. “Dios hizo al hombre para que reinara sobre los animales” afirma la Biblia. Pero, ¿es eso reinar? Por lo visto, sí ¿acaso los reyes no cortaban a sus vasallos orejas, narices, manos, cabezas, genitales? ¿Acaso eso tiene demasiada importancia para designar el estado del reino? Vistas las cosas así, ¿por qué va a ser más indulgente con las demás especies que con la suya propia, Sin embargo, deberíamos darnos cuenta de que en este tipo de reflexiones se ofrece incluso el beneficio de la matización (tan acostumbrados que estamos a las generalizaciones simplistas) que nos ayuda a comparar situaciones e iluminarlas. Por ejemplo ¿son iguales el indio americano que antes de cazar a un animal le pide perdón que el transportista de animales que introduce elementos de sufrimiento innecesarios en su transporte? ¿Sería igual quien consumiera carne después de haber dado una vida de bienestar a ese animal y lo hubiera sacrificado sin dolor, a ese otro que va a un espectáculo donde se tortura gratuitamente? Sin embargo, hay hombres preclaros, al menos aparentemente, que disfrutan con tales tipos de tortura. ¿Están sus inteligencias condicionadas por impulsos sádicos? No puede haber inteligencia así, porque si la hubiera, reconocería su sadismo (aunque añadiera su imposibilidad de controlarlo) y la merma que ha de sufrir forzosamente su crédito racional, su prestigio “humano, su coherencia argumental con la premisa básica de que es un ser superior ¿Ese afán de superioridad no debería moverle a demostrarlo con evidencias de grandeza y de magnanimidad?Pero, sin más rodeos pasamos al asunto, que no se va a plantear partiendo de ¿por qué es una aberración lo que hacemos con los animales? ya que es limitativa. Quizás sea mejor analizar los argumentos que usualmente se utilizan para justificar el drama o el genocidio animal. Argumentos que, curiosamente, muchas veces nos dejan sin palabras. Empecemos:

Los seres humanos pueden hacer lo que hacen porque son superiores a los animales. Pero, la superioridad ¿en qué se manifiesta, en simples actos de voluntad, de prepotencia, de arrogancia, de supremacía injustificada, o por el contrario es un conjunto de cualidades reales y ponderables? Sí los seres humanos son superiores ¿por qué se muestran como seres bestiales, sin criterios morales y éticos de ningún tipo; sin sensibilidad hacia lo que es el “sufrimiento”, así en abstracto expresado. ¿Cómo un ser superior puede carecer de empatía, de inteligencia emocional? ¿No es un rasgo de superioridad humana “no querer para los demás lo que no queremos para nosotros mismos?

Se argumentará que la máxima invoca a “los demás”, y dando un torcido paso más, añadirán que los demás son “los humanos”, los de la propia especie. Aquí hay una doble contradicción. ¿Cómo se puede mencionar lo humano y deshumanizarlo a la vez, arrancando a ese concepto las cualidades que deberían ser las más representativas de tal condición, como son la piedad, la compasión, el estremecimiento por el horror, el análisis de que el mal lo es para cualquiera que sea la condición de la víctima , y ejercitarlo es provocar su contagio?

Se hablará de un derecho puesto, sólo dirigido a la protección de los humanos y de sus bienes e intereses, sin querer aceptar que el derecho puede asentarse sobre los principios que deseemos. Si el derecho pudo convertir en cosa a una persona (los esclavos) ¿por qué no podrá hacer la operación inversa, impulsado ahora, en vez de por la mezquindad, por la generosidad. Se invocarán conceptos jurídicos abstractos elaborados a imagen e interés del humano (sujeto de derecho, capacidad jurídica, capacidad de obrar, autonomía de la voluntad, raciocinio…alma… Pero, nosotros preguntamos: ¿una persona en coma es ese sujeto de derecho actuante que se invoca como núcleo justificante del cual luego hacemos las excepciones y especialidades que nos dé la gana?Si continuamos por esa vía estamos introduciendo un mecanismo de actuación muy peligroso. Si la no humanidad de la víctima justifica y permite la crueldad contra ella ¿se puede torturar en las cárceles donde hay delincuentes prácticamente ahumanos? Si ser superior otorga derechos excepcionales ¿cómo se traduce en el sistema de organización de nuestra propia sociedad? ¿A dónde nos lleva esa regla? Si podemos hacer gradaciones jerárquicas, ajenas a lo que más importa, es decir, a la capacidad de sufrimiento ¿puede el doctor torturar al licenciado, y este al diplomado, y este al bachiller, y este al analfabeto? ¿Puede hacerlo el de un coeficiente intelectual de 150 sobre uno de 140, y así sucesivamente, quedando en la base más horrible del sufrimiento el subnormal? Aceptado esto, ¿con qué derecho criticamos la crueldad de los nazis?

Es que se hace un círculo legal, se alegará, que incluye y excluye a voluntad especies determinadas según necesidades humanas (efectivamente, las especies protegidas tienen más derechos que un toro de lidia, por ejemplo). Esa es la realidad, pero no justifica nada y evidencia un rasgo más del asunto: su arbitrariedad. El círculo se puede estrechar y agrandar a capricho. Puede incluir a los simios y excluir a los camellos. Habrá especies protegidas y animales destinados al sacrificio más inmisericorde. ¿Cuáles son los criterios? ¿Quién los establece? ¿Con qué límites? ¿Con qué argumentos? ¿Con qué razones? ¿Con qué jerarquía? ¿Esta mezcla de arbitrariedad-necesidad no podría llevar a justificar experimentos humanos donde se enfrenten el valor de la vida de un anciano con la de un niño, la de un enfermo con la de un sano? Redundando en la idea se dirá que el mundo es así; es decir, el asunto dará un giro de 180º y pasaremos de dioses a pobres víctimas de lo inevitable. Pero, ¿no quedamos en que somos la especie superior, incluso sobre la propia naturaleza? ¿No es acaso nuestra misión domeñar ese salvajismo? ¿Y con salvajismo vamos a transformar la naturaleza salvaje?

No obstante, hemos avanzado un ínfimo paso. Podemos discernir entre la crueldad supuestamente necesaria y la crueldad innecesaria. ¿Necesitamos realmente asistir a una corrida de toros, a la caza del zorro, a la pelea de perros y gallos, cubrirnos con pieles de visón, irnos de pesca y caza por ocio, sin que nuestra dignidad se degrade?

Entonces se intentará acoquinarnos con un aluvión festivo-folclórico-cultural; nos hablarán de las tradiciones, de las esencias, de la historia, del acervo cultural, de lo que siempre fue y será, de nuestros ancestros, de la patria, del terruño, e incluso, se terminara con un concluyente Dios lo quiere así…. Es decir, que la corrida de toros, por ejemplo, es producto de un decreto divino. Y es que últimamente el asunto se está “intelectualizando”. Y sus embajadores, en muchas ocasiones de la mano de periodistas venales, son los toreros, los acertadamente denominados “matadores” (más de 3.000 toros ha matado uno de ellos en esta temporada). La última sandez justificante lanzada es la de que la corrida de toros proviene de los romanos. ¿Y qué? Los romanos, pese a su grandeza histórica, eran muy crueles y entre el cristianismo primitivo y Roma no había conciliación. Otra cosa es lo que pasó después. ¿Cómo ser cristianos e invocar las raíces de Roma? Si el respeto a la tradición es una obligación social ¿hemos de mantener también la compraventa de personas; podemos crucificarlas, embreadas y con la lengua cortada para que sus gritos no molesten? Otro torero, de Murcia, nos dice que en la corrida de toros está la esencia de España. Que pena de España que tiene tan pobre acervo histórico. (Recordemos a los castrati, a los cuales, en supuesto beneficio de la música y a mayor gloria de Dios, se les arruinaba la vida). ¿Qué diría Antonio Machado, que más misericorde con nuestras cultura, nos advertía de que los pueblos que con sangre se divierten heridos están de muerte.

Por otro lado, en el colmo del ingenio, afirmarán: Gracias a tales espectáculos esas especies sobreviven. Es decir, que si no hubiera corrida taurina no habría toros de lidia. Vaya argumento. ¿Aceptaría alguien nacer para que su destino fuera ser torturado? ¿Aceptaría ese destino para sus hijos? (ya, ya, no es lo mismo, lo dice el padre taurófilo). Cuidado: igual los paidófilos les toman la palabra y proponen crear prostíbulos allí donde la gente muere por culpa de la miseria.

No entraremos en la afirmación de que los animales no sufren; baste enunciar semejante tontería como prueba de cinismo. ¿Acaso no tienen sistema nervioso? No sólo sufren física, sino también moral y psicológicamente. ¿Es que nunca han visto el miedo en sus ojos? Probablemente no. Un egoísmo tosco y grosero puede embotar las capacidades de observación, análisis, enjuiciamiento y sobre todo de ecuanimidad. Aparte de esa otra extraña actitud en la que el sentido de propiedad interviene activamente en la discriminación: su perrito “es” maravilloso y por tanto tratado entre algodones (lo cual está muy bien) pero eso no quita que su amo pueda luego asistir a vergonzosos espectáculos con animales.

Pero, aún podemos ir más allá. ¿Es que todos esos institutos, cátedras, fundaciones, sociedades, corporaciones, entidades públicas y privadas no son capaces de preguntarse sobre el alcance de actuaciones tan degradantes y de su valor ejemplarizante? ¿Es que no les preocupa que muchos de nuestros congéneres sean así? ¿Cómo pueden instituciones educativas incluir en sus programas espectáculos donde se maltrata y da muerte a un animal para solaz de los asistentes a un simposio, pongamos por caso, sobre la paz,? ¿Tan difícil es incluir tales actividades dentro del sadismo? Nos quejamos de la violencia en el mundo, pero luego desplegamos banderas que son una verdadera invitación a la sangre, al desgarro de la carne, al pavor, a la masacre, a la demostración de que no hay espíritu que valga, dentro de una gran indiferencia hacia los bienes de la tierra. En esos casos se destruye para gozar, no hay otra definición. ¿Cómo se va a criticar a los más jóvenes si no se les ofrece actuaciones ejemplares. ¿Cómo prohibirle que maltrate si la sociedad en la que habitan maltrata?

Hemos dicho conscientemente bienes de la tierra. Sí. ¿Cómo un creyente verdadero puede aceptar que la obra de Dios (no lo es del hombre) pueda ser destruida así? No permitiremos que una obra de arte se destruya, pero si unavida. Un hombre puede recrear una cosa, pero no un ser vivo. Podemos hacer un rascacielos, pero no una mariposa.
Los hay también que son muy demócratas y legalistas. Te dicen: tu derecho es no asistir y el mío asistir. He ahí una impecable fórmula jurídica. Dos derechos en perfecto equilibrio. ¿Cómo se ha conseguido? Simplemente cosificando al verdadero titular del asunto. El animal ha pasado de sujeto a objeto. Mi derecho es cerrar ojos, oídos y boca. Pero ¿atenúa eso en algo el sufrimiento del animal? Quien nos hace tal proposición ¿habla de buena fe o nos está tomando el pelo? Por cierto, qué quebradero de cabeza para los juristas. ¿Cómo hacer una norma abstracta de aplicación general que luego tenga sujetos tan diferenciados y tan desigualmente tratados? Si no se puede maltratar a los animales, si hay una causa jurídica que justifique la prohibición ¿cómo excluir tantas otras por la vía de la excepción? Cuidado, sobre ella se levantan todas las arbitrariedades.

¿Y las repercusiones de todo esto y en todos los ámbitos? ¿Qué se puede esperar de una sociedad educada en una indiferencia, en una abulia moral semejantes? No pensemos ya en el animal, sino en los casos en que hay riesgo para el humano, en el peligro que el fanatismo y la degradación provocan. No nos estamos refiriendo ahora al sujeto colectivo, sino al individual. Se dirá: esa es su decisión. No. A los trapecistas, por ejemplo, se les prohibió actuar sin red, lo cual está muy bien ¿Puede aceptar la sociedad que un ser humano arriesgue su vida por morbo del espectáculo? Hay una sentencia del TS (comercialización del video de la cogida de Paquirri) que reconoce que el “respetable” va a la corrida por causas taurinas y por causas más bajas e inhumanas, es decir, a asistir al posible espectáculo de la cogida del torero. Igual que las aguas de un río no pueden discurrir sino en una única dirección, la conciencia de los hombres no puede contradecir sus principios cuando le convenga. Contradecirlos así significa simplemente no tenerlos. Es una práctica que se está generalizando. Acotamos un terreno determinado y le aplicamos una normativa excepcional. No sé por qué pero me he acordado de Kosovo. Tú te separas, tú no te separas. ¿Razón? Mis santísimos…

En definitiva, que hay cuatro víctimas en este asunto:
Los animales, por supuesto.
Quines aman a los animales, que constantemente han de estar asistiendo a bestialidades de todo tipo sin poder hacer nada. ¿Imaginan Vds., que seguro que aman a los niños, que diariamente tuvieran que asistir a su tortura sin poder hacer nada y con regocijo de una gran mayoría.

Quienes en espectáculos con animales se juegan la vida, lo cual debería llevar a la prohibición de que fuera legal tal riesgo.

Y, no menos importantes, la educación y la convivencia. ¿De cuándo esto no es violencia que insensibiliza ante ella y genera más violencia?

¿Durante cuánto tiempo serán los cosas así? ¿Pasados diez, quince siglos, seguiremos siendo igual o las cosas se verán con más claridad? ¿Seguiremos siendo tan animales o por fin habremos superado el estadio de la bestialidad? Si es así, que bien; sino, que pena de especie que nació con lo que llaman “marca de Caín”, aunque aquí también parece que hay discriminación para con los animales en cuanto que Caín era agricultor y Abel un pastor que hacía sacrificios al “Señor”. Pobres corderos…


Si les quedan dudas, busquense vídeos de la matanza de las 250 mil focas en Canadá (país civilizado donde los haya) y ahí podrá saber cuál es nuestra verdadera condición humana.

Ah, se me olvidaba: Juan Pablo II sostenía que los animales tienen alma. ¿No podría surgir un movimiento católico animalista que se movilizara con el mismo fervor que para otras cosas?

servido por luism 4 comentarios compártelo

4 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Manuel Sobrino Senra

Manuel Sobrino Senra dijo

Hola!!

Muy bueno el texto. Yo estoy seguro de que tarde o temprano llegará el día en que los que defendemos la Naturaleza no seamos vistos como unos locos sensibleros, que no pensamos nada más que en los animales. Este es un pensamiento todavía bastante arraigado.

Pero así pasó con los derechos de las mujeres y de los negros. Con el paso del tiempo, pasará también con los animales!!

Un Abrazo!!

6 Octubre 2008 | 01:13 PM

Ramsés ....

Ramsés .... dijo

No te dejes engañar Manuel, el artículo es bueno, pero no tiene nada de el, ha ido cogiendo retazos de uno y otro sitio, puesto alguna que otra cosa suya y ya está.

SU ÚNICO INTERÉS ES CONSEGUIR QUE SE LE ACEPTE, EL BUSCAR POPULARIDAD, pero te puedo asegurar que no es mas que un MENDRUGO.

6 Octubre 2008 | 01:43 PM

LUIS

LUIS dijo

NO LO SÉ, MANUEL: HAY DEMASIADOS INTERESES ECONÓMICOS: CÁRNICOS, FARMACÉUTICOS, PELETEROS. QUIZÁS CON EL TIEMPO SE VAYA SUAVIZANDO SU TRATAMIENTO...

DE LOS DESJARRETAMIENTOS Y LAS BANDERILLAS DE FUEGO A LA CORRIDA DE TOROS DE AHORA ALGO (MUY POCO) SE HA AVANZADO. SÓLO HAY QUE MIRAR POR LOS ALREDEDORES PARA COMPROBAR QUE HAY DETERMINADOS ESPECÍMENES HUMANOS QUE AÚN NO LEVANTAN UN PALMO EN EL ASUNTO DE LA RACIONALIDAD...

EN UN FORO DE DERECHO HASTA HABÍAN QUIENES SE INDIGNABAN (MUCHOS) PORQUE SE PLANTARA EL ASUNTO DE LOS DERECHOS DE LOS ANIMALES.

TAMBIÉN RECUERDO LAS RECIENTES CHANZAS ACERCA DE LA LEY SOBRE EL SIMIO, INCLUIDO EL AMIGO RAMSES, QUE ANTEPONÍA SU ODIO A ZP A LOS BENEFICIOS DE LA LEY...

DILE A UNO DE ESOS ESPECÍMENES QUE RENUNCIE A COMÉ SU MANTECA COLORÁ, Y LES DA ALGO...

GRACIAS POR TU OPINIÓN: LA INTENCIÓN ES LA DE IR SUMANDO TODOS LOS ARGUMENTOS QUE PODAMOS CONTRA LOS ANTINAIMALISTAS.,..

6 Octubre 2008 | 02:25 PM

LUIS

LUIS dijo

HABÍA

6 Octubre 2008 | 02:26 PM

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Sobre mí

NO DIRÉ QUIÉN SOY --- MEJOR DIRÉ QUIÉN QUIERO SER --- ; QUIERO SER UN VEJETE YE-YÉ --- QUE AUNQUE LE VUELE POR EL AIRE LA DENTADURA POSTIZA --- FANÉ Y DESCANGALLADO --- BAILE ROCK AND ROLL, YENCA, PASODOBLE Y, SI SE TERCIA, MINUÉ --- ; CON JEANS Y JACKETS --- MI PEQUEÑA ESTATURA --- CULITO SANDUNGUERO CEÑIR --- --- ; Y PELUCA ALBOROTADA, GAFAS NEGRAS, A MODO DE FELPA --- ANTE LAS NENAS LUCIR --- ; QUIERO PUTEAR LO PÚBLICO, PERO DE UNA PENSIÓN CARDÍACA SOBREVIVIR... .... ; QUIERO PUTEAR LO ESPAÑOL --- AUNQUE BARRIOBAJERO CASTIZO NACÍ --- ; Y LA UNIÓN JACK EN MI ESPALDA --- COMO UN BRITISH MÁS LUCIR --- ; Y ANTES DEL DESAYUNO, DESPUÉS DEL ALMUERZO, ANTES DE LA CENA --- Y DESPUÉS DE ELLA--- UN BUEN GIN TÓNIC DE SU MAJESTAD VICTORIA --- A LA SALUD DE MI REINA CONSUMIR --- ; MI PASIÓN ES EL PAN, EL VINO Y EL CIRCO --- QUE PARA ESO CON FRANCO --- TANTOS AÑOS VIVÍ --- ; COMO SE VE --- TANTO NO PIDO --- SINO SER COMO EL INTEGRAL CLOWN --- QUE CON SU MORTADELO Y FILEMÓN Y SU JUEVES SEMANAL --- ENTRETIENE SOLÍCITO AL PERSONAL...

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