Ayer, en uno de los programas de Galavisión, el espectáculo era completo. Un salvaje se comía vivos a una serpiente y a una paloma. Primero despellejjó viva a la serpiente y se la comío a bocados, retorciéndose el animal en silencio. Luego la emprendió con la paloma: la desplumó viva y seguidamente la devoró, también viva y también en silencio el animal. El tercer candidato era un gatito, pero la entrevistadora no pudo más y lo cogió en sus brazos, exclamando: "¡Esto no, esto ya no!"... Es decir, que era demasiado. No se sabemos en qué grado quedaría lo de la serpiente y la paloma.

Que un salvaje se coma a bocados a dos animales vivos es concebible. Hay sádicos de todo tipo. No hambrientos, porque se puede tener la misericordiosa previsión de matarlos rápidamente antes. Es más, creo que ciertas unidades de determinados ejércitos recurren a esta práctica para convertir en más machotes a sus muchachotes, y quizás muchachotas. Una gran integración para la mujer, si por fin han logrado acceder al privilegio de tales prácticas.

Lo que es incomprensible es que la televisión necesite de tales espectáculos y que dada la imperiosa necesidad de caza de audiencias, se preste diligentemente a la tarea. Todo sea por el ¿"chare"? que así resulta más sofisticado e imperioso.

Ya hace unos meses nos entretuvieron con el espectáculo de una granjera que despellejaba vivos a sus conejos, mientras mantenía con la entrevistadora una normal conversación sobre la crísis y los mecanismos a los que había recurrido para hacerle frente. No quedó claro si la crueldad era imperiosa para superarla. Quizás sí. Quizás sea un buen entrenamiento si en las puertas de la miseria hay que salir de noche y patearle la cara, el bazo y el hígado a alguien para despojarle de su cartera. En un colegio de curas dejaban pelearse a los niños; decían que así se endurecían. Está claro, a los sensibleros nadie los quiere. Todos tenemos vocación de devoradores (no de paloma, por supuesto, que eso requiere un entrenamiento muy especial. Seguramente no mantendríamos el estoico silencio de los animales mencionados, al menos de la paloma referida).

Resulta extraño el silencio colectivo sobre asuntos así. Por cualquier sandez tenemos opinadores de todo tipo, no clamando en el desierto, sino haciendo proselitismo indignado entre masas aquiescentes y también soliviantadas. Sin embargo, actos como el mencionado recorren completo todo el trayecto de la iniquidad sin que ninguna instancia intervenga: diseño de la idea, del presupuesto, búsqueda del salvaje, consiguiente pago, desplazamiento de toda una logísitca cuasi militar, preparación del diálogo de la presentadora, estudio del mismo, maquillaje, búsqueda de las víctimas, enfoque, preparación y aición, como decía Cantinflas.

Como la humanidad no tiene problemas, necesita distracciones fuertes de este tipo. Si los tuviéramos los estariamos resolviendo. Pero no, necesitamos distraer nuestro aburrimiento de ricos con espectáculos sádicos y a horas que pueden ser vistas por niños (esto sería a las 22 horas).

Después, en la tertulia, todos, especialmente las mujeres, hicieron gala de su sensibilidad no haciendo ni un solo comentario crítico sobre el asunto. Digo que especialmente las mujeres porque ya se sabe que los hombres no lloran. Aunque eso sí: la regla no vale para los culebrones, donde lo líquido sobrepasa lo razonable. La verdad es que cuanta porquería edulcorada.

En los culebrones de esa televisión (Galavisión) salen diez curas por centímetro cuadrado de pantalla. es decir, es una emisora piadosa. Sin embargo, que falta de piedad para esos animales y para esos televidentes susceptibles de ser educados o deformados culturalmente.

Todas estas cosas ofrecen pocas esperanzas para un mundo mejor. Parece que a ese dinosaurio que llevamos en la amigdala no hay programa escolar que lo reforme. Es incluso peor, parece que hay una propensión connatural en el ser humano hacia la degradación. Porque, no estamos hablando de un espectáculo para minoritarios. No estamos refieriéndonos a un acto en el que interviene el número mínimo de individuos. No estamos describiendo algo desarrollado en los sótanos de la cultura. No, estamos hablando de una televisión familiar, en un programa principalmente de mujeres, en una hora normal, sin ninguna especialización morbosa, realizado con unos mimbres que casi pretenden ser triviales y jocosos, saludables y liberalizadores.

Esto cada vez se parece más al tedio de los nerones modernos, al aburrimiento de los que asistían al Coliseum, a ver si la sangre que derramaban los demás les despejaba el adormilamiento y el embotamiento vital.

Seguramente el productor, y el director, y el guionista, y la entrevistadora (la que protestaba con un "esto no") y el cámara, se sientan, en definitiva, orgullosos. Después de todo, el curriculum vitae puede rellenarse con múltiples contenidos. ¿O acaso la de la tortura no es una profesión más? ¿Acaso incluso muchos de ellos no han sido condecorados? ¿Acaso no salvaron patrias en un momento dado? Pues que se sepa: comenzaron dando bocados a simbólicas palomas vivas.

comidosvivos, sótanosdelacultura