VOLTAIRE EN EL SIGLO XXI
Voltaire sostenía que la civilización no suprimió la barbarie sino que la perfeccionó e hizo más cruel y bárbara.
¿Es válida esta reflexión en nuestra época? Muchos la admiten sin más simplemente por provenir del gran pensador. Pero cabe preguntarse cómo era la situación real en su época y si él tenía verdadero conocimiento de cómo se vivía en siglos anteriores. ¿Estaba perfectamente imformado como para poder comparar entre épocas?
Los conservadores suelen afirmar que cualquier tiempo pasado fue mejor. Pero estas opiniones, aparte de políticamente intencionadas, arrastran los efectos de la propia biografía y biología. No cabe duda de que un gran porcentaje de personas prefieren la juventud al deterioro propio del transcurso de los años. Y no cabe duda tampoco de que esta preferencia puede influir en las restantes opiniones.
Pero no, no está nada claro eso de que cualquier tiempo pasado fue mejor. Además, habría que diferenciar por parcelas. Da la sensación de que una civilización, una cultura determinada, no puede abarcar todos los ámbitos, y el desarrollo en unos puede significar el retroceso en otros.
Sin embargo, sí se puede estar de acuerdo con Voltaire en algunos aspectos de su frase. Se han suprimido parcelas de barbarie, sí. Sin embargo, cuando la civilización actual produce barbarie, la produce con creces. Bien es verdad, que la peste negra, por ejemplo, acabó con un tercio de la población. O que la tortura alcanzaba cotas insospechadas. Pero ¿qué pensar de una civilización que tiene maravillosos laboratorios, totalmente impolutos y sofisticados, destinados a destruir consciente y masivamente a sus congéneres?
Es verdad que el hombre de antes era bárbaro, incluso aquel que llamaba bárbaros a los otros (griegos y romanos), pero el grado de refinamiento en la capacidad destructiva no era tan depurado como ahora.
Pasa como con el maltrato a los animales. Ahora este es más continuado y masificado; más frío y despiadado y encima tiene el agravante de que se desarrolla en un ambiente en el que se proclama la defensa de su bienestar.
Parecía como si el calor de la sangre de antes hasta humanizara la violencia. Por supuesto que esto es una apreciación lírica que habría que experimentar directamente para poder sostenerla digna e informadamente.
La cuestión es que nuestras sociedades no se han desarrollado al ritmo de nuestras proclamas y reflexiones, lo cual puede convertir en aún más lamentable el actual panorama.
No estaría mál que se reflexionara sobre la frase que abre este comentario. Porque, además, hay una propensión a la generalización que oscurece los datos. Por ejemplo, la situación en África era mucho mejor antes de la colonización que después de ella. El continente africano no sufría hambrunas como las de ahora, y su organización social se adecuaba a sus necesidades.
Es más, hasta principios del siglo XIX su balanza comercial con Europa le era favorable. No hace falta decir en qué situación han dejado a ese continente las recetas liberales, civilizadas, informadas del BM y del FMI.
La cuestión es ¿evolucionamos o no? Más bien parece que no. Es como si el mundo fuera un sistema de diez botellas y cinco tapones. Siempre habrá botellas destapadas a las que se les escapará el gas.
Pero esto no es aceptable. El poema de León Felipe se reprocude constantemente: nos duermen y engañan con todos los cuentos, y nosotros, al contrario que el autor del poema, no nos los sabemos (los cuentos).
¿Cómo puede ser que a estas alturas de la historia nos vengan diciendo que no se sabe qué pasará con nuestras sociedades "desarrolladas". ¿Resulta ahora que somos pobres después de esquilamar al 85% del orbe?
Mucha culpa de estas dudas las han tenido los economistas occidentales sabelotodo, que nos han dormido con todos los cuentos posibles e imposibles. Todo eran excusas para justificar aberraciones inconcebibles como la de que el 2% de la humanidad se haya apropiado de la mitad de la riqueza de la tierra, y la de que aquellos que nunca han dejado de trabajar no tengan ahora nada.
Se dice: la tecnología ha provocado el paro. ¿Deberemos destruir las máquinas como comenzaron a hacer los proletarios del XIX? Marx ya lo advirtió: no las destruyáis, apropiaoslas.
Porque, si diez panaderos hacen diez panes al día y una máquina servida por un sólo operario mil panes, podrá haber paro, pero no hambre de pan. El problema no será técnico, sino político, en cuanto que el propietario de esa máquina se niega a alimentar con sus panes a sus ex-operarios.
El problema es político y ético. Y en eso quizás sí esté clara la frase de Voltaire: si con máquinas así hay hambre, es que somos peores.
(O más tontos, porque estoy seguro de que habrá trabajadores que piensen: Sí, hombre, el dueño de la máquina va a regalar el pan; ya está bien de vagos).
