Artículos sobre la crísis económica...
La vuelta de las teorías de Karl Marx
Los pensadores liberales dan marcha atrás y defienden ahora la regulación
El ex canciller socialdemócrata Helmut Schmidt ha quedado en esta crisis como un visionario. Al filo de sus 90 años, Schmidt había venido advertiendo en la última década del peligro de los negocios fantasma. "Los mercados libres son muy bonitos, pero sin un control democrático sólo pueden existir desbocados", escribió Schmidt en el semanario que edita, Die Zeit.
Liberales con el pie cambiado
Un fenómeno curioso de esta crisis financiera es el de los pensadores liberales que ahora resulta que siempre habían sido partidarios de regular los mercados. Estos políticos y académicos sienten de repente la necesidad de justificarse. Es el caso del político y sociólogo germano-inglés Ralf Dahrendorf, Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales del pasado año.
"Se puede decir que ciertas partes de la teoría marxista no están del todo mal"
Este lord explica en una entrevista con el diario Frankfurter Allgemeine Zeitung que en Europa se hace un debate general sobre el sistema, mientras en EEUU se actúa de forma pragmática frente a la crisis: "En EEUU van a ser más radicales que todos los europeos, del mismo modo que el New Deal, la respuesta de Roosvelt a la crisis económica mundial de los años treinta, fue mucho más radical que todas las ideas juntas de los socialistas europeos".
EEUU adoptará medidas que cuando hayan surtido su efecto serán retiradas, en lugar de discutir eternamente sobre sistemas como hacen los europeos, cree este pensador liberal.
¿Y ahora qué?
Mientras llega la cumbre anticrisis, intelectuales y políticos han abierto un debate intenso sobre el futuro modelo económico.
Qué hacer. Hace 106 años, Vladimir Illich Lenin formuló el interrogante en el título de una de sus obras fundamentales, en el que proponía la creación de un partido revolucionario que abanderase la lucha del proletariado en la decadente Rusia zarista. El opúsculo contribuyó en buena medida a la ruptura del Partido Socialdemócrata ruso y a la fundación del movimiento bolchevique, que instauró el primer régimen comunista sobre la faz de la tierra. Los próximos 14 y 15 de noviembre, los mandatarios de 20 países se harán en Washington la misma pregunta, en medio de una formidable crisis del sistema financiero internacional que mantiene en vilo al mundo. A diferencia de Lenin, ninguno de los líderes -ni siquiera el supuesto comunista Ju Jintao, de China- abogará por la defunción del capitalismo. Lo que se abordará es la necesidad de "refundarlo" o, como prefieren decir los anglosajones, "repensarlo", a partir de una premisa en torno a la cual existe práctica unanimidad: lo que sí ha muerto, hundido en un lodazal de activos tóxicos y otras obscenidades financieras, es una forma de capitalismo, la del todo vale, la de la codicia sin freno, la de los especuladores insaciables, la del ultraliberalismo de tipo anglosajón.
Que el responsable de Finanzas de la principal potencia europea invocara a Marx -cuyas obras han vuelto a primera fila de las librerías del país- causó sorpresa, como era de esperar. Sin embargo, Steinbrük no fue objeto de descalificaciones o burlas por parte de los abanderados del libre mercado, como hubiese ocurrido hace tan solo un año, cuando el liberalismo se exhibía triunfante como el único modelo posible.
¿Otro Bretton Woods?
Algunos aventuran que la cumbre del Washington será, por su trascendencia, una segunda versión de la de Bretton Woods (EEUU), de julio de 1944, en la que delegados de los 45 países aliados de la Segunda Guerra Mundial crearon el Fondo Monetario Internacional (FMI) para supervisar el sistema financiero global, facilitar el sistema multilateral de pagos y, en ciertas circunstancias, actuar como prestamista de países en apuros. El FMI se encuentra hoy desprestigiado, sobre todo en los países en vías de desarrollo, por haber impuesto durante las últimas tres décadas las recetas ultraliberales que hoy están en entredicho. Además, su capacidad de acción ha quedado a la zaga de la veloz globalización que ha experimentado la sociedad en las últimas décadas. Numerosas voces reclaman la creación de una nueva institución, con mandato para ejercer un control real sobre los flujos internacionales de capital e, incluso, para fijar directrices en la remuneración de los intermediarios financieros. También vuelve a debate la vieja iniciativa de un impuesto a las transacciones financieras (la tasa Tobin), que se destinaría a corregir los desequilibrios económicos entre países. Otra idea que se airea es la creación de un gran banco de bancos que coordine la acción de los bancos centrales -a semejanza del BCE en la Europa- y evite que la banca privada se embarque en aventuras peligrosas, como ha sucedido con las hipotecas suprime en EEUU.
El nuevo orden deberá además establecer una nueva relación de los países ricos con los pobres, que no se limite a la concesión de ayudas caritativas para superar la pobreza, sino que contemple un compromiso serio para el desarrollo. También se esperan soluciones tajantes a los problemas de los paraísos fiscales y la especulación. Lo ocurrido con el petróleo -cuyo precio se mantenía por la nubes hasta hace unas semanas, empujando al alza la inflación- evidencia el poder extraordinario que han acumulado los especuladores con bienes esenciales.
Un nuevo papel del Estado
Hay quienes consideran que el problema no se resuelve sólo con más y mejores regulaciones. La activista Naomi Klein, autora de La doctrina del shock, considera que la proliferación de créditos basura se produjo por la existencia de un sistema económico que "mide la salud colectiva en términos exclusivos de crecimiento del Producto Interior Bruto". "A lo que esta crisis debería conducirnos es a una forma radicalmente diferente de medir la salud y el progreso", señala Klein en su blog.
Con independencia de las grande medidas que se pueden adoptar en el ámbito internacional, la actual crisis ha vuelto a colocar en primer plano al Estado. Después de salir en rescate de los banqueros, los Gobiernos lo tendrán a partir de ahora más difícil para alegar falta de poder a la hora de atender las necesidades de la sociedad. En un artículo publicado en The Irish Times, el lingüista estadounidense de izquierdas Noam Chomsky recordaba que la intervención del Estado ha sido una constante en el capitalismo en los dos últimos siglos. Citaba un estudio realizado por dos economistas hace 15 años, según el cual, al menos 20 compañías de Fortune 100 no habrían sobrevivido sin el auxilio de sus respectivos gobiernos y muchas de las restantes obtuvieron ayudas oficiales para "socializar sus pérdidas".
Después de la actual crisis, procesos de nacionalización de sectores sensibles -como acaba de ocurrir con los fondos de pensiones en Argentina- no se podrán censurar con facilidad, al menos en el corto plazo. En varios países pobres ha comenzado ya una nacionalización alimentaria.
Líderes como Hugo Chávez y Evo Morales se sienten hoy reafirmados en sus tesis. Otros consideran que el Estado puede reforzar su poder supervisor, pero sin aumentar su tamaño. De la actitud de los ciudadanos dependerá en gran medida el papel que asuma finalmente el Estado en el capitalismo venidero. Si lo público recuperará valor o si, pasado el susto, el libre mercado volverá a sus andadas... hasta la próxima crisis.
El rápido camino de regreso a la casa de papá Estado
Estados Unidos ha sido el epicentro de una crisis que ha desarbolado las teorías neoliberales
Las protestas contra el sistema se han recrudecido en los últimos años. AFP
En pocas semanas, y tras intensas negociaciones multilaterales, FED, Banco de Inglaterra, Tesoro de Estados Unidos, Banco de Pagos Internacionales y Fondo Monetario Internacional (FMI) organizaron un gigantesco préstamo de más de 200 millones de dólares de la época para México. A cambio, exigieron que el dinero se destinara a pagar a los bancos privados (estadounidenses, británicos, japoneses, alemanes...) y que llevase a cabo reformas estructurales. México, entre otras cosas, procedió a nacionalizar sus bancos para salvarlos de la quiebra.
Nacionalización, la adquisición de los bancos por parte del Estado, un término tabú en el mundo globalizado que, sin embargo, 25 años después de aquella crisis de la deuda latinoamericana, vuelve a convertirse en la herramienta para salvar al mundo del caos. Una caja de Pandora que se abrió el 31 de julio de 2007 cuando Bear Stearn, uno de los principales bancos de inversión de EEUU, impidió a sus clientes retirar el dinero de unos fondos basados en hipotecas subprime.
Aguantar
El 15 de septiembre, al otro lado del Atlántico, ya eran los clientes del británico Northern Rock los que hacían cola para rescatar sus ahorros, tras saber que la entidad había pedido socorro al Banco de Inglaterra por falta de liquidez.
Aun así, todavía triunfaba la idea de que quien invierte mal debe aguantar su vela. Un año después, el viernes 12 de septiembre de 2008, el secretario del Tesoro estadounidense, Henry Paulson, todavía defendía la no intervención del Estado en una reunión de urgencia con los más importantes banqueros del mundo. Montada para salvar a Lehman Brothers de la quiebra, acabó con su venta a otro gigante, Bank of America.
Pero un mes después, el 10 de octubre, acorralado por la sucesión de amenazas de bancarrota entre bancos muy importantes, el tabú saltaba definitivamente por los aires. Bush, el presidente ultraliberal y saliente de los EEUU, anuncia su disposición a nacionalizar. Una vez más, como en 1929 o 1982, ante las crisis extremas, papá Estado tiene que intervenir.
Fue el economista británico John Maynard Keynes, el principal valedor del control público sobre la economía tan denostado por los liberales, el que aportó la idea de crear el FMI y el Banco Mundial para ordenar las finanzas internacionales. Hoy, socialdemócratas y liberales vuelven hacia él sus ojos para recuperar sus ideas y crear un sistema de supervisión financiera a escala global adaptado al siglo XXI.
Los laboristas vuelven a sus orígenes
Incluso los herederos de Thatcher cuestionan el modelo de los últimos años
Michael Foot perdió el liderazgo del Partido Laborista y las elecciones generales de 1983 con un manifiesto que prometía colocar "uno o más bancos bajo propiedad pública". Su compañero de partido, Gerald Kaufman, descalificó la propuesta como la "más larga nota suicida de la historia", pero ese tiro en la nuca ha reavivado las esperanzas en el laborismo de Gordon Brown. Un aspecto crucial de la receta aplicada por el primer ministro contra la crisis financiera –la nacionalización parcial del sistema bancario– es apoyado por conservadores y liberales demócratas. El capitalismo estatal va ganando adeptos.
"Somos una economía global con su primera crisis financiera"
"El laissez-faire está muerto", escribió en un vespertino londinense el responsable de Finanzas tory, George Osborne. "Se ha demostrado que la banca es un servicio público y, a partir de ahora, ha de gestionarse con una normativa precisa”", defiende Vanessa Rossi, experta en Economía Internacional en el Royal Institute of International Affairs. El pensador marxista Eric Hobsbawn advierte que "la fase del capitalismo de ultra libre mercad" entró en crisis hace tiempo y ahora es evidente en las economías avanzadas de Occidente. El nonagenario historiador cree que el ciudadano nada puede hacer salvo presionar a los gobiernos para que "abandonen su convicción de que la fórmula de máximos beneficios es un modelo para el Estado y la Sociedad".
Y reconoce en The Guardian que "se tardará años en descubrir una fórmula de crecimiento estable en la nueva fase de la economía capitalista". Brown, en cambio, defiende que la globalización ha hecho posible diez años de bienes de consumo baratos y bajos tipos de interés. "Somos una economía global con su primera crisis financiera. Estamos creando una sociedad global puesto que la gente puede comunicarse instantáneamente más allá de sus fronteras. Pero todavía no hemos construido los medios para resolver los problemas a nivel global. Este es nuestro siguiente trabajo” dijo Brown.
Autoflagelación en la catedral del capitalismo liberal
Autoflagelación en la catedral del capitalismo liberal
En Washington temen que la influencia de EEUU en el mundo disminuya
La nacionalización parcial de la banca anunciada la semana pasada por el Gobierno de Washington, que comprará acciones por valor de 250.000 millones de dólares en distintos bancos del país, es un reflejo de los nuevos tiempos que corren.
El influyente intelectual estadounidense Francis Fukuyama señala en un artículo reciente de la revista Newsweek que existe un creciente consenso sobre la necesidad de regular distintas partes de la economía. Fukuyama sostiene también que "globalmente EEUU no disfrutará de la posición hegemónica que ha ocupado hasta ahora".
"La capacidad de EEUU para dar forma a la economía global mediante pactos comerciales y el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial se verá disminuida al igual que nuestros recursos financieros", aventura Fukuyama.
Fukuyama predice que Estados Unidos perderá su posición hegemónica
Además, "las ideas estadounidenses, los consejos e incluso la ayuda serán menos bienvenidos () en muchas partes del mundo", añade.
En similares términos se pronuncia el Premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz. "La gente alrededor del mundo nos admiró en una ocasión por nuestra economía y les dijimos lo que tenían que hacer si querían ser como nosotros", afirma Stiglitz en declaraciones al diario The Washington Post, publicadas la semana pasada.
"El caso es que nadie nos respeta ahora por ese modelo debido a esta crisis que por supuesto plantea interrogantes sobre nuestra credibilidad. Todo el mundo siente que está sufriendo por nuestra culpa", comenta Stiglitz.
La reciente concesión del Premio Nobel de Economía al estadounidense Paul Krugman, un renombrado economista y columnista del diario The New York Times, quien culpa a las políticas fiscales y a la desregulación impulsadas por la Casa Blanca del presidente George Bush del actual descalabro, parece confirmar que se avecinan nuevos tiempos.
La fe en el mercado y en su capacidad para autorregularse comenzó con Ronald Reagan (1981-1989) en la Casa Blanca y Margaret Thatcher (1979-1990) en Downing Street.
El magnate de origen húngaro George Soros cree que la noción de que los mercados corrigen sus excesos llevó a una masiva expansión de la financiación de la deuda que culminó con las hipotecas de alto riesgo y personificó la mentalidad del dinero fácil, raíz, dice, del desastre al que asistimos.
Invertir ahora
Kenneth Arrow, que ganó el Premio Nobel de Economía en 1972, invita a ir más allá al señalar que esta crisis presenta un desafío a la teoría económica comúnmente aceptada y advierte que el éxito de las políticas para prevenir crisis futuras dependerá de lo bien que se entiendan las fuerzas que operan ahora en los mercados.
El multimillonario inversor Warren Buffett, uno de los asesores económicos del candidato demócrata en las elecciones presidenciales Barack Obama, ve las cosas desde otro prisma: "Estoy comprando acciones estadounidenses. ¿Por qué? Una regla simple: Ten miedo cuando otros son avariciosos y se avaricioso cuando otros tienen miedo", dice Buffett en un artículo publicado la semana pasada en el The New York Times.
Cómo compaginar el socialismo con el mercado
En China, la crisis financiera global ha despertado muchas críticas al modelo de capitalismo liberal
La palabra "crisis" en chino, "weiji", está formada por el caracter "wei", que quiere decir peligro, y "ji", oportunidad. Los chinos utilizan esta palabra para resaltar que, a diferencia de los pesimistas occidentales, ellos ven las crisis como una oportunidad de mejora. En este sentido, en Pekín apuestan por seguir su propio modelo de capitalismo socialista.
En China, la crisis financiera global ha despertado muchas críticas al modelo de capitalismo liberal promovido principalmente por Estados Unidos: el consumo desenfrenado a costa de endeudarse y la falta de control estatal sobre las instituciones financieras. "El modelo americano de libre mercado está en un callejón sin salida", comentó la editorial del Guangzhou Daily, un diario de Cantón.
Ye Tan, comentarista económico chino, escribió en Beijing News: "Esta crisis es el resultado del desarrollo vicioso del capitalismo financiero. Ahora, el frágil suelo donde se levantó el sistema financiero anterior tiene que ser destruido y sustituido por un orden económico justo y equitativo, que permita a los creadores de valor enriquecerse de forma justa y evite que los capitalistas financieros se lleven la mayor parte de la riqueza".
Ante la crisis, los dirigentes chinos insisten en la necesidad de continuar con la política de "Reforma y Apertura", impulsada por el ex presidente Deng Xiaoping hace 30 años para introducir el capitalismo en China.
La prioridad ahora es conseguir un crecimiento "rápido y sano" de la economía doméstica, según el comunicado oficial emitido tras la conclusión del Plenario anual del Partido Comunista Chino, celebrado hace unos días en Pekín. Ante la crisis, "lo más importante es gestionar bien nuestros problemas internos", dijo el comunicado. Una de las prioridades será apostar por mejorar el bienestar de los 730 millones de campesinos que viven en las zonas rurales, una población clave para estimular la demanda doméstica.
Nuevo modelo de consumo
"China es capaz de mantener un crecimiento de la economía relativamente alto estimulando la economía doméstica y el consumo interno", dice el economista Lin Yifu, citado por el Diario del Pueblo. Pero, tras el fracaso del modelo de consumo americano, basado en el endeudamiento de las familias, "habrá que escoger un nuevo modelo de consumo, y "aprender a gastar dinero de forma valiosa, pero más prudente".
"El modelo de consumo estadounidense no puede ser un modelo para China", comentó el mismo rotativo en un editorial. "Los consumidores chinos tienen que hacerse con la idea de un consumo más "científico" y "racional". De esta forma, la economía china podrá alcanzar un desarrollo sostenible y contribuir a la economía mundial".
"Desarrollo científico"
El Gobierno del presidente, Hu Jintao, se ha caracterizado por defender el "socialismo con características chinas" basado en el "desarrollo científico". El principio enfatiza el crecimiento económico sostenible y de calidad, poniendo por delante los intereses del pueblo.
"[El socialismo con características chinas] no sólo se basa en la creación de riqueza social, también en su reparto según intereses sociales; no sólo en crecimiento económico, sino también en el desarrollo coordinado de la economía, política, cultura y la ecología", dijo en setiembre el vicepresidente chino, Xi Jinping.
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jac-inti dijo
jajaja… como me lo estoy pasando hermano!
27 Octubre 2008 | 11:06 AM