ESCEPTICISMO
Para Luis Dumur la política es el arte de servirse de los hombres haciéndoles creer que se les sirve a ellos. Al final van a ser ciertas todas esas afirmaciones de que la política es una labor infame. Sin embargo, también hay que intentar ver la otra cara de la moneda. No sólo por rigor científico, sino porque caer en ese juego podría ser muy peligroso para los intereses, sobre todo, de los más débiles.
Sólo mediante la política se pueden transformar las cosas, principalmente, las condiciones económicas de los más desfavorecidos. Admitir que la política es inservible significaría aceptar que:
1) No hay esperanza respecto a un mundo mejor.
2) No ha habido políticos memorables por su entrega sincera a una causa.
No cabe duda de que la frase, a pesar de que tiene su fundamento, beneficia los privilegios de quienes los tienen. Sin la política ¿habría otra forma de recortarlos y redistribuirlos? (que extraña sinceridad la de Mc Cain cuando criticaba al otro candidato por pretender políticas redistributivas, en un país en el que el 1% acapara el 70% del pib y mueren al año cien mil personas por falta de asistencia sanitaria).
Por otra parte, hay que sospechar de otro elemento importante: ¿no es sospechoso que ante un mundo tan acrítico este tipo de frases logren reproducirse en su contenido más primario? Sólo se dice: la política no sirve, sin embargo, no se concretan casi nunca las causas.
Mejor que decir "la política no sirve" habría que señalar los políticos y las políticas que no sirven. ¿Cómo meter y revolver todo en un mismo saco? Sería tanto como decir: la abogacía no sirve, simplemente porque hay abogados sin conciencia.
Precisamente, los políticos que menos suelen servir son esos que juegan con comodidad y acriticamente en el recinto demarcado por los poderosos; los más críticos juegan o jugaron en la cárcel o en áreas de poca influencia. ¿Ya nos hemos olvidado de todos aquellos que se enfrentaron a lo establecido, a lo constituido, y que por redentores terminaron crucificados?
Esa frase inicial, aunque verdadera en cierto sentido, en determinadas bocas puede sonar cínicamente. No cambiemos nada porque todos somos malos. Pues dejemos de serlo, renunciemos a nuestros inmerecidos privilegios y sobre todo, no le neguemos el mérito a quienes lo tienen.
No es recomendable caer en las redes de lo instituido cuando se eterniza sin cambiar nada para mejorar. Hay dos términos en la política que posiblemente nos faciliten un sistema inicial para analizar las distintas políticas.
¿Qué hubiera pasado en el mundo si desde el comienzo de la historia sólo hubieran prevalecido los conservadores de lo instituido? ¿En que estadio seguiríamos? ¿En el canivalismo, en la esclavitud, en el feudalismo, en el horror de la revolución industrial con sus proletarios sobreexplotados? Sin embargo esta evidencia, aún se sigue denostando la palabra proguesismo. Por supuesto, cuando ese progresismo consiste en redistribuir nuestros privilegios.
Y, si no fuera por la política ¿quién se encargaría de delimitar eso que es conservable de aquello que no lo es?
Por eso, cuidado con las frases excesivamente generalistas. El mundo es demasiado complejo para poder meterlo en una frase. Hay políticas buenas y políticas malas; políticos buenos y políticos malos, y aprender a discernir entre ellas y ellos es madurar como sociedad.
Hasta el propio capitalismo, sistema que es todo lo que se quiera, menos humano, admite distinciones y evaluaciones según su grado de integrismo.
Precisamente, en estas fechas se está poniendo en evidencia una verdad que hasta hace poco era incuestionable: que el sistema ultraliberal de capitalismo, con su mercado absolutamente desregulado, es la mejor forma para hacer del mundo un caos.
Y frente a ese caos ¿sólo cabe el escepticismo? Hay dos clases de escépticos: los que nunca han intentado nada y lo tienen todo, y los que lo han intentado todo y no tienen nada. Unos por omisión, y los otros por continuadas acciones defraudadas. Para los primeros, no creer no es costoso; para los segundos es un lujo y una consecuencia, pero de la que no hay que sacar conclusiones definitivas.
lapolitícaesunaporquería


jotatrujillo dijo
Lo que es seguro, es que los políticos son un mal necesario.
Un abrazo.
2 Noviembre 2008 | 06:59 PM