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La Coctelera

contrapunto

la otra cara de las cosas

7 Noviembre 2008

DISCURSO DE UN EURODIPUTADO ULTRALIBERAL

Queridos y queridas colegas.

Es redundante que diga aquí que Europa es el continente de la libertad. Todos lo sabemos, la historia así lo atestigua. Esa ha sido nuestra constante vital. Salvo espurias excepciones doctrinales, como la del infame socialismo, Europa ha sido siempre eminente valladar contra la tiranía, contra el abuso, contra la inhumanidad.

Más tarde, portando esta sagrada bandera, extendimos su concepto allende los mares, y creamos una hermosa simbiosis: libertad = occidente.¿Hay acaso algo más hermoso, más gratificante, que luchar por la felicidad de la humanidad?

Perdonad mi emoción y que las lágrimas empañen mis ojos, pero no es fácil soportar impávido tanta grandeza, y como carga adicional, ser uno de los representantes de esa grandeza, a veces, sí, incomprendida, pero arropado por vosotros todos, o casi todos (mirada de soslayo hacia el rincón de la izquierda).

Decía que siempre hemos luchado por la libertad, por esa bandera que nos ha honrado desde los albores de los tiempos; y eso es lo que nos ha permitido vivir con prosperidad, lo que nos ha permitido, además, poder extender al resto del orbe nuestras concepciones, nuestra convicciones, nuestra condición de "civilizados". Cuan agradecidos deben estar los otros continentes hacia nuestra generosa labor. Quizás no lo expresen claramente, pero es que los pobrecitos no tienen palabras para hacerlo.

La realidad es que donde quiera que fueramos, allí implantantábamos la libertad. África, Asia, Latinoamérica pueden dar fe de ello, y sólo la mala fe puede negar tan incontestable realidad. Ellos solos no hubieran podido conseguirlo.

Y no hubo ni habrá lugar en el mundo donde reine la tiranía sin que nosotros no hayamos acudido prestos para derrocarla e instaurar nuestro ejemplar sistema de convivencia.

Porque, una cosa es soberanía de los pueblos, y otra muy distinta permitir que la tiranía se enseñoree destructivamente sobre ellos. No es ya una vocación nuestra... ... ¡es un deber cuasi religioso!

Perdonad el tono enfático, pero el asunto lo merece. No se puede ser gigantes a costa de la propia estatura. Ni es disimulable esa grandeza. ¿Y todo por qué? Porque somos libres. Porque hemos luchado por la libertad, porque "hemos" bendecido al mundo con ella.

Y todo esto ¿a través de que mecanismos? simplemente los de la razón, los del convencimiento, los de la ejemplaridad de nuestra libertad.

Y lo digo bien claro y alto, tal y como decía nuestro querido Reagan, pero libertad concreta, no esa de los izquierdosos que no sabe ni suena a nada: libertad de empresa.

Ella ha sido, es, será el buque propicio para que se instalen los derechos para los pueblos, para los hombres, para los trabajadores. Porque, ¿cómo podrían gozar de derechos sin nuestra específica libertad?

Y adentrándonos un paso más en esta matemática de lo perfecto ¿hay algo más hermoso que la libertad y el trabajo actúen en conjunción?

Había un eslogan, sinceramente no recuerdo de quién (voz exterior: ¿de los campos de concentración nazis?), que afirmaba lo siguiente: "El trabajo os hará libres"

Que gran verdad, que hermoso concepto. ¿Podría edificarse el monumento a la libertad en abstracto, sin el concurso del trabajo? ¿Acaso podrían ser libres los ciudadanos de a pié si no trabajaran? Noooo, señores y señoras, noooo.

Y estas poéticas reflexiones político-filosóficas son las que hinchan nuestros pechos de orgullo por el trabajo bien hecho.

Hemos de repetirlo: libertad y trabajo, libertad y trabajo, libertad y trabajo, en permanente y simbiótica conjunción. Que el trabajo hace al hombre, y el trabajo duro, al hombre duro, y el trabajo infinito, al hombre infinito. Ved cuanta generosidad, cuanta preocupación hay por su bienestar.

¿Qué serían la una sin el otro? Son el matrimonio perfecto en el nido de nuestro bienestar. No cabe duda de que aquellos países que no gozan de bienestar es que ni son libres, pero tampoco laboriosos. La holganza, la desidia, tienen un precio.

Que luego no vayan excusándo su fracaso en que si bajos precios de las materias primas, que si intercambios desiguales e injustos, que si expoliación de las riquezas, que si préstamos sin interés fijo, que si fluctuaciones de las monedas. Paparruchas. Cada cual tiene lo que se merece.

Nosotros, vosotros, hemos trabajado con tesón, y he aquí el premio: regir el mundo, mostrar el camino de la verdad, del éxito, de la eficacia; en síntesis, de todo aquello que es producto de la libertad y se adorna de sus beneficios.

No cabe duda de que este premio sobrelleva su carga, su dura carga, la de de la responsabilidad, la de la entrega, la del sacrificio por los demás. Qué se le va a hacer. Es nuestro destino. Jamás los capitanes vivieron mejor que sus soldados. Pero para eso somos capitanes. Hay quienes tenemos vocación de santos, y no podemos escapar a tal designio. Que Dios nos lo premie, y que se lo demande a aquellos otros que no cumplieron con su deber de trabajar incansablemente, al igual que nosotros lo hacemos a dirario en estos duros escaños de la preocupación por el otro, por el más desfavorecido, y en estas interminables horas dedicadas a la filantropía.

Sé que estas palabras no serán noblemente interpretadas (ya que carecen de nobleza, son plebe) por elementos disturbadores de nuestra convivencia, de nuestra perfecta sociedad. Pero no importa: la libertad a veces es eso, soportar la incomprensión de los menos aplicados y disciplinados, de los más chatos espiritualmente, de los menos dotados.

Efectívamente, no nos perdonan que les hayamos demostrado que nuestros idelaes son superiores; que les hayamos demostrado día a día el esfuerzo de nuestra magistratura, que nuestro nuestros espíritu se ha depurado mediante el sacrificio, la entrega, a pesar de que sabemos de la envidia, de aquellos que vivenan a expensas de ese sacrificio.

Pero no se lo demandamos, y dada nuestra gigantesca talla moral, encima estamos protejidos de que ese su gran defecto se nos contagie:

El de los prejuicios. Y porque somos libres nunca caeremos en ellos, ya sean ideológicos, ya sean de clase (si estas en realidad existen) ya sean producto de hostilidad irracional.

Algo esta claro, por libres somos superiores. Y, cuanto más libres seamos, mejores.

Pero no confundamos las cosas... Ya nos dijeron nuestros clásicos (voz exterior: ¿Aristóteles, por ejemplo, la esclavitud es justa y necesaria?) que una cosa es libertad y otra libertinaje. ¿Cómo organizar una sociedad en esa falta de libertad que supone que cada uno haga lo que quiere? Porque, ¿acaso no se pueden tener deseos nocivos. ¿Y hemos de admitirlo, así, sin mayor resistencia? ¿Hemos de permitir que el hombre se autodestruya en la molicie? nooo, señores, nooo...

Nuestra misión es la de instaurar la libertad, aunque sea mediante la coacción, ese es nuestro sagrado deber, nuestra carga, así como erradicar el disolvente libertinaje promovido por esos que desearían regularlo todo para justificar su anarquía, asfixiando esa libertad natural de lo que funciona bien por sí mismo. Ya ven que el libertinaje, en el fondo, es eso, totalitarismo.

Y ¿cuál es el exponente más fiel, más prístino, más significativo de esa libertad? No he de deciroslo, ya que lo sabéis de sobra, pero como es música celestial para nuestros oídos, educados en las mejores y más altas cualidades, lo invocaré para delitaros: la libertad de empresa, la libre empresa.

¿Hay términos más hermoso, más concordantes?

Libertad y mercado.

O libertad más mercado, que suena a delicia en nuestros oídos...

Pero si invocamos libertad, más mercado, más trabajo, entonces llegamos al paroxismo cuasi amatorio. ¿Y podría yo decir estas cosas si no fueran reales?

Pero no todos quieren admitirlo. Sindicatos disolutos llevan días manifestándose en contra de esa libertad. Son los mismos que querrían sojuzgarnos bajo una montaña de normas laborales, de reglas administrativas, de formularios pretendidamente higienistas, de limitaciones esclavizantes, de convenios colectivos, de sindicatos y sus comisarios ¡de horarios!. Escuchadlo bien: ¡¡¡de horarios!!!

Y todo ¿para qué? Pues para escabullirse de sus obligaciones. Esto para nuestra clase, aunque las clases no existen, es un agravio comparativo. Desde nuestra más tierna infancia de clase que no existe, hemos sido laboriosos, productivos, infatigables. Hemos construido un mundo próspero y feliz. Y ahora vemos a quienes jamás construyeron nada, a quienes se opusieron a la evolución de la sociedad querer indicarnos cómo debemos hacer las cosas.

A nosotros. Ellos a nosotros. ¿No os recorre un terrible escalofrio al sospechar, al temer que la sociedad pueda venirse abajo regida por la incompetencia?

Y cuando digo incompetencia lo digo en ambos sentidos: falta de competitividad y falta de capacidad.

Con sus hechos, con sus insidiosas manifestaciones, vienen a decirnos que el hombre para ellos ya no puede ser libre para administrar su vida, su trabajo, su empresa. Que necesita de reglas, de reglas que no serán las nuestras, para dirigir su vida.

A este grado de dictadura hemos llegado al ritmo trepidante de lesgislación "obrera". Ya no es que no podamos administrar nuestra sociedad, es que no podemos ni administrar nuestro propio tiempo.

Señores, el caos, la anarquía, la tiranía, el cuartel. Dicen que hay crisis económica ¿no habia de haberla con esta anomia reglamentaria, este libertinaje sin libertad, este desorden por exceso de orden jurídico, este anarquismo dictatorial, este obrerismo holgazán?

Señores y señoras, escúchenlo bien: la libertad está en peligro.

Señores, señoras, ¡que aparte de la cartera, nos quieren robar el tiempo!

¿Habrá de ser el Estado disoluto, o dios-luto, como prefiráis, quien nos haya de decir cuánto hemos de estar y no estar en el trabajo? A este paso los empresarios vamos a tener que fichar cual vulgares asalariados.

¿Es soportable tanta tiranía? ¿Es posible que a estas alturas el decadente Estado y sus mercenarios quieran encadenar a la floreciente libertad de mercado, a la libre empresa, al liberado trabajador?

Nooo, señores, nooo... No es soportable.

¿Es que no han sido Occidente y su homóloga, la libertad, suficientemente benévolas como para que ahora se desconfíe de ellas? ¿No han demostrado sobradamente que son las primeras en la lucha por el bienestar, aquí y allí, siempre desinteresadamente? ¿No hemos ido por los continentes repartiendo casi pródigamente nuestros parabienes morales y materiales?

¿Y no hemos tenido que enfrentarnos al torpe rechazo, a la torpe resistencia de muchos por no comprender la generosidad de nuestras intenciones?

¿Cómo que no? ¿Acaso no somos sólo el 15% de la población mundial? ¿No demuestra ello que nosotros por libres hemos conseguido lo que los otros no? ¿No es evidente la ecuación? ¿No es patente que han fracasado estrepitósamente por no comprender ni respetar nuestra regla de sin reglas?

La libertad de empresa, sinónimo de libertad total, establece una frontera nítida entre la historia y la prehistoria. Peor para aquellos que prefieran seguir en las brumas del tiempo. La historia se ha acabado (voces externas. Ya, Fukuyama) y no cabe más salidas que aceptarnos o morir. Entiendanme: suicidarse.

Vendrán esos sindicalistas ociosos, y querrán darnos lecciones sobre economía con patrañas como la de la explotación del hombre por el hombre, la del colonialismo, la del intercambio desigual. A nosotros, que hemos padecido desde el comienzo de la historia el la dirección del mundo.

Y todo por no reconocer que la libertad de empresa es el único buque que navega triunfante por la procelosas aguas de la economía, ello porque no pone barreras a la creatividad, a la productividad, a la ingeniería contable, suma de imaginación y poesía.

¿Y porque se oponen? pues simplemente porque su fracaso es ser sólo eso: sindicalistas, o en algunos casos asalariados, en vez de ser capitanes de grandes corporaciones. Como si nostros fueramos los culpables de su falta de capacidad. Señor, cuanta envidia, cuanta ingratitud.

Y no hay que olvidar que son sindicalistas encima pagados por la empresa, muy a pesar de esta por el despilfarro descocado que representa semejante gasto. ¿Pero qué tienen que mediar si la buena voluntad está instalada entre patronos y obreros desde hace siglos?

¿Y todo para qué? Todo para inficionar de odio y desorden nuestra eficacia, para boicotearla y llevarla a la ruína, que para eso hay desempleo, hala, jubilaciones, sanidad gratuita, ¡¡¡indemizaciones por despido improcedente!!!

Improcedente, como si esos grandes capitanes de la empresa se pudieran algo imporcedente. Como se nota que no saben de nuestra responsabilidad, aquilatada de sacrificio y desprendimiento.

¿Ven que gran fallo, señorías? ¿Podría el capitan de trasatlántico ser cuestionado así en su travesía. Sería tanto como provocar un motín, tanto como impedir que llevara a sus pasajeros a las mansas aguas del puerto. Y es que parte del mal es ese: han perdido su mansedumbre.

Sólo es posible cuestionar al capitan bajo un estricto régimen de excepción, porque esa excepción es la que garantiza nuestra libertad. La libertad ha de ser general, pero excepcionalmente tratada, como si de una reina se tratara, que en definitiva eso es, la reina de nuestro atareado quehacer.

Otro gallo nos cantaría si la selección de la vida permitiera demostrar, seleccionar sin protecciones, quienes somos los que valemos y quienes son los inútiles, los incapaces, los desechables.

Excepción y excelencia, otra sabia combinación, para que el orden y la ley en su ausencia se manifiesten en salvífica misión. Porque de salvar la civilización se trata.

Y aquí aclaro que la ley no es un elemento neutro. Como no lo es una pistola. Es igual la pistola del delincuente que la del simpático y bonachón policía. Pues eso, que la ley no es la misma según la promulguen unos o la dicten otros.

Pero no nos dejaremos llevar por su odio. Que con su pan se lo coman.

Nosotros somos de talante natural generoso y olvidadizo. Desde los albores de los tiempos hemos olvidado todo el daño, todos los padecimientos, todas calamidades que nos han inflingido. Hemos olvidado su tiranía, su abuso, su a veces prepotencia, porque prepotencia es querer regular nuestras empresas, nuestras fábricas, nuestro dinero. ¿O no?

Claro, Vds. señores del rincón (ruido en el rincon de la izquierda), como nunca han tenido nada por su incapacidad, se burlan. Es fácil hacerlo. En nuestro lugar querría verlos yo, viendo como en su casa el extraño quiere imponer la educación a su propio hijo.

En fin, que Dios se lo demante.

Yo, que soy positivo porque no olvido el ideal que me alienta, avanzo otro paso: no se trata sólo de ser libres, sino de ser libres e higiénicos.

¿Es que no han comprobado esos sindicatos, esos diputados minoritarios del rincón, que el ocio es uno de los más terribles males para la salud humana? Que por él perdemos el poder sobre nuestro propio cuerpo y autonomía?

Dicen, olas, oleadas de droga. Y de drogadictos, añado yo. ¿Podría ser de otra forma? ¿Cómo esperaban que terminaran los trabajadores que así holgan, tanto tiempo fuera de las fábricas, de los comercios, de los centros de producción? Pues entregándose a la disipación. Alcohol, puro alcohol es el ocio y el tiempo libre ¡¡¡infame droga!!!

Porque algunos creerían que estaba hablando estrictamente de economía. Pues nooo, estoy hablando de pura ética. La empresa es el buque, la laboriosidad el timon, la ética nuestra carta de navegación.

Y eso es lo que nos ofrecen quienes no quieren nuestras reglas anómicas; que seamos como ellos, disolutos, drogadictos, enemigos de la libertad de mercado, enemigos de la creatividad, enemigos, en suma, de la libertad del empresario para seguir mejorando el mundo.

¿Acaso pretenden que vayamos al desempleo, nosotros? Jamás aceptaríamos semejante baldón, semejante insulto, semejante dependencia. Sepan que tenemos dignidad. Antes nos sacrificaríamos en la ejecución de un golpe de Estado por la libertad.

¿Es que acaso quieren atar las manos que aparte de darles de comer, luchan permanentemente por su libertad? Nooo, seguro que noooo.... (aplausos en la parte de la derecha).

Que mal pensados son esos sindicatos y esos diputados minoritarios arrinconados en la tradición, en el inmovilismo, en institutos obsoletos como los del Estado. El occidente libre devanándose los sesos para concederles bienestar y ellos desconfiando, tal y como hacen todos los débiles de espírituo, todos los corruptos; como si alguna vez, en nuestra larga historia de libre empresa no hubieramos sido el cobijo de los menesterosos, de los que sin nosotros serían eso, simples parados.

Voy terminando ya que soy consciente del agotador esfuerzo que representa nuestro trabajo diario, tanto activa como pasivamente...

¿Y cuales son nuestras banderas? ¿Dije la libertad? Pues ahora corrijo y digo más: la libertad absoluta.

Que nadie perjudique al trabajador con impedimentos a su desarrollo. Que nadie busque su destrucción por la vía de la molicie ociosa, que nadie le embrutezca con excesivo descando.

Como si fuéramos la histórica armadainglesa, ahí van nuestros galeones, con sus respectivas enseñas, dispuestos a hundir las mentiras de los pérfidos reglamentaristas, de los estatalistas, de los timoratos.

Ahí, va, y cada galeón, al tronar de sus cañones, proclamará una virtud empresarial.

Uno nos dirá: abajo los convenios colectivos limitantes de las riquezas de las naciones civilizadas.

Otro proclamará: abajo las reglas laborales que inquietan y alteran la concordia entre empresarios y trabajadores, como si no pudieran mantener un dialogo "civilizado" de bis a bis" sin otras reglas que las de la palabra dada. Que insulto a las partes convenios colectivos de "desconfianza".

Y otro a su vez, nos dirá con su ensordecedor clamor: abajo aquellos que quieren adocenarnos y no permitan que las relaciones laborales sean fluidas y tácitas entre particulares autónomos. Solo la muestra de un contrato es un acto de lesa desconfianza. ¿Voy a pensar yo que el trabajador me va a engañar? ¿Va a pensar él que quiero engañarle yo?

Y el de más alla, tronará ¿y con que derecho el Estado pretende imponernos horarios extraños a nuestra libre voluntad, a nuestra libertad?

Y otro de aculla bramará: ¿acaso pretenden demostrarnos que como raza somos menos productivos? ¿Es que va a ser más laborioso los chino que nuestros trabajadores?

Y termino, señorías:

Y todos los cañones y galeones al unísono, clamaran contra la gran ignominia y proclamarán el grito de los verdaderos trabajadores, serios y responsables:

¡¡¡Abajo los vagos!!!

¡¡¡Abajo incluso esos que quieren limitar la jornada laboral a 65 horas.!!!

¡¡¡Por la libertad absoluta del hombre. Por, en definitiva, su dignidad y su derecho a trabajar todo lo que le de su real gana!!!

Nota: El diputado no existe: el discuros seguro que sí.

65horassemanales, banderasdelibertad

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1 comentario · Escribe aquí tu comentario

LUISM

LUISM dijo

LA LETRA EN NEGRITA ES CASUAL...

7 Noviembre 2008 | 07:06 PM

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Sobre mí

NO DIRÉ QUIÉN SOY --- MEJOR DIRÉ QUIÉN QUIERO SER --- ; QUIERO SER UN VEJETE YE-YÉ --- QUE AUNQUE LE VUELE POR EL AIRE LA DENTADURA POSTIZA --- FANÉ Y DESCANGALLADO --- BAILE ROCK AND ROLL, YENCA, PASODOBLE Y, SI SE TERCIA, MINUÉ --- ; CON JEANS Y JACKETS --- MI PEQUEÑA ESTATURA --- CULITO SANDUNGUERO CEÑIR --- --- ; Y PELUCA ALBOROTADA, GAFAS NEGRAS, A MODO DE FELPA --- ANTE LAS NENAS LUCIR --- ; QUIERO PUTEAR LO PÚBLICO, PERO DE UNA PENSIÓN CARDÍACA SOBREVIVIR... .... ; QUIERO PUTEAR LO ESPAÑOL --- AUNQUE BARRIOBAJERO CASTIZO NACÍ --- ; Y LA UNIÓN JACK EN MI ESPALDA --- COMO UN BRITISH MÁS LUCIR --- ; Y ANTES DEL DESAYUNO, DESPUÉS DEL ALMUERZO, ANTES DE LA CENA --- Y DESPUÉS DE ELLA--- UN BUEN GIN TÓNIC DE SU MAJESTAD VICTORIA --- A LA SALUD DE MI REINA CONSUMIR --- ; MI PASIÓN ES EL PAN, EL VINO Y EL CIRCO --- QUE PARA ESO CON FRANCO --- TANTOS AÑOS VIVÍ --- ; COMO SE VE --- TANTO NO PIDO --- SINO SER COMO EL INTEGRAL CLOWN --- QUE CON SU MORTADELO Y FILEMÓN Y SU JUEVES SEMANAL --- ENTRETIENE SOLÍCITO AL PERSONAL...

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