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La Coctelera

contrapunto

la otra cara de las cosas

16 Noviembre 2008

"COÑOS"

 

Este es el sesudo título de uno de los libritos de Juan Manuel de Prada (no podía ser Juan Manuel Prada, que suena a plebeyo) que a pesar de todos los enchufes de clase y de banderio no logra despuntar en el mundo de las letras, y eso que la competencia está algo baja y a él le regalan ocasiones. Quizás lo logre con algún otro librito de título llamativo, como "Pollas" o "Culos". Verdaderamente el asunto que trata ese librito es determinante para la humanidad.

Pero más valiera que siempre fuera así, porque cuando se pone profundo le da por desempolvar los conceptos jurídicos de derecho romano que aprendió en su juventud y a los cuales trata de retrotraernos.

De vez en cuando suelta una parrafada jurídica contra los animales por la vía sibilina. Nunca terminas de saber, en tan profundo misterio, si mató al adorado Cesar porque amaba más a Roma o al revés. Que de Brutos está lleno el mundo.

Es decir, que el profundo articulista "de Prada" de los prados, negando la posibilidad de derechos para los animales, llega a afirmar que "en esta vindicación de los derechos de ´los animales´ subyace ese eclipse de la conciencia que C.S. Lewis designó ´abolición del hombre´. Los rojos ateos, está claro.

El problema ya no está sólo en la pregunta que plantea: "¿Cómo puede erigirse en sujeto de derechos un ser que nunca podrá ser sujeto de obligaciones?". Gracias a él descubrimos que la petición de derechos para los animales en realidado oculta una operación destructiva contra la humanidad, una especie de revolución no ya contra la propiedad, sino contra la razón.  Algo así como un planeta de los simios real. Monos y rojos confabulados en una operación terrorista de profundo calado.

Para argumentar, manipula sus propios argumentos. Dice: "Aquí podrá oponerse que tampoco los niños, y mucho menos los nasciturus pueden asumir obligaciones, pero en ellos reconocemos una potencialidad, sabemos que en un futuro más o menos próximo podrán hacerlo... Digamos que la capacidad de obligarse de un niño está ínsita en su condición humana".

Pero claro, olvida aclararnos qué ocurre con el incapaz irrecuperable, que necesita durante el resto de su vida que su incapacidad de obrar, es decir, su capacidad para obligarse, sea suplida por un tercero. Operación que hasta ahora no ha conllevado ningún riesgo para la especie humana.

Los argumentos de de Prada están manidos y superados, y su mala fe sólo convence a las industrias cárnicas, laboratorios y cosos taurinos. Los maltratadores de animales ilegales  (peleas de perros, de gallos, etc.) como ilegales que son, no se creen estos cuentos. En eso son más lúcidos. Tienen asumida su condición de bárbaros, y se joden (con perdón) en ella.

Respecto a las ficciones jurídicas nos las sabemos todas desde que León Felipe nos alertó sobre todos los cuentos que nos cuentan.

Igual que el derecho creó una ficción jurídica para conseguir al revés lo que argumenta el autor de "Coños", podemos crear cualquier otra ficción jurídica para lo que nos dé la gana. ¿No justificaba hasta hace poco que la mujer no votara? En Liechtenstein, en plena y civilizada Europa, no lo consiguió hasta 1984.

Si los esclavos, seres capaces de obligarse plena y suficientemente, fueron convertidos en cosas por una ficción jurídica milagrosa ¿por qué no podemos realizar la operación contraria y convertir las cosas en seres capaces de obligarse mediante la integración de su capacidad por un tutor?

Pero, además, esta no es la cuestión. Estas son ganas (reiteradas, es decir, siempre la misma cantinela seudojurídica) de de Prada para, entre otras cosas, hacer política.

Nadie pretende convertir a un animal en presidente del Banco de España o del gobierno de la nación. Simplemente se trata de procurar una protección jurídica lo suficientemente poderosa para que no se transgreda permanentemente por el magnífico humano.

Lo que se pide no es atravesar a nado el océano; está ya articulado en leyes de otros países.

Y es que juegan con las palabras para despistar a ingénuos y maltratar y explotar comercialmente a seres indefensos. Palabras y más palabras; palabras antiguas.

El animal no es capaz de obligarse jurídicamente. Pero, como el humano, que tampoco lo hace voluntariamente, si es capaz de cumplir con obligaciones diarias. Si no que le pregunten a esos pobres caballos tirando todo el santo día, que poco tiene de santo, de un carro. O el perro que nos salva de los escombros. O de la oveja a la que esquilmamos bien esquilmadamente, como a los asalariados.

Termina el artículo con una frase apoteósica. Ya lo decía Victor Hugo: "de los sublime a lo ridículo sólo hay un paso":

 "...endiosar a los animales es como desdiosar al hombre; esto es, como abolirlo".

Ya salió todo revuelto, el rancio conservadurismo: Hombre, hecho a imagen y semejanza de Dios. Hombre = dios. Hombre-animal, clases. Clase, irreversibles, cualquiera que sea el ámbito. Nada alterable, todo inalterable. Cada cual con sus privilegios, obligaciones y cargas. Eternamente, que yo vivo de puta madre (que este argumento barriobajero es el más verídico y menos melífluo).

Subliminalmente, también una crítica al gobierno por la ley de protección al simio, en cuanto es degradatoria de la condición santa (palabra también jurídica, la santidad de la cosa juzgada) del hombre. Una operación, en definitiva, contra el orden que Dios instauró.

Este artículo está publicado en XLSemanal, cuya portada es un monumento a la divina humanidad y a su gestión sobre la tierra: un anciano (Chad) en los huesos, en desnutrición extrema, tal como se puede leer a pié de portada..

Echando una ojeada a nuestro alrededor podemos comprobar que vivimos regidos por conceptos y actos jurídicos que hablan de la perfección del género humano, y de su religiosidad, y de su fraternidad, y de su sentido de justicia distributiva, etc. etc.

Tags: conos

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lascosasdepepe

lascosasdepepe dijo

esos actos juridicos,,,,menuda sociedad, desigualdad.

un abrazo.

16 Noviembre 2008 | 02:00 PM

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Sobre mí

CATECISMO IGLESIA CATÓLICA 2416 Los animales son criaturas de Dios, que los rodea de su solicitud providencial (cf Mt 6, 16). Por su simple existencia, lo bendicen y le dan gloria (cf Dn 3, 57-58). También los hombres les deben aprecio. Recuérdese con qué delicadeza trataban a los animales san Francisco de Asís o san Felipe Neri. 2418 Es contrario a la dignidad humana hacer sufrir inútilmente a los animales y sacrificar sin necesidad sus vidas. Es también indigno invertir en ellos sumas que deberían remediar más bien la miseria de los hombres. Se puede amar a los animales; pero no se puede desviar hacia ellos el afecto debido únicamente a los seres humanos.

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