A ESTAS ALTURAS
Un hospital público, el Carlos III, de Madrid, dedicado entre otras cosas a la investigación del sida, en un folleto aconseja la castidad como medio para evitar su contagio.
Además, dice que "la homosexualidad es una alteración de la conducta", recomienda el ´amor verdadero´ entre un hombre y una mujer" y condena "la promiscuidad, la masturbación y el aborto".
¿Son estos asuntos realmente de la competencia de un hospital de investigación?
Algo extraño está pasando en nuestro país. Junto a la justificación de una dictadura como la de Franco, con más de 200.000 víctimas represaliadas, se añaden intentos de integrismo moral, como si se anhelara una vuelta al pasado.
No es ya que se justifique con intención política una época supuestamente sperada, sino que se pretende volver, como mínimo, a su anacrónica moral.
Se supone que quienes han redactado el folleto son científicos. Sin embargo, semejantes opiniones no parecen propias de un científico, sino de un Savaranola moderno.
Aparte de ¿cuál hubiera sido la reacción si con dinero público se editara un documento que promoviera el amor libre con desconocidos como terapia contra el estrés, por ejemplo?
Estamos atravesando una crisis grave, con sus múltiples implicaciones, y todavía quedan reductos supuestamente científicos, que sólo les preocupa si unos u otros se tocan o no. Ahí radica su ciencia (el otro día encontré en la biblioteca pública --¿quién habrá realizado tan importante repesca-- un libro de educación sexual de la época que recomienda que a partir de los cincuenta no se tenga más de una realción sexual al año. Pobrecitos).
Precisamente estos sectores son los que luego utilizan las costumbres de otros países, para, intrumentalmente, denigrarlos. Costumbres que en uno u otro nivel, son de la misma ráiz que las recomendaciones que proponen estos científicos o seudocientíficos.
Conozco a un doctor experto en drogodependencias que recomienda el cristianismo como medio para deshabituarse de la droga. Este debe ser el resultado de 70 años de inanidad crítica. Todo está guay y los que se preocupan o rebelan son negativos y quejicas.
Sin embargo, los lamentos, las quejas, los ataques de la caverna no son ni negativos ni quejicas. Son encomiables combates por un ideal.
Digo este país, pero en estos días nos ha visitado un "historiador" norteamericano, Mr. Payne, para aclararnos que lo de Franco estuvo muy bien. Es decir, que allí también van a la par. No en vano el creacionismo es asignaturas obligada en muchos colegios.
La justificación que arguye es la "violencia republicana". Normal en él, ciudadano de un lugar en el que no hay violencia y jamás se recurre a ella. Lo de Irak fue eso, reacción preventiva, si es que eso puede existir.
Pero, quizás, mejor que dedicara su tiempo a ilustrar sobre como le robaron Tejas (su tierra) a los mejicanos, O nos aclare que opina de los Fernando VII, de los Pavía, del caciquismo, de la custión social, de la reforma agraria, de la miseria del proletariado prerrepublicano, del filofascismo de la CEDA, de los pistoleros antisindicales en Cataluña, de la sanjurjada, de la exclusión de la mujer de todo, que luego escucharemos sus razonamientos antiviolentos.
Hace unos meses un sector de la derecha reaccionó negativamente por la elección de Rajoy. ¿Por qué? simplemente porque pretendia bajar el cotidiano tono de agresividad de quienes no asimilaban haber perdido las elecciones y utilizaban ese argumento tan de moda en el mundo: cuando no ganamos es que las elecciones están manipuladas.
Es decir, que tenemos un sector de ciudadanos que siempre va más allá de sus propios dirigentes, condicionándolos. Con Fernando VII algunos llegaron a gritar "Vivan las caenas" y "Muera la nación" (vaya con los patriotas). ¿Que gritarán hoy? ¿"A por ellos", en clave política?
Sería bueno que cada uno de nosotros, todos sin exclusiones, reflexionáramos sobre qué es convivir. Porque así no se puede. Uno de los problemas de la carrera nuclear es el llamado (fenómeno +1), es decir, lo que tú hagas, más uno.
Esa mentalidad puede terminar en cualquier drama.
¿No logrará la sensatez imponerse? ¿Será imposible que hagamos un análisis despegado de nuestros actos y de sus antecedentes? ¿O tiene mayor atractivo la salida de tono insultante que creemos nos dará prestigio.
Realmente, si fuéramos patriotas, pensaríamos que somos un espejo a través del cual vamos a ser enjuiciados universalmente. Y podríamos apliacarnos esta reflexión de Kant: "Actúa de forma que la máxima de tu conducta pueda ser siempre un principio de ley natural y universal".
Sin embargo, preferimos la tortura del Toro de donde sea, o tirarnos los platos a la cabeza, con regocijo de los que no quieren avancemos, o el cainismo, pensando que nos hace poderosos (craso error, el poder no lo da la mala leche, sino la potencia de todo tipo que uno tenga), o los Jimenez Losantos, a cualquier razonador, que este no tendrá audiencia (y ahora incluyo a ese cuyo nombre desconozco, que ha llevado flores tricolores y a dos travestis al Valle de los Caidos).
¿No deberíamos preguntarnos si no es buena cosa estár dirigidos antes por histriones que por pensadores verdaderos? ¿Es ese un buen vaticinio?
Añadido el día siguiente:
"Los folletos han sido retirados por la dirección.
