¿SIN NOVEDAD EN EL FRENTE?
Frente ante el islam, frente ante la emigración, frente ante los rusos, via Lukoi (o como se escriba), frente ante la educación ciudadana, frente ante la aconfesionalidad de los colegios públicos (¿Pablo Iglesias podría presidir un aula de los jesuitas a instancias de un sacerdote progre?), frente contra Zapatero por lo que hace igual que los otros, frente ante el matrimonio homosexual, fente ante el divorcio rápido, frente ante la eutnasia, fente ante la negativa a que la madre Maravillas presida algún salón del Congreso, frente ante Rajoy (que es muy moderado), frente ante Gallardón, que es un llorica (Jimenez Losantos), frente ante los que no se enfrentan... y rápidamente, con tanto frente, la deriva del misil-insulto.
¿Somos normales los españoles? Porque hay dos versiones: los que pasan de todo y los que no pasan de nada y se encabritan, desgañitan, arremangan y están dispuestos a armar el dos de mayo.
Sin embargo, jamás se dice nada cuando nos enteramos de que los ingleses, principalmente, vienen de vacaciones a operarse en nuestros colapsados hospitales. Jamás se dice nada contra ese cine que maleduca a nuestros hijos (los que los tengan) mediante permanentes campañas de violencia y de consumo de alcohol, en las que sus estrellas no sueltan la copa ni en el baño. Jamás se dice nada de esos videojuegos extranjeros que hacen héroes de asesinos. Jamás se dice nada de ese secuetro televisivo, via publicidad de grandes marcas, que nos roba a nuestros hijos (los que los tengas) y el patrimonio familiar. Jamás se dice nada de esos hipermercados atendidos por personal hipocontratado y que en cuanto han ganado suficiente se largan con su historia a otro puerto. Jamás se dice nada de esos empresarios que nos han vendido pisos a 180.000 euros y ahora nos los compran a 130.000. Jamás se dice nada contra esas empresas que hace 7 u 8 años pagaban salarios de 150.000 pesetas y ahora no pasan de los seiscientos euros. Jamás se dice nada de la contratación eventual. Jamás se dice nada de que eso de la formación permanente de por vida empieza a sonar a cuento. Jamás se dice nada de ese entramado financiero que ahora se demuestra ha arruinado a medio mundo con sus fórmulas pererginas de ilumninados. Jamás se dice nada de esas invasiones que provocan masacres de más de un millón y medio de muertos. Jamás se dice nada de que parece que en este mundo sólo hay una ideología legítima: la del separatismo, que por cierto, luego no deja separarse a nadie más.
Es decir, que los españoles estamos virulentamente enfrascados en discusiones que no llevan a nada y que no van a resolver nuestra economía, ni nuestra política, ni nuestra situación social.
Los partidos políticos, en vez de ofrecer fórmular alternativas, debatidas en público, razonablemente, para que sepamos quién es quién, y qué es qué, nos enredan en discusiones de patio que nada aclaran y que ocultan lo más grave: que se desgañitan para decir casi lo mismo.
Es decir, las grandes líneas de la economía, de las finanzas, de la política exterior, son similares, casi secretamente diseñadas por expertos suprapartidarios que se dan la mano a escondidas; y que el déficit democrático, el déficit salarial, el déficit vital, aumenta día a día por su culpa.
Y para que nos entretengamos, nos dejan los restos de quirófano de sus grandes operaciones secretas. Es decir, para que nos matemos por temas que envenenan, que tensan las relaciones cotidianas, el saludo, la convivencia y que, en definitiva, no reportan nada a nuestro bienestar colectivo.
Y tan frustrados estamos todos que nos exasperamos por cualquier asunto nimio que nos agitan engañosamente como un gran capote taurino.
Antes se decía que no hay nada más tonto que un obrero de derechas. Segurtamente hoy se añadiría, y más si encima esta "parao".
Dicho esto, muchos se sulfurarían si lo leyeran. Porque rápidamente habría surgido esa mentalidad tan nuestra del ellos y nosotros. O ellos contra nosotros.
Pero tan enfracados estamos en esas disputas menores, no analíticas, viscerales y de cornamenta taurina (por lo de embestir y cerrar lis ojos) que no se nos ocurre preguntarnos ¿y no serán ellos nosotros y nosotros ellos?
