LOS LIBERALES NO SABEN ARITMÉTICA
Que los potentados defiendan el capitalismo es normal. Es gente inteligente que sabe qué tiene entre manos.
Que lo hagan los trabajadores, no lo es tanto. No es incomprensible, sabiendo la de argucias que se utilizan para despistar. La primera de ellas es cambiarle el nombre. No se le llama capitalismo, sino liberalismo.
El régimen franquista no era capitalista; ni lo eran el fascismo y el nazismo.
No, por eso tuvieron tan inestimable apoyo de industriales y banqueros. Qué decimos apoyos. En realidad fueron sus artífices. Que poco se habla de Juan March, que fue quien acabó verdaderamente con la II República.
Por cierto, fue diputado por Izquierda liberal, precioso nombre.
Pero cuando los mecanismos democráticos (otro eufemismo) fallan, se recurre a la mano dura y lo liberal se evapora oportúnamente.
Todo esto, que es tan elemental y simple, no entra en cabezas que se creen iluminadas. Quizás sea el problema del autodidactismo enfrente de una escuela de pago.
Y si hay algo a lo que están enfrentados esos capitalistas de segunda (quienes lo defienden sin recibir sus réditos) es a las matemáticas. Unas simples operaciones aritméticas servirían para, al menos, sembrar cierta duda sobre la racionalidad y el humanismo de semjante sistema económico.
Pero no, se prefiere la poésía gótica para explicar el problema social del mundo.
Es curioso, dedicamos tiempo a todo, a estudiar sobre futbol, motores, música, toros, extraterrestres, y sin embargo ni un minuto a la economía ni a la política, con lo determinantes que son en nuestras vidas.
Preferimos hablar de economía y de política bebiendo en las fuentes del propio capitalismo. Luego repitimos como loritos el último panfleto llamado editorial que nos han metido con embudo. ¿Existe mayor contrasentido?
En 2006 la ONU ofreció unos datos muy simples pero interesantes, que no han alarmado a nadie, ni nadie se ha rasgado las vestiduras; eso es flema:
Que el 2% de la humanidad posee el 50% de las riquezas mundiales.
Es decir, que si dividimos ambas cantidades entre sí obtenemos un índice de 25.
Si el 2% detenda la mitad de la riqueza mundial, significa que el 98% restante detenta la otra mitad, y si hacemos la misma operación (50/98), el cociente es igual a 0,51.
Es decir, que un grupo tiene un índice de riqueza de 25 y el otro de 0,51...
Y lo consideramos democrático y racional. Si esos índices los traducimos en producitividad o trabaja resulta que los ricos trabajan 98 veces más que los pobres. Claro, por eso son ricos, y por eso nosotros cobramos mil euros y pagamos de alquiler 500 y 600.
No en valde hay trabajadores liberales que se manifiestan así: "Es que somos unos vagos... no como ellos, que trabajan mañana, tarde y noche"... Quizás esta sea la verdadera razón de la propuesta europea de la jornada laboral de 65 horas semanales: equilibrar un poco el sacrificio de ese pobre 2%.
Pero claro, la operación realizada no es correcta, sólo es teórica, en cuanto la ONU añade un dato más:
El 50% de la población vive con el 1% de la riqueza mundial.
Y así se empiezan a comprender algunas "complicidades". Porque hay un dato bastante más antiguo:
Que el 15% de la población mundial acapara el 85% de la riqueza mundial, es decir, una injusticia bárbara, la relación 2%-50%, y otra algo menos bárbara, 15-85%,
Si a esas dos cifras les aplicamos las mundiales, la relación es 13% (15 - 2) -35% (85 -50) y arroja el cociente de 2,70.
Nos contentan con unas migajas, pero mejor es 2,60 que 0,51.
Por otro lado, a esos liberales capitalistas que les gusta hacer artículos sobre las 164 ejecuciones de Che Guevara, siempre se les olvida otra operación bastante más sustanciosas:
Está indicutiblemente admitido que la pobreza asesina por día a más de 40 mil personas.
Es indiscutible también que eso ocurre en un lugar cuya economía es capitalista (liberal o no).
Nadie es a estas alturas es tan estúpido que no sepa que no hay un primer, un segundo, y un tercer mundo. Las economías son tan interindependientes, tan interrelacionadas, que la riqueza de unos es la pobreza de los otros.
Y no en vano, ya antes, unas pocas potencias estuvieron acumulando riquezas durante siglos gracias a fenómenos como los de la colonización y neocolonización (y ahora su fase superior: la globalización).
Cuanto eufemismo para no decir pillaje.
Tan es así que las presiones sobre las materias primas son los verdaderos motivos de conflicto en todas esas zonas geográficas que aparecen diariamente en la prensa capitalista-liberal, unas demonizadas y las otras angelizadas, bajo la pátina de la caridad, la compasión, la solidaridad y los derechos humanos. Otros eufemismos.
La realidad es qye donde no hay materias primas, no hay conflicto ni campañas humanitarias, simplemente hay muerte. Donde hay materias primas, hay asesinato aunque lo lamen de otra forma.
Por ejemplo, se habla del problema del Congo, pero no se menciona al coltán (1) verdadero motivo del problema.
Ni al petróleo en Darfur... ni, etc. etc. etc. etc...
Y aquí a los liberales-capitalistas les vuelve a fallar la aritmética:
Unilateralmente cuantificamos todos los asesinatos que son y han sido de... los demás..., pero se nos resiste un pequeña operación:
40 mil personas muertas díariamente X 365 días al año x 124 años, que es la fecha que va desde que Carlos Marx empezó a dar el coñazo con sus "tonterías" (que los niños trabajaban en las minas inglesas a los 10 años) hasta hoy, ese capitalismo-liberal-maravilloso ha provocado la muerte de 1.800 millones de personas.
¿Y por qué va a ser culpable el capitalismo-liberal, hombre de Dios?
Pues, hombre, porque así tiene que ser en un lugar en el que muriendo 40 mil personas al día, el 2% tiene acumulada improductivamente en los bancos la mitad de la riqueza mundial, mientras que el 50% comen o no comen con el 1%...
Pero esto, a los liberales, antifascistas, antimarxistas y antinazis no les entra en la cabeza.
Por supuesto, a esos 1.800 millones hay que agregarles los 14 millones de la I GM y los 50 de la II GM, que fueron dos guerras netamente capitalistas, hasta que el director de orquesta de la II se le desconpuso la brújula y se fue hacia el otro lado (que era lo que deseaba la pérfida Albión, después de todo).
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(1) El coltán conocido como el oro gris, por ser ese su color al ser extraído,
es un mineral fundamental para la construcción y mantenimiento de centrales
nucleares y para fabricar proyectiles perforantes y misiles de largo alcance
. También es imprescindible para la industria de los videojuegos y, por
supuesto, para los teléfonos móviles de tercera generación, para los que se
destina cerca del 60% de la producción mundial. El Gobierno de EE UU,
a través del Pentágono, lo ha declarado materia prima estratégica.
El coltán, una materia prima que es parecido a la arena, fue el verdadero
objetivo de la segunda guerra del Congo, conocida por ello como Guerra
del Coltán, en la que murieron cerca de cuatro millones de personas.
Fallecieron de hambre, por enfermedades, tiroteadas o a machetazos.
En esa cruenta guerra, que supuestamente acabó en el año 2003,
participaron nueve naciones, además de veinte facciones distintas
de lealtad indefinida. Estas naciones y facciones, que para la opinión
pública luchaban por motivos étnicos y políticos, estaban
fuertemente armadas. ¿Cómo fue ello posible, teniendo en cuenta que
esas nueve naciones, entre las que se encontraba Ruanda, son consideradas
las más pobres del planeta?
La respuesta es sencilla, pero escalofriante. El coltán no sólo se extrae
en la República Democrática del Congo, donde está el 80% de los recursos
estimados de este mineral . También hay minas en Brasil, Tailandia y
Australia. Pero en estos últimos países hay que pagar mano de obra
en condiciones dignas que resultan muy caras. Impuestos y tasas
gravan la extracción del coltán.
Sin embargo, en el Congo es más fácil. Según datos de la ONU,
entre 1998 y 2002 se extrajeron de esta República cerca de
4 millones de kilos de coltán, que alcanzaron en el mundo desarrollado
un valor de 800 millones de dólares. Casi el doble de lo que
se obtuvo con los famosos diamantes que también se extraen en el Congo.
