LA IGLESIA Y LOS HOMOSEXUALES
"El Vaticano se opone a la propuesta que Francia, como presidente de turno de la Unión Europea (UE), plantea presentar ante la ONU para exigir la despenalización universal de la homosexualidad" (El Público).
Es decir, que una vez más, la Iglesia muestra esa propensión tan suya a complicar la vida de los seres humanos.
Y como siempre, la Iglesia no adopta una posición clara, sino, un poco como los taurófilos, lo hace por amor.
Unos defienden las corridas de toros para que no se extinga la especie, y los otros porque esa propuesta abriría la puerta de la desprotección de aquellos países que no reconocen el matrimonio homosexual.
Pero más allá de estos razonamientos protectores y desprotectores, que extraña es la mentalidad de esta institución.
Creen que el mundo lo ha hecho un ser supremo. Saben que los homosexuales lo son no por una elección consciente y autónomo, y sin embargo, los han condenado al horror de los infiernos y de la exclusión.
Pecado nefando, que creo decían.
Es decir, que el sino de un homosexual es o vivir un martirio en la Tierra, o vivirlo en el averno.
¿Pueden pretender que un ser humano ignore su sexualidad?
¿Hay causa objetiva para que la ignore, mientras no perjudique a nadie?
¿Es realmente reprochable que alguien, en su intimidad, y sin que perjudique a nadie, realice otro tipo de sexualidad?
Es más, ¿puede la evitación de la acción anular el deseo?
¿Por qué la Iglesia se empeña en pedir lo imposible?
Por ejemplo, los diez mandamientos prescriben "no desear la mujer del prójimo". Pero, ¿es este mandamiento factible?
La iglesia puede pedir que no se traduzca en acción ese deseo, pero lo que es absurdo es proponer tal grado de hipocresía que nos neguemos lo que sabemos existe en nostros mismos.
¿Cuál sería la solución, sacarse los ojos?
Todo esto en 2008, igual que hace mil años. He aquí las bondades del conservadurismo por el conservadurismo.
Sin embargo, ni una condena hacia católicos como Pinochet, Videla, Truman, Leopoldo II de Bélgica (1) o sus colaboradores...
Que un hombre ame a otro es reprochable, pecaminoso, va contra el orden de las cosas.
Que un hombre extermine a sus congéneres, hombres, mujeres, niños, ancianos, eso sólo merece silencio y olvido, y no desorganiza ningún orden.
Con su concepción del matrimonio ocurre algo similar:
El matrimonio para el derecho canónico es una institución cuyo fin es la procreación, es decir, se ha de eyacular sin deseo y con una función exclusiva, tener hijos.
Es decir, una relación sexual cada 9 meses y con resultado de hijos, lo que se traduce en unas treinta relaciones sexuales y treinta hijos.
Tres mil millones de parejas, a 30 hijos por pareja, en 20 ó 30 años, 90 mil millones de seres.
Es tan absurdo que hasta parece que hay un error en la multiplicación.
Si cualquier otra organización o institución se hubiera equivocado tan constante, reiterada y empedernidamente, no delegando a pesar de ello, su pretensión rectora del mundo ¿qué dirían los múltiples mecanismos de orden que existen en nuestras sociedades civilizadas? luism.
(1) "Se calcula que durante los años de dominio de Leopoldo sobre el Congo murieron unos diez millones de nativos, la mayoría de ellos esclavizados o amenazados con la muerte para que trabajaran en la obtención de caucho". Wikipedia.
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