SÓLO DOS PROTOTIPOS HUMANOS
No hay que darle más vueltas, sólo hay dos prototipos humanos. Los demás son gradaciones.
En uno, el eje de su existencia es él mismo. El filtro de su mente tiene un
principio básico en virtud del cual lo ordena todo: yo primero.
Parece que es el prototipo más acorde con la naturaleza, que lo subordina
todo a su propia supervivencia, sea esta buena o mala.
Tan es así, que no tiene inconveniente en sacrificar a millones de especies
para que su designio vital predomine. La muerte al servicio de la vida.
El otro prototipo gira alrededor de princios externos a él, a ese yo.
Quizás surgió movido por la reflexión de que la muerte no puede estar al
servicio de la vida. Sin emabargo, su impulso parece bastante menos
poderoso.
La palabra "parece" es intencionada, porque, si bien es evidente que el
egoísmo triunfa sobre la generosidad, o el yo sobre el tú, parace que, apenas sin percibirse, hay algo cuyo designio nos va encauzando hacia mecanismos menos bárbaros, o menos bárbaros aparentemente.
La cosa no está clara, porque ese prototipo egoísta está demasiado presente
y visible para suponerlo en vías de extinción.
Ese prototipo no necesita principios, ni falta que le hacen. Puede mentir,
replegarse, humillarse, evidenciar su patosidad a efectos generales, que, sin embargo, sobrevive, y sobrevive, y sobrevive, incluso a pesar de que su gestión sea un desastre.
Es cruel, desconsiderado, desagradecido, insolidario. Y sin embargo, goza de
cierto prestigio.
Parece cierto lo que Darwin afirmaba: no sobreviven ni los más fuertes ni los
más inteligentes. es decir, no sobreviven los mejores, sino los que mejor
saben doblegarse frente a los vientos que soplan, que tiene experiencia de
que pasarán y él se incorporará nuevamente.
No tiene dignidad ni la necesita. Cuando dobla la cerviz, no baja los ojos, sino
estudia astutamente a quien en ese momento predomina sobre él. "Ya te pillaré" piensa. No como una reflexión de valor, sino de oportunidad. Ya te pillaré desprevenido, sería la frase exacta.
Eso que veíamos en las películas antiguas en las cuales unos ejércitos se
decían a los otros "caballeros, disparen vds. primero" creo que es una de las mentiras más grandes jamás contadas.
Más bien hay que pensar que se atacaban unos a otros con nocturnidad,
alevosía, escalamiento, premeditación, engaño y crueldad, para escarmiento
de los rebeldes.
No les importa mentir. Y lo que es más importante, que les pillen en la mentira. No se sonrojan, pues no tienen sangre. Cuando se les pilla
cambian de ambiente y comienzan la misma historia en otro lugar.
No les importa traicionar: aunque jamás se traicionarán pues su yo es lo único en lo que creen. Lo contrario sería el sucidio.
No les importa huir descaradamente; si se lo echan en cara, aparte de que no
les importa, responderán: ese no era yo.
No les importa provocar debacles, si les han reportado beneficios. ¿40 mil
muertos al día? ¿y eso, qué? Yo voy muy bien.
No les importa que los pillen en contradicciones flagrantes. Todo se olvida, y
como carecen de principios, podrán cambiarlos constantemente, como máscaras que son.
Que la historia demuestra blanco. No hay problema. Quemamos todas las
bibliotecas y asunto concluido.
Que los hechos nos denuncian. No hay problema, los negamos y asunto
concluido. No hay táctica más eficaz, sobre todo para los tontos, que no darse por aludidos. La gente común no suele atender al contenido de las palabras, sino a la expresión de las caras ¿y qué expresión puede tener una máscara que oculta otra máscara?
Por el contrario, los otros, los que tienen principios, de entrada llevan un
pesado saco a la espalda. Si de correr se trata, pierden, pues son menos veloces.
Si hay que atacar con nocturnidad, piesan que la víctima es culpable, pero
que tiene hijos que no lo son.
Si se envilece piensa que no tiene objeto parecerse a su enemigo. Él necesita
ser de determinada forma. Al otro le basta con ganar siempre.
Si les pillas en una mentira se cuestionan su propia razón y su propia decencia y dicen: tienes razón, no ha sido justo lo que he dicho, y el otro se carcajea en su cara, y le espeta: ¿ves, incapaz?
No huyen, la dignidad se lo impide, y así pierden la batalla, porque al otro no
le importó atacar con engaño y ventaja.
Si comete errores, los reconoce, y el otro, que jamás reconoció ninguno, mete
la incertidumbre en su espíritu: ¿ves como tengo razón?
Y como el que tiene principios es sincero, duda, y la duda le debilita. Incluso, cuando se hunde el barco, se siente obligado a dejar que pasen antes niños y mujeres.
El otro exclama cínicamente: ¿No quedamos en que todos éramos iguales? y se carcajea de nuevo, salta al bote de salvación, y si es preciso, a codazos echa a los más débiles.
Sí, con él se producen millones de víctimas, pero se mantiene incólume y
sobrevive.
Así de simple es la historia de la Historia.
Por eso, cuando surge uno de esos que tiene principios pero sabe utilizar
todas las argucias que utiliza el que no los tiene, no hay que criticarlo y sí decir: "que sabio es. Que bien le da de su propia medicina". luism
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