No se trata de analizar la razón o sin razón de unos y otros. No, porque ese apenas es un asunto que preocupe a los medios de comunicación. Se trata de ver las reacciones, y hay que maravillarse de la capacidad literaria de quienes presentan la noticia de los más de 200 muertos en Gaza.

No sería fácil descubrir esa hábil línea que hay entre indignar e informar si no fuera por comparación.

Pero un buen procedimiento es situar la noticia en otro contexto, en otro lugar.

¿Qué se hubiera dicho, o mejor, cómo se hubiera dicho, si hubiera ocurrido en Venezuela, la maldecida, la nueva Babilonia política? Tenemos una intuición sobre el asunto. Aquellos muertos que luego, con el tiempo, se supo que eran del sector oficialista, y no como se pretendió en un principio, de la oposición venezolana.

Israel goza del beneficio de la atenuación. Nada de lo que ocurre con él es excesivamente grave: ni ocupar territorios que no le pertenecen, ni tener a cuatro millones de exiliados, principalmente en Jordania, ni vetar las zonas con agua a los palestinos, verdaderos propietarios de esos lugares, ni cerrar las puertas a los palestinos a cualquier sistema de promoción (muy particular el sistema universitario, aparte de la barrera económica) y ni mucho menos, cada dos por tres, masacras civiles, entre ellos, frecuentemente, niños.

¿Es razonable dejar la verdad en manos exclusivas de unos medios cuyo objetivo final es el lucro o apuntalar los regímenes que llevan a él?

No lo es. Se habla de todo, menos de unos sistemas de información imparciales.

Y sin imparcialidad ¿qué justicia, razón, verdad puede haber?

El sistema judicial, por ejemplo, vincula imparcialidad a independencia.

Claro que la prensa se autodefine como independiente. Pero no valen las autodefiniciones; lo que sí es significativa es la selección de la palabra con la cual pretenden definirse. Independientes, no justos, ni veraces, ni imparciales siquiera: independientes, tal como deben ser los jueces.

Pero ¿cómo serlo cuando el periodista es despedible, incontratable, permanentemente mediatizado por un gran poder económico que le abona su sueldo cada fin de mes?

Bueno, tampoco es una gran falsedad: diario independiente "de la mañana"; eso sí, son independientes de la mañana. El problema es que la mañana también es del propietario.

Que gran habilidad ¿habría podido otro estado entretener durante 60 años resoluciones condenatorias de la ONU sin que la opinión pública tuviera una noción negativa del país?

Más bien se tiene de los palestinos, y de los saharauis, y de todos los desgraciados de este mundo que no tienen poder... de informaciòn...