VOTAR CON LOS PIÉS
No, por mucho que se pretenda, por muy impresionables que sean quienes deseen serlo, no vale votar con los piés.
En su momento, fue aprobado un régimen aconfesional, y hasta la fecha nada mueve a pensar que con carácter general se considere como un error haberlo hecho. Más bien al contrario, se piensa que quedó corto por los condicionantes del momento.
Al revés, sobre todo por la vía de los hechos, se va demostrando que el asunto de la religión no es algo que preocupe especialmente a los ciudadanos españoles.
Es más, los propios que se consideran católicos lo hacen de una forma muy particular, sin que sus creencias maniaten su libertad; se puede afirmar que son unos creyentes con una visión muy particular de su doctrina.
Esto es muy importante, no ya como alabanza a esos católicos liberales, sino como reflexión de que tendría gracia que quienes profesan unas ideas determinadas luego se autoexcluyan de su cumplimiento, intentando cohartar solamente la libertad de quienes no creen en esas ideas.
A ver si va a pasar como en el franquismo, donde había censura cinematográfica para mayores de 40 años (4R, verídico) y los del régimen, gracias a su poder económico, podían surtirse de todo el material pornográfico existente o viajar al extranjero para sus canitas al aire, sustrayéndose de lo que imponían a los demás.
la iglesia debería comprender que es un movimiento confesional, que puede dotarse de las normas que desee, pero exclusivamente para ellos.
Lo que no pueden pretender es que sus reglas hayan de ser asumidas por quienes no las comparten, por muchas causas, una de ellas por su propensión (la de las normas) al error.
Y si desean crear un partido confesional cuyas normas obliguen a creyentes y no creyentes, habrán de hacerse votar suficientemente en las urnas, pero no con los piés.
Aunque concentraran 3 millones de españoles en Madrid (que serían transformados milagrosamente en 6, indefectible) eso no significa ganar ningún tipo de elección ni que la aconfesionalidad de la Constitución quede debilitada.
Por otra parte, no deberían olvidar que todos pertenecemos a un suprasistema, Europa, que igualmente ha sancionado la aconfesionalidad como sistema de convivencia. A ver si vamos a ser europeos sólo para que se propangan 65 horas semanales de jornada laboral.
