DEMONIZACIÓN
Por lo visto, cada época tiene su demonio y su demonización. Ayer eran los rojos. Que vienen los rojos, rojo de mierda, etc.
Hoy es el islamismo.
Si te indignas porque un país masacra a la población civil de otro (o casi otro) el insulto ya está acuñado: islamista.
Y dando un pequeño salto semántico el sustantivo se enriquece con un epíteto: terrorista.
Es decir, islamista terrorista. Cuando sea verdad, vale.
Pero, el Irak de antes era un estado laico, y su mayor crimen, que los tuvo, fue contra un país musulmán, Irán, y sin embargo eso no se aireó tendenciosamente ni le valió salir de la gran trampa que después le tendieron sus propios aliados occidentales.
Hoy Irak es más islamista que ayer, y quizás menos que mañana, pero está bien porque así lo han decidio los gallos del gallinero.
Y los talibanes que EE.UU. financiaba y entrenaba en Afganistán, nunca dejaron de proclamar su radical islamismo. Pero entonces no eran demonios, sino ángeles de la libertad, "luchadores de la libertad". Y contra quien combatían esos islamistas eran radicalmente laicos.
Que poco valen hoy día las palabras. La mentira ha acabo con su significado.
¿Es bueno eso? Por lo pronto ha inutilizado prácticamente la posibilidad de diálogo. Ya las palabras no son un elemento de mediación, sino de agresión, o de encubrimiento táctico con una finalidad agresiva, que es peor.
O cuando la cosa está muy clara, un elemento para el insulto.
Lo importante, después de todo, es que la gente no se entienda, no hable, no detecte las diferencias.
Todo a bulto. Así el desorden ordenado perdurará más tiempo.
