Es una reacción bastante ancestral, carpetovetónica. Se ve que nos han invadido tantas veces que se ha vuelto un impulso de rechazo congénito.
Hay un libro reciente sobre los exiliados españoles que ilustra con detalle el asunto. Salvo la generación de la Constitución del 78, todos los heterodoxos españoles, durante siglos, han terminado en el exilio.
Este, que es un dato histórico, político, es decir, de altura, producto de luchas y enfrentamientos de envergadura, no cabe duda de que tuvo su parte doméstica, cotidiana, popular, en el sentido de proximidad.
Leyendo sobre la Inqusición se comprueba cómo previamente se calentaba el ambiente contra los sectores destinados a ser futuros reos para que las medidas más drásticas fueran recibidas como normales y con el consenso máximo.
La cuestión es que hay determinados sectores que no saben, no pueden convivir. Sólo pueden ser felices en la exclusividad.
No es una exclusividad psicológica la que les mueve--esas sutilezas no son significativas para ellos, luego se arrejuntan con lo más impresentable--, sino la del poder, porque así pueden hacer y deshacer respecto a aquellos que están bajo su férula.
Unos heterodoxos en el cortijo, aunque sólamente les observen de reojo, les incomoda sobremanera. Pueden ser testigos molestos.
Y que solución queda ¿que esos heterodoxos cojan las maletas y se vayan?
Pero esa posibilidad hay que prepararla. Un nacional no puede echar a otro nacional sin más. Ambos gozan de los mismos derechos, raíces, cultura, méritos, supuesto amor a la patria. Es decir, que previamente hay que desacreditarle, anormalizarle, aislarle; en suma, debilitarle.
Es cuando comienza a conformarse la "ideología de la normalidad". Con sus resortes establecen lo que es normal, que en definitiva es la norma, y como esta se conforma a cómo son ellos mismos, ya disponen del claroscuro necesario.
¿Aceptaremos que los que no son normales nos contaminen? propalan por lo bajinis...
Y el asunto hasta se convierte en un problema de salud pública. (En los racismos, en las xenofobias hay mucho de eso: que si no son limpios, que si no son sanos, que si contagian, etc. Extraño: cuando fueron a sus países no tuvieron esos miramientos).
La cuestión es que el grito de batalla se convierte en un "alguien sobra aquí". Entonces, los heterodoxos, que ya saben su destino, hacen las maletas y se van (versión idilica,) todo porque no son "normales".
¿Y...quiénes son los normales?
Si se vuelve a coger la historia, se lleva uno una sorpresa desagradable: en todas nuestras invasiones antiguas las castas más privilegiadas no tuvieron inconveniente en negociar con los invasores. Eso que eran los normales.
¿Condición necesaria? No perder sus privilegios a cambio de entregar a sus vasallos a la explotación del invasor. ¿Hubo en estos caso exilio? Sí, de derechos, de modos de vida, de castas, de propiedades, de cadenas. El exilio puede ser interior.
En nuestros tiempos, en los que la lucha política recoge lo útil de todas las ciencias, lo psicológico y lo lingüísitico son de gran utilidad.
Lo importante es establecer una línea divisoria que nadie no autorizado debe traspasar. De entrada eso sirve para establecer quién tiene el poder disuasorio. Hasta aquí está lo correcto, hasta aquí lo incorrecto; quien lo traspase es un extraño, un enemigo a la patria, un extranjero al servivio de otra potencia (ya se sabe, por ejemplo, que los republicanos eran aliados de los alemanes, italianos, portugueses y tropas moras: unos traidores extranjerizantes...).
Lo normal, la norma, comienza entonces a discriminar, matizar, microscopiar, autocrear nuevos tipos, nuevas jerarquías jurídicas, nuevos presupuestos, hasta que la madeja es de tal volumen que en ella se liará todo aquel a quien se desee desgraciar.
Otro medio extraordinario, el lenguaje, también participa de ese juego, removiendo términos y sustituyéndolos con otros cuyos matices ya no son los mismos, tanto semántica como políticamente:
Por ejemplo: "Es que es Vd. muy negativo..."
"¿Yo muy negativo porque no me gusta ese horrible edificio?".
Es decir, que de entrada ya se le ha cohartado el derecho a su propia visión. Una cuestión de gustos se convierte en un problema personal.
En el XIX seguramente le habrían dicho al hermano de Van Gogh, cuando promocionaba inutilmente los cuadros de este: "Es que es Vd. excesivamente positivo".
Sin embargo, las cosas se pueden decir de muchas formas. No cabe duda de que hablamos como pensamos, y que las palabras que escogemos disfrutan de una coherencia interna que está en nosotros.
Se podría decir, por ejemplo:
"Es Vd. un inconformista".
"Efectívamente, lo soy; no estoy conforme con que se haya invadido Gaza"
¿Qué ha variado? Pues simplemente que en esta segunda frase se ha objetivizado el problema. El problema no es que X sea negativo, anormal, que esté pasando por una depresión porque le ha dejado la novia, sino que para él invadir Gaza contraviene todo el derecho positivo (objetivo) internacional, aparte de otras causas objetivas, que no están en él, sino fuera de él.
Si se hubiéra dicho: "Que negativo es Vd. por pensar que se ha invadido Gaza" estaríamos haciendo un mal servicio a las víctimas. Tan mal servicio como si dijeramos: "Que positivo eres estando contra la invasión de Gaza". estaríamos sustituyendo el protagonismo principal por otro secundario.
En filosofía sujeto y objeto no son tan fácilmente situables como parece. Pero lo que no se puede hacer es imputar una opinión lógica y objetiva a un estado psicológico. Más bien al revés: las situaciones objetivas (las negativas) provocan efectos en las personas. Pero no podemos trasladar la culpa del sujeto que es el receptor del mal, al objeto que lo emite.
El machismo (de Mach) jugaba un poco con eso. Aquello que no podemos detectar nosotros no existe.
Y terminando, si la cosa es tan compleja, ¿cómo vamos a decirle además: "Por qué no te vas a...?".
Echarle (metafóricamente hablando) es negarle su razón, cosa casi peor que negarle su derecho. Y además demuestra que hay un grupo que se cree con el monopolio de la verdad y de la fuerza, lo cual le permite expedir pasaportes para el exilio.
Por supuesto, distinta cosa es si alguien quiere autoexiliarse e irse a Alemanaia o Tanzania. Eso es turismo o emigración.

PUes yo voy a ser, NO CARPETOVETÓNICO, sinó, CELTIBÉRICO y voy a terminar la frase, ¿PORQUE NO TE VAS, DE UNA PUTA VEZ PARA SIEMPRE A QUE TE DEN POR CULO, MAMÓN?.
MAS "CARPETOVETÓNICO", GARRULO, PALETO, DESERTOR DEL "ARAÓ" QUE TU....¡¡¡¡¡IMPOSIBLE!!!!!!.
ERES MAS "CEPORRO" QUE UNA PIEDRA DE MOLINO.
Jajajajajajajajajaajajajaajajajajajaja
SUBNORMAL.
Que bien confirmas el artículo...