GAZA Y LAS PERSONALIDADES TÓXICAS
Gaza no es sólo un problema de los palestinos, que están debajo de los bombardeos, sino de la humanidad "pudiente" entera.
Hoy aparece la noticia de que hay un "humor negro" sobre Gaza. Que la frontera se ha convertido en un "jolgorio colectivo" para los israelíes más ortodoxos. Que los humoristas se ríen incluso de las explosiones de las guarderías. Que los locutores usan un tono futbolístico para narrar un bombardeo ("Público").
No sería justo poner el acento exclusivamente sobre los israelíes. Hacerlo sería quitarlo sobre el resto de la humanidad. Está ocurriendo, puede ocurrir, eso es lo importante, y no pasa nada.
Brown, laborista, seguramente cristiano, occidental, derecho-humanista, dice que presionará a Israel en la ONU. ¿Se decidió por fin? ¿Presionará? ¿Piensa pisar la punta del zapato de la sra. Zipi, ministra de exteriores? ¿Ya no se acuerda de sus primeras y justificativas palabras sobre los bombardeos? ¿No va la cosa como él esperaba? Y ¿cómo la esperaba? ¿Más silenciosamente? ¿Menos desvergonzada? ¿Menos criminal?
Pero tampoco se trata de poner el acento en Brown, dirigente del país que tuvo la brillante idea de un estado judío, disponiendo de lo que no era suyo. No sería justo porque también sería quitar ese acento del resto de mandatarios, instituciones, políticos, poderes legales y fácticos que no están haciendo nada, salvo hacer que el tiempo pase disimuladamente porque cada cual tiene su parcela acotada y es casi feliz.
Salvo unos pocos héroes que están allí debajo, que vergúenza para la humanidad pudiente. Y quizás también, para la no pudiente. Si se tratara de un asunto baladí sobre sexo, sobre pudor, todos habríamos tomado partido airados.
¿No hubo una guerra entre dos países por un partido de fútbol? Los trabajadores que no fueron a manifestaciones por sus derechos, si fueron a la guerra por su equipo. ¿Por qué? ¿Programación?
¿Es esto nuevo? ¿Acaso no mueren al día entre 40.000 y 50.000 personas (ONU) que podrían vivir si no hubiera tanta miseria tanto en la pobreza como en la riqueza?
¿Altera excesivamente? Parece que no. Es más, se justifica el sistema que las provoca.
Y cuidado si ocurre esa excesiva alteración; podría ser considerado una "persona tóxica", de esos que sólo ven la mitad vacía del vaso.
Puede que, incluso a instancias de los psicólogos (Bernabét Tierno, por ejemplo.), llegue el día en que se autorice la reprogramación "para hacer a todos los ciudadanos optimistas". Más pensamiento políticamente correcto.
Es decir, que ya no se tiene derecho ni a la evidencia.
Dicen medio vaso vacio. ¿Cuál es la otra mitad en el vaso de Gaza? ¿Haber quedado "sólo" sin casa, sin trabajo? ¿Sólo eso? Que ganas de llorar tiene la gente.
(Curioso, los pesimistas son más bien de ráiz estoica y exceptica, y en su mayoría consideran las lágrimas como una acción inutil. No hay que olvidar que el ejercicio hace el músculo. Ver la realidad endurece, no verla acomoda).
Y ¿es realmente la mitad del vaso? ¿Cuántos pobres hay en el mundo? ¿Tantos como ricos? Que bien, y que embusteras las estadísticas que establecen menos de 10%.
Pero seamos optimistas a tosa costa. Pensemos, por ejemplo, que el sufrimiento global de los animales no existe en cuanto que no existe para nuestra sensibilidad. ¿Su sensibilidad? una menudencia, el llanto de un pesimista. Una toxicidad.
Lo fundamental es sancionar, como los reyes sancionan las leyes, todo lo que nos ofrece la creación, incluido su especimen estrella, el humano.
Ser pesimista no es bueno. Para los cristianos como Bernabé debe significar que el Ingeniero Mayor no debería tener título. Y que sus peones..., pues eso, que están en una permanente Gaza mundial.
Es decir, que ser pesimista entra en eñ campo del pecado.
No es importante lo que ocurre en esa franja mísera que están miserabilizando aún más. Lo importante es cómo cada persona extraña al asunto interioriza ese drama.
Es una canción que suena a película española sobre monjitas (y encima nos las reponen). "Sor Citroen", "sor ye-yé", cantarinas y confiadas ellas, felices y juguetonas porque perciben los dones del Señor.
Descargadas de culpa, viven livianas, porque todo les es ajeno, y en el seno de nuestro Amado Creador, que no yerra jamás (lo cual significa que somos perfectos; que gusto da oirlo) juguetean con la mitad del vaso lleno.
Ah, y como ocurre en el libro de urbanidad, reeditado como curiosidad y ejemplo, tras el niño malo, despeinado, huraño, hosco, el diablo tóxico.
Una vuelta de tuerca más. El idealismo filosófico teorizado por vía optimista.
Olvídese del objeto. No existe. Es relativo. Lo importante es cómo lo reelabora cada uno, que la vida es creatividad.
Cincuenta años con la cantinela esa de "sea Vd. mismo", "encuentrese" y ahora resulta que hemos de someternos a un lifting mental y ser articialmente quimicos para destoxificarnos de nosotros mismos.
Están cayendo bombas, pero ¿acaso no es azul el cielo de Gaza? ¿Mil muertos? podrían haber sido diez mil.
Además, ¿no seremos todos juzgados finalmente? Es tan transitoria esa objetividad, esa realidad, que no merece la pena perturbar nuestras ensoñaciones de felices distanciados.
Seamos optimistas; nada tiene de real ese proverbio que dice que el pesimista es un optimista informado.
¿Molesta lo de Gaza? Es fácil resolverlo cerrando el periódico, apagando la radio, el televisor, la mente.
Si la paz está en el interior de uno, también lo está en Gaza.
Dicen que los indios viven bastante felices gracias a su religión. Cuando reencarnen, gracias a su conducta, seguramente vivirán en una casta superior. Dicen.
Por cierto ¿qué pasa si uno es un optimista hebreo subido en un cazabombardero o en un tanque? ¿O si se acerca a la frontera para refocilarse feliz con la masacre? Ese positivismo, esa desobjetivación emprendedora ¿es tóxica, se neutralizan sus componentes?
En fin, que viendo Gaza y la reacción mundial es facilmente comprensible que pueda haber optimistas impenitentes. Están preparados para todos los avatares de la vida (al menos para los propios).
Porque hay algo que nadie me quita de la cabeza: los psicópatas, tan poco empáticos ellos, tan impasibles ante sus víctimas, tan justificativos de la fatalidad cuando son actores de la desgracia del prójimo, lloran y patalean cuando los van a ejecutar.
Los pesimistas, sin embargo, son muy conscientes de que van a morir y están preparados para el evento desde el primer día que lo descubren.
Por cierto, que eso de "reprogramar" suena a humanismo futurista.
Si nos destoxifican en algún campo de concentración optimista, que al menos no nos quiten ese recurso, el de ser indiferentes al valor de la vida y de la muerte.
Por cierto, estoy convencido que los ministros del gobierno hebréo son todos optimistas. Sobre el de Gaza ya no sabría qué decir.



Jo dijo
Cada vez estamos más cerca de la novela 'Un Mundo Feliz', de Huxley. En realidad, con coches o sin coches, con móviles o sin móviles, seguimos siendo los mismos trogloditas de los tiempos de las cavernas. La mente no ha cambiado, sólo el traje y el tipo de bastón para aporrear al prójimo.
16 Enero 2009 | 08:47 PM