Resulta curiosa la rapìdez con la que la uno mismo puede cambiar de criterio. Quizás por eso es tan difícil optar con firmeza por algo.

Nada más leer que se iba a pedir perdón por el suceso de la esclavitud (suceso ¿cabe otra palabra? ¿fenómeno, como sinónimo de monstruoso?) se recordé el siguiente chiste:

"Os pedimos perdón por lo que os hicieron nuestros abuelos. No os preocupéis, nuestros nietos os pedirán perdón por lo que nosotros hayamos hecho".

Sin embargo, leyendo muchas de las reacciones del público manifestadas sobre el asunto, en las que incluso se llega a cuestionar su calendario (es imposible hacerlo con su existencia), ya no parece tan absurda, inútil o cínica la iniciativa.

Absurda porque parece relacionada con la condición racial de un presidente de los EEUU recientemente elegido.

Inutil porque lo pasado, pasado está.

Cínica porque es increible que seamos tan sensibles por sucesos pasados cuando por otro lado estamos realizando actos similares en el presente.

La cuestión es que, hagas lo que hagas, lo que fue mal hecho así se queda. La realidad siempre nos traiciona, como decía Peter Sellers en una película.

Y es evidente que, al margen de la sinceridad, oportunidad, eficacia de estos golpes de pecho al estilo del pecador impenitente que se arrepiente, confiesa y vuelta a empezar, todas estas medidas también tienen en su composición un altísimo porcentaje de oportunismo.

Saben que somos como los galgos: basta con soltar la pobre liebre para que corramos tras ella y confundamos el asunto hasta el extremo de que no quede ningún rastro cierto.

Estaría bueno que la iniciativa, al ritmo de la imprevisibilidad de los humanos, terminara por empedernir un nacionalismo sin conciencia. Uno de esos comentarios pregunta: "¿Es que sólo los europeos tenemos que pedir perdón?" Podría contestársele que nosotros pedimos perdón, pero que a los otros se les castiga con bombardeos.

Sensación recibida: dolor el mínimo.

Paralelamente, aparece otra noticia: el tirón que tienen las novelas sobre el Holocausto.

¿La noticia es casual o pretende recordar al público que Israel está poseído por un justificado temor histórico que le obliga a actuar como lo lleva haciendo desde 1948?

El Holocausto merece un museo, y un monumento, y una permanente conmemoración. El Holocausto demuestra, no sólo lo que fueron capaces de hacer los nazis, sino lo que fueron capaces de hacer los hombres. Si no ¿qué es eso otro de la esclavitud?

Además, ¿por qué 6.000.000 de víctimas tienen prioridad, preeminencia, sobre las restantes, (44.000.000), que también murieron en ese periodo y por las mismas causas y sumidas en el mismo horror?

Por ejemplo, mis abuelos me contaban que habiendo matado la resistencia francesa a un soldado alemán, como represalia metieron a todo el pueblo, incluidos niños, en la iglesia, y le prendieron fuego. Y lo mismo ocurrió en el pueblo de al lado.

¿Por qué no hay novelas sobre estas cosas, y por qué no suscitan interés? ¿Más bien porque no se promocionan? ¿De quién son las editoriales?

La cuestión es que estando de acuerdo con resoluciones y reacciones, con lo que no se está de acuerdo es con los matices. Es como si en una escuela los profesores sólo se dolieran por las penas del primero de la clase. Por supuesto que sufre, pero como los demás alumnos.

Porque, sí, hay comentarios que tienen su punto de razón; que si acabó en tal fecha y no en tal, que si patronazgo, que si cien millones, que no, que sólo cincuenta, que qué hacían los musulmanes, que si nosotros qué tenemos que ver...  pero también se evidencia de que ya no nos pasmamos por nada, y menos por la historia de la humanidad.

Más bien parece que la filtración permanente de estos hechos nos van insensibilizando, hasta olvidar el núcleo de la noticia y empeñarnos en lo adjetivo.

Seguro que en España terminará en una disputa entre PSOE y PP, donde lo último que se plantee es el asunto en sí y sus parangones actuales.

Hay algo que también asombra sobremanera, y es que congresistas de otro país, bastante más endurecidos que cualquier ciudadano normal, dados los niveles de información que manejan, a veces se muestren más sensibilizados que propias madres que tiene hijos.