SIN ACRITÚ
Si yo tuviera poder, sobre todo un poder ilegítimo, pagaría a gente desalmada para que fomentara la intolerancia.
Que la gente dialogue, intercambie ideas, las corrija, lo interpretaría como una amenaza a ese poder.
Le diría a esa gente a mi servicio: vosotros id a donde sea, y enfollonad. No importa qué sustentéis, lo importante es que no hablen entre sí, que piensen que opinar equivale a conflicto seguro.
No tendría que pagar a esa gente durante mucho tiempo. Las cosas se contagian. Al final todos se enfrentarían contra todos. Ideal para mi poder.
"Mientras los pobres se enfrenten entre sí, nuestros privilegios están asegurados", le dice el aristócrata a su compañero, en la película.
Sin embargo, si quisiera quitarme el poder a mí mismo, pediría a la gente que hablara entre sí, que razonara, que intercambiara ideas sin ningún temor a equivocarse, a decir "supuestas" tonterías.
(Mayor tontería que llamar bienestar a 700 euros de salario).
Les diría: proponed. No importa que la idea sea acertada o no, erronea o no. Lo importante es que una idea nazca, se depure con otras ideas, se desarrolle, y si es preciso, que se extinga si no vale.
Lo impotante no es esa idea inicial. Lo importante es que la gente se acostumbre a razonar, a corregir, a expresarse sin complejos.
Ni un buen artillero acierta a la primera. Dispara y corrige. Hay elementos que alteran los más precisos de los cáculos.
No hay que partir de que una idea sea asumible desde el principio. Es un tanteo. No puede haber ideas perfectas desde su nacimiento, ya que desde ese momento está condicionada por la persona y las circuntancias de la persona que la propone.
Pero esa propocisión ya parte con un porcentaje de acierto, en cuanto que ha sido realizada por alguien similar a nosotros.
Quizás ese sea el objeto de la cultura, ejercitar la mente, no garantizar ideas acertadas.
Hay un término que no me gusta, algo así como "tormenta de ideas". Sin embargo, tiene sentido, es un concepto muy inteligente. Permite abrir nuevos caminos a la reflexión.
Vd. diga lo que se le ocurra; la primera tontería que le pase por la cabeza, que igual de esa idea surge una genialidad.
Pues, eso, atormentemos a las ideas (y al que nos lea); no nos importe ser tóxicos, o molestos, que algun porcentaje habrá, no sólo en nuestra proposición, sino en la propia crítica que provoque.
Y de su error y del nuestro, y de su acierto, y del nuestro, ejercitaremos la mente, la innovación, el diálogo, en suma, la libertad.
Lo único necesario es escuchar y expresarse sin "acritú", como decía aquel.



giverny dijo
Razonar...parece fácil a simple vista, pero es algo que ha muchos les cuesta, más de los que seguro nos imaginamos. Si se razonara, si se pensara antes de hablar todo iría mejor.
Un abrazo.
23 Enero 2009 | 09:45 PM