Más abajo, fuera del artículo, hay un vídeo en el que se muestra a un soldado británico matando, a bocados en el cuello, a un pollo. Ya había leído sobre esto. Parece que es el entrenamiento "necesario" para las unidades de élite.

Hay antecedentes con los soldados británicos "gurka", de infausta memoria, que se lucieron en la guerra de las Malvinas. Pena que algunos de ellos fueran algo invertidos y les diera también por por violar a soldados argentinos.

A mí, estas actitudes siempre me han recordado nuestro famoso proverbio: "dime de qué presumes y te diré de qué careces"; siempre me ha parecido una fanfarronada infantil, un decir, mirad que duros somos. El que destaca no necesita llamar la atención.

Sin embargo, son muy celebradas ahora, en esta época de visión-ficción. Tanto héroe cinematográfico mueve a la emulación, y todos queremos hacer cosas sensacionales, aunque sea comer mierda, con perdón.

Estas batallas de la imagen recuerdan las lecturas y las imágenes gráficas de la guerra de Vietnam. Dos ejércitos, uno al estilo de Apocalipsy Now, egocéntrico y efectista, y otro discreto, entrenado en hacerse ver lo menos posible.

Como a los vietnamitas su estilo les dio resultado con japoneses y franceses, a los que vencieron,  se ve que decidieron continuar con el mismo sistema de discreción. Ya sabemos cómo terminó la cosa.

La cuestión es que creo que estas machadas patrioteras no puedan utilizarse sin precaución. Aparte de que son una salvajada respecto a los pobres animales, que no han declarado ninguna guerra a nadie, son lamentables ejemplos que van empapando a los civiles más descocados. Después sale un chalado a la calle, levanta el dedo, y le declara la guerra a los EEUU.

No parece que a quien inventa estas majaderías le pueda preocupar demasiado la Convencion de Ginebra.

Napoleón, en pleno siglo XVIII, fue bastante más avanzado que estos héroes de jarrelson. Por ejemplo, prohibió los castigos corporales de los soldados. Entendía que si se les robaba la dignidad a golpe de látigo, después carecerían de ella en la punta de la bayoneta..  

Parece que se ha mundializado el talante chulo, una especie de vaquero moderno con el cañon del revólver humeando. Ayer me ocurrió. Estaba en la barra de un bar y entraron dos autoridades urbanas. El que se situó a mi izquierda ocupó media barra, me dio la espalda, apoyado negligentemente en uno de sus costados, y me ahumó bien ahumado. Ejemplar. Era evidente que había recibido esmeradas lecciones sobre la importancia de la medida en el ejercicio de la autoridad. Aparte de que era la estrella del lugar; todas las camareras enamoradas de la exquisita educación del macho, que parecía prolamar constantemente, ¡eh, que estoy aquí!, hasta que se olvidó del asunto, enfrascado en una sonora conversación con su móvil, en la que todos quedamos interesados.

Me vino a la mente un cuento leído en mi niñez. El autor, cuyo nombre no recuerdo, enfrenta a dos personajes en pleno siglo XVIII, uno fuerte y brutal y otro refinado y en cierto sentido delicado. La discusión sube de tono, hasta que el refinado le propone al gigantón una prueba que acabe con la discusión.

Esta consiste en que cada uno, sobre la mesa, extienda una de sus manos, una sobre la otra, y así traspasarlas por un puñal. Así lo hace un tercero: Un golpe rápido y sonoro. El gigantón se dobla y vomita. El casi delicado, extremadamente pálido, resiste sin doblarse.

¿Era otro tipo de educación? Tengo un libro llamado "Así se hizo España" en el cual se relata la caracterología de aquellos soldados hispanos de los primeros tiempos. Parece ser que eran muy discretos, quitándose constantemente mérito, y luego muy aguerridos y temibles en el combate.

No sé si es cierto, y si el autor estaba allí en la época, pero al menos denota una tendencia, una visión más selecta de lo ejemplar. Firmeza sin exhibición. Seguramente si esa semblanza se escribiera ahora se diría: "eran la mar de chulos y cuando pasaban por las calles, todos, hasta lo más endurecidos, se encerraban tamblando en sus casas".

Estas cosas marcan pautas, como la de que hay que temblar frente a ciertos personajes.

Pero ¿para qué sirven en definitiva, a quién engañan? Después las cosas son lo que son.

Por ejemplo, el índice de suicidos de los soldados norteamericanos en Irak es altísimo, en 2006, 108; en 2007, 102.

Esos soldados seguramente sufrieron conjuntamente dos tipos de presiones: la de la guerra y la de la farsa, la de tener que ir meneando ostentosamente  las caderas sin tener la menor gana de ello, atribulados por el panorama que les rodeaba.

Pero, ya digo, esto es contagioso: ya se imitó en Galavisión, en el programa Jomoe, o algo así, en el cual nos hacen disfrutar mostrándonos como matan a bocados a una paloma, a una serpiente y por poco a un pequeño gato.

Que pena que a tanto héroe no le dé por ir a primera línea. Allí se encargan de bajar este tipo de humos.

http://www.tercera.cl/contenido/24_16703_9.shtml