MINA, UNIVERSIDAD, IRREALIDAD
En el fondo de una mina, en un año, hay menos mentiras que en una semana en el paraninfo de una universidad.
Curioso, no he dudado en escribir mina con minúscula; sin embargo, si lo he hecho para universidad, nombre común indiscutible. No cabía duda, como con estado. Ocurre con muchas palabras, que reciben la pátina social o su descrédito. La mina es un lugar vulgar, donde se suda y escupe.
Sin embargo, luego he dudado sobre la frase. ¿Hay mayor mentira en esa mina que la relación entre salario y producción? Y no cabe duda de que hay profesores universitarios que proclaman y defienden grandes verdades en sus aulas.
¿Cuál es la verdad en la mina? Quizás que no hay apariencia. Se ve a la primera lo que hay. No cabe teatralizar su función. La mentira del salario no lo es; se sabe lo que hay; hay imposición, o mercado, o lo que se quiera, pero nadie quiere ir a trabajar a ella: su realidad es evidente.
Sin embargo, en la universidad hay mucho mito. Su excelencia, que allí están los mejores, que es el paradigma de lo verdadero, que es científicamente competente, que no se equivoca. Esos profesores que dicen la verdad --y que muchas veces son trasladados por ella-- son más bien situaciones singulares, en un equilibrio entre prudencia y generosidad docente.
Sonreirán los defensores del capital. Pero si ya no hay proletariado. Y eso lo dirán asalariados. Asalariados de mil euros como mucho. Ah, situaciones caducas, dirán. Todo eso ha pasado a la historia. Ni mineros, ni albañiles, ni agricultures. Si todo eso ya no existe. ¿Entonces de dónde vienen la materia prima que alimenta la manufactura? ¿Manufacura? eso tampoco existe. Pues en algún lugar harán las cosas.
--¿Que tal tu Passat?
Conversación terminada.
Pero ¿se ha terminado la conversación entre trabajo y capital? ¿Tan desorientado está uno que refiere cosas que no se ven?
--Oye. que la que friega en mi casa cobra más que yo...
(Igual también trabaja más que tú).
En fin, los plutócratas han ganado la batalla dialéctica. El capitalismo ya no tiene geografía, ni territorio, ni realidad, ni rastro de culpabilidad. Se ubica en los cables de la informática, por lo visto.
Que también es un conflicto. ¿A qué ventanilla hay que ir para reclamar sobre el exceso en el recibo de la luz, del teléfono, del gas?
Pero en hay algo que hay que convenir: si hablan así, es que el pagano es otro, no ellos; porque la gente, en general, es muy quejica.
¿Dónde está el infierno? ¿En las minas de Brasil?
