EL IMPROPERIO
¿Por qué en España no gusta dialogar? ¿Por qué deriva todo en una discusión, incluso, en el improperio? Digo España. Seguramente, en el resto del mundo sucede algo parecido. Yo, de adolescente, había idealizado a los ingleses por sus películas, hasta que vi a los hooligans. ¿Se habrá visto mayor degradación, mayor degeneración humana? Y encima imitada por otros países. De pena.
¿Subjetivismo? Goya lo expresó magníficamente: dos hombres enterrados hasta la rodilla, golpeándose con sendos palos.
Antonio Machado lo definió poeticamente muy bien, entendiendo que despreciábamos cuanto ignorábamos. creo que no ha cambiado la cosa.
También Azaña, que recomendaba leer, estudiar, para corregir el afán de la crítica ruidosa, ignorante, sobre asuntos totalmente desconocidos.
¿Será que no gustan las ideas? Si se observan los foros, es comprobbler que no gusta verdaderamente el debate, sino el cotilleo, el comentario intrascendente. Lo demás nos suele cansar. Igual es experiencia, igual es mucho realismo. No siempre las ideas abocan en soluciones. Pero resulta decepcionante.
Pero ¿tanto cansa la idea? Yo creo que la conversación intrascendente, al estilo del ascensor inglés, es mucho más complicada. Es más fácil decir una tontería en esa conversación que en algo que te procupa, que tienes largamente meditado, algo sobre lo cual te has documentado, y a pesar de todo, no ves claro.
Además, gustan tan poco las ideas, que cuando terminas un debate hay como un reproche sordo. El locuaz te tilda a ti de locuaz. Un poco ese sentido inquisitorial de "ay lo que has dicho".
Es como un estado de permanente miedo que se rebota hacia el otro. "Él, él es el malo. Opina distinto"... o mejor: "opina...".
Sin embargo, ¿hay algo más aburrido que oir en otro nuestras porpias convicciones? ¿Nos interesaría que nos contaran nuestra vida? Lo que interesa es la vida desconocida, las opiniones del otro, distintas, novedosas. E incluso, aunque sean malas, hasta se puede aprender de ellas.
Pero no, el mundo en blanco y negro; la línea divisoria entre dos mundos que curiosamente no están encontrados, sino que, por el contrario, tienen los mismos problemas, las mismas carencias, los mismos peligros acechantes.
Hablas con gente sencilla, y te sorprendes de que sea más retrógrada en sus soluciones, en sus posturas, en sus actitudes que muchos potentados que por ahí andan.
Está pasando con esta crisis económica: los mejores economistas están sorprendidos y despistados, y en los foros ya saben concretamente quién tiene toda la culpa.
No lo argumentarán, sino que señalarán con un dedo enhiesto como el báculo de Torquemada y esparcirán odio por donde les dejen. Y la crisis no se solucionará, y la vida cada día será peor para el pequeño inquisidor, y lo que compre será cada vez más caro, y lo que cobre, será cada vez más exiguo, que él seguirá satisfecho porque a puesto a parir a medio mundo.
Le pedirás que lo argumente. Pero ¿cómo argumentar las emociones? Como mucho, una coz, un rebuzno humano (pobres burritos). Una salida de patabanco, y eso sí, mucha prepotencia y descalificación. "No sé que decía en verdad, pero lo he puesto a parir..."
Y ahora, encima, sin riesgo. A distancia. El paraiso de los bocazas.
Igual en esto está el misterio de la aceptación o no de los sistemas. Una especie de copia del Hyde Park londinense, donde cada cual puede soltar su parida sin riesgo alguno y sin efectos, que se creera extremadamente libre. En el desierto también dejan predicar.
Lo malo es que la realidad sí es consecuente, y siempre da sus sorpresas. Lo que no es lógico, no soluciona nada, y el improperio como método de reflexión es totalmente esteril...



Jo dijo
'El improperio como método de reflexión es completamente estéril'. Este artículo me ha hecho pensar en el libro de Galdós 'Miau', es una estupenda sátira contra los bocazas de cualquier género y condición.
Un saludo y un abrazo.
Jo
3 Febrero 2009 | 05:05 PM