Dice el ministro de interior italiano que para combatir la inmigración (por supuesto, la ilegal) hay que ser malos. Quizás llegar a semejante conclusión le haya llevado varios años de meditación. Porque a estas joyas de la reflexión no se llega de un día para otro. Se han de sedimentar poco a poco, capa a capa, a golpe de contratiempos, de experiencia, de febril meditación nocturna, casi de cargo de conciencia.

Y de repente, un día, ves la luz: "¡Pero que leche, si hay que ser malo¡"

Son decisiones con enorme mérito, teniendo en cuenta que no hay precedentes, que el ambiente general es propenso a todo lo contrario.

En él, es casi un grito patrio, semejante a un desesperado " ¡a las armas!".

Es cierto, Italia se ve asediada de tal manera por la invasión bárbara que hay que anudar los escrúpulos morales y así manifestarlo.

Y entonces, el niño del aula, que se siente perseguido por la profesora, que siempre le pregunta lo que no sabe, toma la misma resolución. "Si mi padre dice que el ministro de interior lo ha dicho, mi padre y el ministro, sabrán lo que dicen".

Es un buen ejemplo el del ministerio. Después de todo, ¿qué pasaba hace siglos con los infieles, que eran una especie de imigrantes de las ideas? Pues que se era simplemente malo con ellos, y se los echaba a la pira, para su salvación, entre otras cosas.

¿Qué pasa ahora con los palestinos? pues que son malos y la Zipi de exteriores de allí decide ser mala también (bueno, ella antes).

¿Qué ocurre con los inocentes jóvenes italianos que han quemado a un indio? Pues que han decidido ser malos. Porque es mucha la provocación que sufren.

Y es que esta invasión no se puede aguantar. Indigna a cualquiera. Y cuando los paras,.encima parece que te dicen: "como tú venías a mi país sin permiso, pensé que venir yo era un acto de reciprocidad". Encima respondones.

Pero, claro, igual ellos en su momento no tuvieron tan sesudas reflexiones, no decidieron ser malos y nos recibieron en sus países. Aunque es extraño, porque ellos son los bárbaros incívicos.

Hay una página por ahí que relata la historia de los EEUU. De forma muy simple, es verdad, pero emotiva. Comienza contando como los pioneros se encontraban en una situación desesperada, al borde de la muerte por inanición. Y que llegaron los indios malos, y fueron buenos y les dieron de comer.

Creo que la página intenta convencernos que es un país que crecido en la concordia inicial. No hacía falta el esfuerzo, se sabe.

Pero aquí los indios buenos han decidido ser malos por imperativos de la razón de estado. El estado está en peligro.

¿Y qué significa ese término moral, casi teológico? Ser malos. No estrictos, o inflexibles, o restrictivos legalmente. Malos para mejor comprensión de todos los que vieren y entendieren.

Cuando de niño le preguntaba a mi padre si había que tener conciencia o no, él, que no quería que fuera malo, pero tampoco lila, me respondía: es una decisión que ha de tomar cada uno. El bueno corre la carrera de la vida con un peso, el de su conciencia; el malo corre libre y ligero, sin pesos que le obstaculicen.

Por eso siempre llegan arriba. (Por ahí he visto un estudio que casi lo demuestra).

Ay si el ministro le hubiera preguntado a mi padre... Seguro que habría captado su duda y la habría solventado con un: "Aquí lo que hay que ser es un hijoputa".

Pobre Ferrajoli, qué diría si oyera a su ministro. Él meditando paridas garantistas, y un ministro con bigotillo le desautoriza de un plumazo.

La verdad es que con estos filósosfos de la necesidad, (con "si", o sin "si" en la palabra), despejan caminos que otros son incapaces de desbrozar. La próxima pelicula de Rambo se podría llamar "Soy terriblemente malo, echad a correr".

Estas cosas no le dejan a uno "pasmao" por lo que contienen en si, que ya es consabido. Lo que a uno le asombra es la compleja elaboración doctrinal, que superando equilibrios y dificultades axiológicas, llega a tan certera conclusión en un plis plas y en un lenguaje llanísimo, como el de los mejores clásicos.

Me extraña que no le haya dicho a la prensa: "Hay que ser malo, malo de cojones". Seguro que aquí algunos lo hubieran expresado así, porque muchas de nuestras elaboraciones doctrinales siempen añaden un fino plus filosófico.

Igual luego nos arrancaríamos con un torero y patriótico: "Estoy tan a gustito..."

Y ¿qué pensarán de nosotros esas gentes incívicas que no respetan fronteras, que no siguen nuestro ejemplo historico respecto a ellas?

Quizás digan: "Pues para que me matéis de hambre allí, yo aquí doble malo".

Porque las reflexiones tipo del ministro es lo bueno que tienen, empatizan rápidamente.

En el acervo de todo el gobierno del Sr. Berlusconi, (finos juristas, finos teologos, finos separatistas, finos tenderos, finos nostálgicos de Musolini), de todo su inconmensurable arsenal dialéctico, este término era el único disponible que definía la solución.

Me acordé de una escena de "El padrino". Su hijo le pide consejo. El padrina medita, medita, medita... Finalmente declava la barbilla del pecho, y musita un: "Mátalo".

Cuando el juez italiano juzgue al "indeseable sin papeles", en la sentencia le razonará así:. "vamos a ser muy malos contigo, porque tú has sido malo, muy malo con nostros. Nos has imitado, y eso es intolerable. Pasaporte lo necesita quienes nosotros establecemos".

Sí, como mínimo ha de llevar sello de la Otan.

La verdad es que Europa necesita degradarse mucho más para adecuarse a la emergiancia de los tiempos, a los retos del milenio, que así suena a fin del mundo.

No me extrañaría que el próximo día, el el jefe del gobierno diga:

"Y para poder ser malos, muy malos, además hemos de nombrar a los más patanes".

Y habremos encontrado por fin la fórmula que lo soluciona todo.