CAPITALISMO Y NACIONALISMO
La generalización, sobre todo en política, es una tendencia casi inevitable. Intentamos aprehender las cosas en un concepto, en una frase, en una definición, en una idea.
Sin embargo, la realidad es mucho más variada y dinámica que cualquier apreciación humana.
Normalmente, un extranjero nos diría: "Tú, que conoces España...". Pero, ¿de verdad conocemos España? Más complicado: ¿Aunque la conociéramos ¿podríamos definir su variedad de un golpe?
Con los sistemas políticos nos hemos acostumbrado a lo mismo, y sin embargo, cada día se evidencia más la precariedad de las definiciones limitativas.
Es algo aceptado practicamente por la mayoría de los historiadores y de los economistas que el sistema económico segrega algo que han dado por llamar superestructura y que es coherente con ese sistema.
Y es normal. El sistema económico, que va por delante de todo, crea una realidad, y a continuación el sistema jurídico, principalmente, le da forma, lo tranforma en reglas y mecanismos que ordenan y encauzan esa realidad. Y así sucede con las demás instituciones, públicas y privadas.
Sin embargo, hemos derivado hacia un reduccionismo por el cual sólo hay un sistema capitalista y un sólo sistema político inherente a él.
Pero no es cierto. Hay sistemas capitalistas democráticos y hay sistemas capitalistas dictatoriales, por ejemplo.
Es decir, que no hay sistemas uníformes.
La tendencia humana es la de creer en esa uniformidad que lo ordena todo, incluida la naturaleza. Sin embargo, un ejemplo contradictorio: la actividad acelera los latidos del corazón de los humanos; pero, cuando los delfines cazan, su actividad coronaria decrece muy sensiblemente.
Estas realidades de no uniformidad de la naturaleza deberíamos tenerlas presentes en el momento de defender o denostarlo todo.
¿Hay tantos sistemas económicos como naciones o el mecanismo del mercado y la interrelación entre ellos imponen un modelo único para todos?
(Hablamos del sistema económico capitalista porque es el preponderante y el que ha preponderado. Incluso el denostada Venezuela es un país capitalista, no nos equivoquemos).
Es decir, que hay otro problema añadido al enjuiciarlo y consiste en saber si en esa posible multicidad de capitalismos no se superponen dos modelos generales, el del capitalismo nacional, y el del capitalismo internacional, encima dinámicamente, es decir, en competencia salvaje entre ellos.
Hace poco hubo un pequeño debate cuando el gobierno propuso consumir productos españoles, e inmediatamente alguien salió irónicamente denunciando que ese mismo gobierno encargaba los uniformes de la Guardia Civil a China.
Al margen de que no creo que sea producto de acuerdos de reciprocidad ni que se llegue a tal detallismo (en las grandes partidas sí, recuérdese la transacción eta-trenes franceses), el mercado y su mano invisible plantean dilemas que no parece que sean fácilmente resolubles.
Hace unos meses no se podría haber dicho esto, ya que los mecanismos del neoliberalismo eran incuestionables, aunque viéramos palpablemente la bajada de salarios, la subida de precios, el empobrecimiento de clases,la pérdida de derechos, la acumulación y desacumulación de capitales, las hambrunas, etc.
Pero desde que en Davos "los hombres más sabios del mundo" han dicho que sólo saben que no saben nada sobre lo que está pasando, es más posible cuestionar la infalibilidad del mercado sin que nadie se rasgue las vestiduras.
Porque ¿cómo se resuelve el dilema entre comprar más caro a nacionales, o más barato a extranjeros? ¿Es mejor trabajo directo, o es mejor subvencionar parados con lo que se ahorra en mercados más baratos?
Quizás aquí entren de nuevo elementos de decisión políticos, esos que se habían expulsado por ineficientes en la esfera del análisis económico y la verdad era una y tecnocrática.
Un ejemplo: a Marruecos se le vende una millonada en armas. Con Marruecos cada dos por tres tenemos un contencioso. El sentido común aconsejaría aparentemente no venderle armas. Es fortalecer a un hipotético enemigo.
A simple vista, es así. Pero ¿que no le vendamos nosotros significa que renunciará a adquirirlas en otro país, e incluso más eficaces?
En este último caso, ¿qué habría ocurrido? Pues simplemente que Marruecos tendría las armas y nosotros menos dinero para responder a una agresión.
En la la lógica capitalista parece que se plantéan más dilemas que certezas, y parece también que su lógica es más paradójica que concluyente (por eso, qué estúpidas las verdades incotrovertibles)
Lo que sí parece evidente es que esa lógica se incluye preponderantemente el mecanismo del regateo (directo o indirecto) que hay en todo los mercados.
Y en el regateo ¿quién suele perder?


paola dijo
bueno muy bien
3 Mayo 2009 | 02:23 AM