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La Coctelera

contrapunto

la otra cara de las cosas

5 Febrero 2009

LOS ENEMIGOS DEL CINE

Dice el titular de un periódico que los espectadores son los enemigos del cine. Sería casi lo normal. Casi, porque no siempre lo razonable es lo que ocurre.

Una aparente razonabilidad sería decir ¿y quiénes iban a ser?

Pero no, podría haber competencia desleal, boicot malintencionado, una cuestión comercial que impidiera o no lograra transformar la calidad en ventas, canales de distribución deficientes, productores torpes, entradas caras, oferta saturada...

También podría ser, en el sentido que señala el periódico pero con matices, la mala calidad del público, porque no siempre elegimos lo mejor. Hitler sacó muchos votos en el 33 (es mentira que ganó por si mismo) lo que indica un alto índice de mal gusto o desconocimiento.

A mí, particularmente, no me gusta el cine español, y si a eso se le añaden desplazamientos, televisión en casa, precios, salas pequeñas e incómodas, pues no hay nada que mueva hacia una película. Pero es un gusto, no un tecnicismo.

Se podrá decir ¿y el cine extranjero? Pues igual. Más bien parece en su generalidad un remedo de tebeos transformados en ciencia ficción: Batman, Spiderman, El ratoncito Pérez, Mortadelo y Filemón (ay, no, esa es española, pero tenía que mencionarla) Rambo, para niños malos, etc.

Es decir, que igual que con la crisis económica, parece que no se sabe qué pasa.

De un tiempo para aquí, que bajón han dado las certezas de los expertos. Hace poco lo sabían todo de todo. Ahora lo saben todo de nada.

Pero, por lo que se ve, a ojo de buen cubero, en la televisión, en el cine español, parece que fallan fundamentalmente el guión y la interpretación; en un aparte: y el mimetismo por exceso.

Sobre todo la interpretación, que es otro misterio: doblan estupendamente y luego no saben doblarse a sí mismos.

Respecto a la interpretación se plantea una gran duda, y no es una ironía. ¿Sobreactúan los actores españoles o actúan estupendamente e imitan con toda fidelidad la sobreactuación de los españoles.

¿Cuál de los dos personajes es el verdadero? ¿El imitador o el imitado? ¿Dirige la ficción a la realidad o viceversa? Estaría bueno que fuéramos un pais de ficción. Volveríamos al "¿qué es España?".

No es fácil saberlo. A veces se ven personas que parecen personajes cinematográficos. Sobre todo en eso de los ejecutivos de ficción de las grandes metrópolis, de las grandes corporaciones. Atareados, repeinados, con las manos totalmente ocupadas (el móvil, los documentos, la taza de café con un corazón rojo, el grueso libro lleno de "posits" para evidenciar que se ha abierto, en el sobaco (ya ilustrado por la permanencia del texto en esa parte de la anatomía), re-rápidos, re-inquietos, ocurrentes y recurrentes, con gafas de "stilo" en la punta de la nariz, como jóvenes viejecitas sabelotodo, etc.

¿Es realidad, es ficción, es realidad ficcionada, es ficción realizada? En fin, que se respira un aire de gran artificialidad, de querer ser otro.

Ayer, por ejemplo, se veía una escena en una película española que recordaba a esas pasadas aéreas que nos dan por Nueva York en los telefilms de crímenes, pero sin muchos rascacielos porque era Madrid. Dato nimio, solo indiciario de un millón de detalles semejantes.

Y viene la pregunta ¿por qué hemos de vivir la vida de otros? ¿La nuestra no tiene suficiente enjundia para ser motivo de un buen guión, de una buena exposición, de una historia creible que nos haga reflexionar sobre nuestras cosas, o nuestras cosas y las de los foráneos, pero obligadamente las nuestras también?

Paro..., separatismo..., vivir con mil euros..., corrupción..., políticos raros-raros-raros, incluso los de pueblo, que daría mucho de sí un análisis sobre la transformación que sufre Don Nadie ascencido a alcalde y que ejerce de tal..., problemas empresariales..., dobles contabilidades..., trabajo sumergido..., drogas..., problemas de sindicalistas despedidos..., la inutilidad profesional, la más de las veces, de estudiar..., procesos curiosos (los archivos están llenos de ellos)..., hasta casos de El Caso (hoy viene en El Pais su homenaje al ser importante fuente de la novela negra...), relaciones entre nativos y emigrantes..., etc.

¿Miedo al compromiso? ¿Escuela estética que intenta evadir la fealdad de la realidad (hubo un tiempo en el que hubo empachitis decimonónica con proliferación de gasas, neblinas y cadencias asténicas). ¿Cierre económico-político de los canales a ideas molestas? ¿Pobreza cultural?

Y, sobre todo ¿por qué no se debate nunca, ampliamente, el asunto? ¿Vamos a quitarle importrancia al ojo de nuestro tiempo? ¿Qué diran los historiadores del futuro cuando no puedan conocernos por los archivos, o peor, se crean otra cosa de lo que fuimos?

Quizás los enemigos del cine son los mismos que los de los españoles en su conjunto; aquellos que no quieren una fuente irrefutable de pruebas, que ahí esta siempre el quid.

P. S. El cine de humor es otra historia. Hablamos de cuando nos ponemos solemnes y trascendentales. Por ejemplo, Camera café, a mi entender, es admirable, por la capacidad expresiva de los actores, la economía en la escenificación y los guiones.

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CATECISMO IGLESIA CATÓLICA 2416 Los animales son criaturas de Dios, que los rodea de su solicitud providencial (cf Mt 6, 16). Por su simple existencia, lo bendicen y le dan gloria (cf Dn 3, 57-58). También los hombres les deben aprecio. Recuérdese con qué delicadeza trataban a los animales san Francisco de Asís o san Felipe Neri. 2418 Es contrario a la dignidad humana hacer sufrir inútilmente a los animales y sacrificar sin necesidad sus vidas. Es también indigno invertir en ellos sumas que deberían remediar más bien la miseria de los hombres. Se puede amar a los animales; pero no se puede desviar hacia ellos el afecto debido únicamente a los seres humanos.

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