RÍASE VD., HOMBRE
Eso es más bien lo que se viene a decir. Y es cierto ¿por qué no? Más vale pasar lo malo alegremente que encima con penas.
Hay un dicho que razona así: si puedes resolverlo, no te preocupes; si no puedes resolverlo ¿para qué preocuparte?
Pero esa fortaleza de espíritu es relativa; casi siempre está relacionada con la distancia del problema. Solemos ser bastante valientes con los dídimos del prójimo. Sin embargo, la lagrimita es más fácil con los problemas propios.
Además ¿quién ha dicho que esa reserva hacia la alegría es por problemas propios?
Imaginemos alguien que no tiene problemas, y que sin embargo mantiene una actitud cauta hacia la euforia vital. ¿Está enfermo? ¿Padece anhedonia? ¿Es un malaje? ¿Es idiota por no ver la grandeza de la vida?
Imaginemos tambien que alguien va al velatorio del familiar de un amigo. No conocía al familiar, ni ganas. Sin embargo, se mantiene circunspecto, casi cariacontecido, en un rincón.
No puede evitarlo, se siente obligado a mostrarse compungido, y además, no se siente como un hipócrita. No lo es. Está siguiendo una costumbre social y justificada. "Es que Juan" dice. Su amigo le mira extrañado "¿Quién es Juan?" "¿Tu tio?" "No, hombre, no, Carlos" "Eso"...
Y sigue triste. No podría argumentar: "Es que no le conocía". Sería inadmisible. Lo conozca o no, ha de mostrar una actitud correcta, coherente, con el suceso.
Tenía 90 años y se debía morir. Pero, de cualquier forma, hemos de ser copartícipes de la desgracia.
Admitido todo esto ¿no puede haber alguien que tenga esa actiutd hacia todas las desgracias del mundo, una por centésima de segundo?
Es que no puedes resolverlos. No. Ni lo del tio.
Es que no lleva a nada, cada desgracia es de su víctima. Ni respecto al tio, el muerto, muerto está.
Sin embargo, ¿no sería aceptable entenderlo como una actitud de respeto hacia todas esas cosas que ocurren?
¡Pues estaríamos aviados! Sí, por supuesto, y cada cual debe reaccionar como entienda que debe, sin ser criticado. Pero también debe aceptar que otros entiendan, no, mejor, sientan, que han de guardar una actitud de reserva y de respeto hacia ese panorama real.
Ante el cadáver concreto, hemos de mostrarnos compungidos, aunque el suceso sea de lo más natural, ajeno y esperable. Pero si el cadaver es desconocido, por millones, comportarse así es una actitud tóxica, tal como dice el ilustre psicólogo Bernavé Tierno.
Vaya cristianismo el suyo.
Está claro que el cristianismo ha pasado de ser una doctrina de la compasión a una docrina de la imposición. Todos alegres porque así lo dice su mensajero del optimismo, so pena de ir a los infiernos por toxicidad.



Jo dijo
Aquí es preciso hacer un distingo entre muertes naturales y muertes violentas. Morir de vejez no es una desgracia, es ley de vida. Morir en un accidente de tráfico o siendo víctima de una de esas atroces guerras que perviven hoy en día es un agravio a la humanidad entera. Y sí que deberíamos estar cariacontecidos, porque a diario se suceden las muertes violentas de todo tipo en todas las partes del globo.
Un abrazo,
Jo
11 Febrero 2009 | 08:11 AM