PIENSO, LUEGO EXISTO
Parece ser que Descartes, entre otras cosas, pretendió demostrar la existencia de dios. El sistema consisitía más en refutar razonadamente el ateismo que demostrar razonadamente la existencia de ese dios. Mucho racionalismo para una nebulosa tan enorme.
Al margen de todo eso, y a pesar de haber leído con atención su "método", jamás entendí qué significa una de sus frases más famosas: "Pienso, luego existo".
A todo el mundo le parece muy clara. Tal, pues tal. Es decir, si no existiera, no pensaría.
Pero démosle la vuelta a la frase: "Existo, luego pienso", que es lo mismo.
Esta me gusta más. Abre el ámbito de la humanidad. ¿Existe una piedra? Sí, pues está en la mente de alquien que existe y piensa, por lo tanto, también piensa. Y si piensa una pidra, más pensará un animal. Y algo que piensa ha de ser respetado.
Pero a lo que se iba. ¿A dónde lleva la frase de Descartes? Más bien a negar existencia a aquello que no piensa. Como estamos convencidos de que la piedra no piensa, podemos inferir, según la frase, que no existe.
La verdad es que me gusta la filosofía, pero no la pura, sino la práctica.
Y esta parece demasiado pura para acceder a ella sin dejación de alguna evidencia.
Resulta paradójico que una frase tan escurridiza haya sido admitida sin resistencia,; y que sin embargo, otras filósofías con propuestas más constatables y evidentes, hayan sido lanzadas al limbo del olvido.
El materialismo histórico, el materialismo dialectico, tan útiles para entender la historia y la realidad, son baqueteados diariamente a pesar de que luego en la práctica se admiten o aplican sus proposiciones.
Quizás todo estribe en la piedra angular del ser y de su origen. Descartes defendió la existencia de dios, los materialistas la combatieron. Eso de si la idea precede a la materia, o a la inversa, da para muchas sulfuraciones.
Y dependiendo de una u otra elección, las cosas irán mejor para unos que para otros. Curioso como las cosas espirituales derivan en cosas materiales.
Descartes pretendió hacer un sistema casi matemático de pensamiento racionalista. Pero al otro lado de la ecuación partía con un resultado dado, lo cual condicionaba el equilibrio entre ambos miembros. El no buscaba ni encontraba, más bien parece que ponía.
Si pensar es prueba de existencia, no pensar ha de ser prueba de no existencia. Vamos, que lo que pretendía afirmar se habría podido decir de una forma menos conflictiva y anfibológica.
Vivimos en un mundo muy contradictorio y absurdo. No es extraño que una de las corrientes artístcas más exitosas haya sido la del absurdo.
Si en la calle sostienes que dios tiene sus representantes, a los cuales les transmite verdades, designios, órdenes, nadie objetará nada. No por convicción, pero sí como aceptación de una idea socializada entre todos.
Si en un juicio invocas que has oído voces divinas que te aconsejaron tal acción, inmediatamente el juez te llamará al orden. Un juez que probablemente va todos los domingos a misa y habla a una imagen inanimada hecha en una fábrica cuya finalidad es vender.
Y hasta es posible que te absuelvan, porque te han condenado a unas vacaciones interminables en un psiquiátrico.
Que en eso hay otro error. A veces el psiquiático es peor que el peor de los penales, y el internamiento se hace sin fecha de caducidad. Te puedes pasar allí el resto de tu vida.
Se dirá, sí, pero ¿cómo aceptar eso en un juicio? Claro; pero si no es aceptable en un juicio, ¿por qué si es aceptable en la calle, en la iglesia, en la universidad, en las festividades, incluso en algunas constituciones? ¿No se pretendía, por ejemplo, meter el asunto en la Constitución europea?
Descartes cometió el error de todos los sabios, querer meter el universo en una frase.
