CATARSIS
En no sé qué periódico digital, un no se qué Zarzalejos pide urgentemente una catarsis para el país. Los no sé que no son despreciativos, es que no me acuerdo de más ni dónde está la página.
Lo que plantea no está mal. Nos aclara que catarsis es una depuración radical, una purga. En el abanico de impresentables entran muchos: Zapatero, Esperanza Aguirre (a la que define como arrabalera), Ibarretxe, Garzón, Bermejo (que por fin ha dimitido), e incluye además a todos los que nos están machacando con lo de Penélope Cruz, (lo que es cierto, ya está bien), más un largo etcétera.
La cuestión es que de su panoplia de incompetentes practicamente no se salva nadie. Y ese es el dilema ¿quién va a hacer la catarsis?
Pedir la catarsis sin dar unas pistas es insuficiente. Ya hubo una en Grecia, y no surtió efecto.
Quizás un comienzo sería que España se bajara de su pedestal, en el que nos subió Aznar haciéndonos creer que estabamos en la cúpula del mundo. Los delirios de grandeza son mortales para los grandes; aún mucho más para los pequeños.
Lo que pretendía Aznar era caminar sobre los hombros del gigante, señalandole el horizonte con su pequeño índice.
Pero el gigante nunca nos ha tenido demasiado aprecio. Es más, creo que desde 1898 no nos puede ver, y por eso nos castigó después con cuarenta años de mediocridad, atraso y represión. Ama más a su primo (Inglaterra) y le conviene más nuestro vecino (Marruecos), así que la catarsis podría comenzar por eso, mucha dosis de realismo y de modestia.
La modestia es un gran purgante que expulsa todos los malos humores de la mente.
Hace poco releía un artículo laudatorio de aquella época post-imperial a las que nos llevó el gran almirante, eso sí, sin naves, Jose Mari. Que falta de realismo, que endiosamiento. Sonaba a aquellos discursos del franquismo en los que se rememoraban glorias imperiales pasadas y por venir.
Ahora, con la crudeza de la realidad, con la crudeza de la crisis, que vanos resultan aquellos sueños, como las de las familias de fijosdalgo venidas a menos, y que necesario resulta ese proceso de humildad.
No hay nada que estupidice tanto como creerse más de lo que se es, y pretender estar sobre las propias posibilidades. Todo se puede fingir, menos el genio y el propio tamaño.
Esa cura nos llevaría a analizar nuestras verdaderas capacidades y adecuarlas a las necesidades. Entonces nos volveríamos más específicos y menos inflados. Perderíamos en grasa y ganaríamos en músculo.
Pero no, nos ha dado por la "grandeur" a la francesa, aquella que creía que el ejército francés era "el más grande ejército del mundo" y que en realidad no aguantó ni quince días el envite del alemán....
Nuestra industria, nuestras universidades, nuestras empresas, nuestras administraciones están poseidas por un espejismo absurdo. Un espejismo despreciativo hacia otros lugares que dentro de poco nos darán la sorpresa y nos relegarán al decimotercero o decimocuarto puesto de la lista.
Y no es un problema sólo gubernamental, es un problema nacional. Queremos creernos que vivimnos en un mundo estático en el cual todo está ya hecho.
Por un lado unos territorios pequeñitos que como los adolescentes tontos, que dicen que saben cuidarse sólos, quieren irse por el mundo para competir contra gigantes. Si unidos no somos suficientes ¿qué será solos y divididos?
Algunos se habían confiado en bajarse de los brazos de España y subirse a los brazos de Europa. Pero más bien parece que esa idea de Europa necesita a su vez otra catarsis.
Si el lamentable discurso del checo Havel no ha espabilado a los europeos es que los españoles tenemos disculpa, ya que la empanada mental es continental. Tontos todos, tontos razonablemente.
En fin, que, o miramos el mundo de frente y nos dejamos de representaciones simbólicas destinadas a satisfacer egos caducos o muchas regiones del globo nos darán sorpresas de las que será difícil recuperarse.
De toda la vida los más sabios han aconsejado la modestia como la mejor de las recetas para superarse. Pena que pongamos tantas figuritas chinas en casa y luego desoigamos los consejos de aquellos venerables ancianos que llamaban a la prudencia, al silencio y a la laboriosidad bien entendida para crecer espiritulamente.
Esperemos que el oscar de Pene nos ayude a alcanzar las estrellas bajando a la realidad...
