EL TRABUCO BAJO LA ALMOHADA
En España hay quienes todavía duermen con el trabuco bajo la almohada. Son gentes de paz, bienintencionadas, que no se fían de la maldad de la otra mitad, por violenta, infame, infiable, levantisca, incrédula, sin principios, en definitiva, propensa a la ilegalidad, a la rebelión, como en 1936. Ya lo dice la palabra, plebiscitarios, de plebe.
Son gentes formales, que están ojo avizor para recupar el viejo orden. El adjetivo sobra, porque sólo hay un tipo de orden, el suyo. Y como consideran que España ha caido en el desorden, tienen que recuperarlo a toda costa.
Lo de ellos no es corrupción, es necesidad. ¿O vamos a hacer como aquel general mequetrefe que en el combate se quejaba de mancharse de barro las botas?
Están en todas las batallas. Son incansables, ubícuos (como su dios). También están en los blogs. Son como vigías permanentes, centinelas alerta, que no censuran porque no pueden. Pero hacen saber su opinión sobre la impresentabilidad de los otros blogs, y les marcan pautas; y de vez en cuando los putean, porque son muy educados. Se acuerdan de la señora madre, del señor padre, de los señores hermanos, de los señoritos hijos del otro, al cual acusan de subvertidor.
Esa España que duerme con el trabuco, un ojo abierto por si acaso, sabe que es la excelencia de la nación. Saben que disfrutan de un privilegio más, el de tener razón, y saben que la razón hay que recuperarla aunque sea por medios irrazonables.
También saben que lo que está en cuestión son las esencias. ¿Cuáles son estas? No están concretadas, en cuanto que son cosas que afectan a la órbita del espíritu. Bueno, sí, están concretadas en los diferentes registros de propiedades que hay. Pero esa es la parte secundaria de su ser. En realidad son valores (no de bolsa, no) profundos, y esa parte material no es sino una inevitable manifestación, una inmanencia (vaya) de su superioridad. Tenemos más porque somos mejores, y somos mejores porque tenemos más. Puro funcionalismo; pura lógica. No hay otros cauces, otras razones, otros atajos. Suiza no existe. Es un producto de Spilberg.
Los hay de toda índole y apariencia: con melenas, rapados, con la raya en el medio, engominados, a la mistingueti, con tirabuzones, con mechas, etc. Rockeros, budistas, en bermudas, en Ferrari, en limusina, etc. también. Pero todos coinciden en esa particularidad recogida arriba: viven bien porque son gente de bien. Además, como son modernos, recuperan viejas fórmulas, que son las más nuevas, y en este caso las protestantes: La riqueza es el dedo de dios señalándole a uno (entiéndase, para bien)
El desorden no es la corrupción, la mediocridad, la improductividad, la ausencia de creatividad, ir siempre 20 ó 30 años por detrás, la deslocalización, el paro, la miseria. El desorden es todo aquello que afecte a sus planes: urbanísiticos, militares, sexuales, académicos, bursátiles.
Por eso, la otra mitad siempre es sospechosa de intento de robo. Robo económico, robo electoral (muy en boga ahora), robo terminológico, robo ideológico. Hasta robo de imagen, que ahora los pobres parecen ricos.
Porque claro, los otros les han robado todo; les robaron la idea de democracia, les robaron de la caridad la idea de protección social, les robaron el concepto dialéctico frente al dogmatismo, les robaron la idea de pacifismo y la dconvirtieron en revuelta populachera.
Sino, mírese la historia ¿qué son más, las guerras o las revoluciones?
Y mírese la composición del patriotismo, ¿quiénes eran más en los ejércitos, los oficiales de rango o la tropa? ¿dónde se acumulaban las bajas?
Y hoy de nuevo, con su trabuco bajo la almohada, insinúan un nuevo reproche: no lo dicen claramente, pero se sobreentiende por sus peticiones en las mesas de negociación: la crísis es producto de los altos salarios, del caro despido, de la excesiva legislación protectora, de la ausencia de necesaria flexibilidad, de la baja productividad, de la ausencia de temporalidad, de tanta gente viviendo de la sopa boba, como lo es ese ingente ejército en chandal que no produce y encima hace gimnasia para vivir más y mejor (habrase visto), etc.
Sí, el trabuco bajo la almohada y algún signo de espiritualidad en la pared. Que ya sabemos la recomendación: "ora et labora", y no como esos vagos hijos de... proletarios, que sólo piensan en holgar y huelguear... aunque luego no se atrevan a hacerlo.
Pena de época, a los mejores les han quitado todo, y los ladrones aún quieren más. Como dice el niño repipi del Chavo del 8: "¡Chusma, chusma!




Jo dijo
Yo creo que ya está todo dicho en este artículo. Si la crisis perdura, dirán que no fue culpa de los banqueros, sino de los altos salarios, etc.
3 Marzo 2009 | 05:07 PM