Deudas externas de EE.UU. y de Tercer Mundo... No hay milagros.
VARIOS TRANSCRITOS
Como una bomba de tiempo, la deuda nacional de Estados Unidos es una explosión al acecho, expandiéndose 1.400 millones de dólares al día, casi un millón por minuto.
Para los norteamericanos significa una deuda de casi 30.000 dólares por cada hombre, mujer y niño en Estados Unidos.
Incluso si usted ha escapado ileso de las recientes crisis hipotecaria y de crédito, y está lidiando sin muchos problemas con los altos precios de los combustibles, pudiera estar encaminado a una miseria económica, junto con el resto del país. Eso es porque el gobierno está agotando rápidamente los recursos necesarios para satisfacer los pagos de intereses en la deuda nacional, que actualmente es de 9,13 billones de dólares.
Y al igual que las personas que tienen hipotecas de tasas de interés ajustables, el gobierno enfrenta el prospecto de ver su deuda -ahora a tasas de interés relativamente bajas- cambiar a tasas mucho más altas, multiplicando las penurias financieras.
Mientras alguien esté dispuesto a seguir prestando dinero al gobierno estadounidense, la deuda estará mayormente relegada al olvido.
Pero los pagos de intereses siguen acumulándose, y con el tiempo pudieran opacar los otros gastos del gobierno, llevando a impuestos considerablemente más altos o recortes en servicios básicos como Seguridad Social y otros programas públicos federales.
Una desaceleración económica mayor, que algunos economistas dicen pudiera estar cerca, aceleraría el arribo de ese momento.
La deuda nacional, la acumulación total de los deficits presupuestarios anuales, ha subido de 5,7 billones de dólares cuando George W. Bush asumió la presidencia en enero del 2001 y superará los 10 billones cuando éste deje el cargo en enero del 2009.
Eso es 10.000.000.000.000,00, un dígito más que los que tiene el "reloj de la deuda nacional" en Times Square, en Nueva York. Cuando ese reloj fue activado en 1989, la deuda era de 2,7 billones.
(Nota de este blog: Más de 1.500 millones de millones de pesetas, 1.500 billones de pesetas).
Y las cosas solamente empeorarán.
En los próximos 25 años, el número de estadounidenses de 65 o más años va a duplicarse. La población en edad laboral va a disminuir y más jubilados estarán utilizando beneficios de Seguridad Social y Medicare, el programa de salud para ancianos, presionando más los recursos del gobierno.
Y agravando el panorama están las guerras en Irak y Afganistán, que de acuerdo a la Oficina de Presupuesto del Congreso pudieran costar 2,4 billones de dólares en el próximo decenio.
"Nuestro estimado es que la deuda nacional va a alcanzar 350% del producto interno bruto para el 2050 si o se cambia la política", dice David Wyss, principal economista para Standard and Poors.
"Algo tiene que cambiar, porque si uno mira lo que va a pasar, con las actuales tasas de impuestos, eso no da resultado".
Fuente: AP
04 enero 2009
EE.UU.: Prevén aumento de deuda externa en dos billones de dólares
Noticias AOL
Washington - La deuda externa estadunidense podría aumentar dos billones de dólares este año, debido a la necesidad del gobierno de adquirir fondos adicionales para financiar programas de recuperación económica, pronosticó hoy la prensa local.
Los fondos provendrán de inversionistas extranjeros, incluidos gobiernos como China, ya que las autoridades de Estados Unidos optarán por buscar financiamiento en lugar de aumentar impuestos o reducir el gasto, consideró este sábado el diario The Washington Post.
El economista en jefe de la firma Wrightson ICAP, Lou Crandall, dijo al periódico que si bien el mercado de bonos del gobierno estadunidense se ha expandido pese al bajo interés que ofrecen en la actualidad, la situación se complicará en el mediano plazo.
"Existe una ?bomba de tiempo? en alguna parte, pero no sabemos exactamente dónde esta colocada en el calendario", comentó Crandall, al aducir los plazos en los que gobierno deberá pagar intereses a los tenedores de bonos
El analista explicó que mientras aumenta la demanda de bonos del Tesoro, no está claro si el gobierno podrá responder a las obligaciones con sus acreedores en el mediano plazo.
En fecha reciente el gobierno elevó su deuda conforme ha tenido que inyectar fondos para hacer frente a la actual crisis financiera, en especial en el paquete de rescate por 700 mil millones de dólares.
A ello podrían sumarse otros 850 mil millones de dólares que el gobierno del presidente electo Barack Obama busca que el Congreso autorice para financiar un ambicioso plan de recuperación.
El analista principal de Moody?s Investor Service, Steven Hess, descartó por su parte el riesgo de una moratoria de pagos, aun con los dos billones de dólares adicionales a la deuda externa.
"No es algo que esté provocando alarma en nuestra calificación AAA (para la economía estadunidense), de modo que creemos que no hay todavía presión sobre la calificación", dijo al diario.
La deuda externa estadunidense se coloca en la actualidad en 10.7 billones de dólares, 40 por ciento de ellos en manos de inversionistas privados.
De esta cifra, 4.3 billones de dólares está en manos de instituciones del gobierno estadunidense, mientras que otros 6.4 billones corresponde a inversionistas privados.
Cerca de tres billones de dólares están a cargo de inversionistas extranjeros, entre los que destaca China, que reemplazó a Japón como el mayor acreedor, con 42 por ciento de la deuda externa estadunidense.
Por Telma Luzzani
Clarín
Wallerstein : "EE.UU. no es invencible"
En una entrevista exclusiva con Zona, el sociólogo Immanuel Wallerstein dice que la hegemonía de EE.UU. tiene sus días contados. Cualquier desequilibrio en su estructura provocaría un colapso mundial. La debilidad del imperio está en sus desmedidos gastos en defensa.
En cinco años los diarios van a hablar de EE.UU. de una manera totalmente diferente. Su predominio va a ser muy cuestionado y su posición geopolítica va a estar muy complicada.
http://www.elcorreo.eu.org/esp/article.p...
EE UU: La guerra, única alternativa a la crisis económica
Viernes 16 de diciembre de 2005,
Las declaraciones de autogratificación de la Administración Bush que anunciaban un crecimiento record son desmentidas por los hechos. En realidad, el desempleo va en aumento, la producción interna se derrumba y la economía en general se está orientando hacia la guerra. La deuda externa llega a un nivel crítico, sin precedentes en una nación industrializada y, según el Fondo Monetario Internacional (FMI), ésta es una verdadera amenaza para la economía mundial. La especialización de las industrias en el sector del armamento hace imposible el camino de vuelta a una economía de paz. Los Estados Unidos han entrado en un ciclo infernal, por lo cual su supervivencia económica depende del mantenimiento de una situación de conflicto.
A fines de 2003, el Departamento de Comercio publicó sus evaluaciones finales del crecimiento económico de EE UU: una subida del 8,2 por ciento del Producto Interior Bruto (PIB) para el tercer trimestre. Nunca, en los últimos 19 años, se había registrado un avance tan significativo. La prensa, entusiasmada, empezó a hablar otra vez de un "nuevo crecimiento en los Estados Unidos".
Al mismo tiempo, algún analista se distanciaba de estas entusiastas evaluaciones, subrayando que el desempleo había aumentado consistentemente entre el año 2000 y el 2003 (el 4 por ciento en 2000, el 4,8 por ciento en 2001, el 5,8 por ciento en 2002 y el 6,1 por ciento en 2003).
Pero se habían omitido dos hechos importantísimos.
En primera instancia, la subida económica se relaciona con un fuerte endeudamiento del país y, en segunda, los gastos públicos han sido desviados desde el sector social hacia el militar. Actualmente la economía de los Estados Unidos está orientada hacia la guerra.
El gráfico de abajo ilustra el camino de la deuda externa (dette extérieure en el original) en billones y del crecimiento del Producto Interior Bruto (taux de croissance du PIB en el original) expresado en %.
El crecimiento sin fundamentos
Los Estados Unidos han financiado su crecimiento a través del endeudamiento. En 2002, el país se encontraba con su primer déficit presupuestario después del 1997, déficit que a poco a poco ha pasado desde el 1,5 por ciento de 2002 al 3,5 por ciento en 2003, para llegar al 4,2 por ciento en 2004.
Para establecer una comparativa recordamos que el Pacto de Estabilidad Presupestaria para la Zona Euro establece un límite del 3 por ciento.
La deuda externa, que en 2000 era de 3,6 billones de dólares (39 por ciento del PIB), llegó en 2003 a 6,5 billones de dólares (58,5 por ciento del PIB).
Una inquietante evaluación, realizada desde el Oficina Presupestaria del Congreso, indica que la deuda podría llegar a 14 billones de dólares en diez años. El ex Ministro del Tesoro Paul O'Neil realizó una investigación ulterior según la cual el déficit de EE UU en los próximos cincuenta años podría alcanzar los 44 billones de dólares.
El 7 de enero de 2004, el Fondo Monetario Internacional (FMI) organizó una conferencia de prensa sobre las políticas fiscales de los Estados Unidos y sus posibles consecuencias en la economía mundial [1]. El FMI, aun creado y ampliamente dirigido desde Washington, se ha lanzado en una verdadera requisitoria contra la política económica de la Administración Bush.
Según el FMI, la deuda externa de los Estados Unidos ha llegado a un nivel sin precedentes para un país industrializado. Este fenómeno provoca un aumento de las tasas de interés y un retraso del crecimiento mundial.
El saqueo, única estrategia ante la deuda
Observando el aumento vertiginoso de la deuda que sobrepasa ampliamente la capacidad de pago del país, Robert Freeman reflexiona sobra las orientaciones económicas de la Administración Bush. Para él existen cinco posibles estrategias [2]:
La primera es la de aumentar las tasas y cobrar la deuda. Ésta seguramente no es la estrategia elegida por Washington.
La segunda consiste en imprimir dólares, pero un uso intensivo de esta opción comportaría un inevitable hundimiento de la economía.
Una tercera estrategia, planeada desde el FMI para los países subdesarrollados, consiste en la privatización de los recursos nacionales y de su venta al exterior. Se podría considerar esta opción como muy improbable pero, dejando devaluar el precio del dólar, la Administración Bush no facilita sólo las exportaciones sino que permite a capitales extranjeros comprar empresas estadounidenses.
Una cuarta estrategia consiste en el rechazo del pago de la deuda, como ya hicieron los bolcheviques en su toma del poder. Para Robert Freeman esta opción está "mucho más cercana de lo que la mayoría de los ciudadanos americanos puedan imaginar". Efectivamente, una parte consistente del déficit es relativa al financiamiento de la Seguridad Social, en el que la privatización será una prioridad.
Pero es la quinta estrategia la que la Administración Bush parece haber elegido. Robert Freeman explica: "Como último recurso, nos queda el saqueo. En cuanto el reembolso de la deuda de una nación llega a ser tan imponente que es imposible tranquilizar a los acreedores, este país tiene que buscar una fuente de riqueza, no importa cual". Los Estados Unidos decidieron atacar Irak, no porque Saddam Hussein tuviese armas de destrucción masiva, y tampoco para instaurar la democracia. El objetivo real era controlar su petróleo, si no controlar el mercado mundial del petróleo.
Un crecimiento vinculado a los gastos militares
Los hechos confirman los análisis de Robert Freeman: con la Administración Bush, la economía de EE UU ha estado orientada hacia la guerra y la conquista. La Administración ha legitimado el aumento del déficit presupuestario con la necesidad de hacer la guerra al terrorismo. Esta justificación ha permitido también convertir el dinero asignado a las infraestructuras sociales en inversiones de guerra.
Los gastos en defensa (dépenses de défense en el original) han pasado desde el 3,1 por ciento del PIB en 2001 al 3,4 por ciento en 2002 y al 3,5 por ciento en 2003.
El incremento de estos gastos públicos le ha dado beneficios a las empresas de armamento privadas. Northtrop Grumman ha aumentado el 57 por ciento sus ventas, entre 2002 y 2003 ha pasado desde una situación de pérdida a una situación de beneficio claro. La división "Defensa" de la Boeing ha acumulado una renta de empresa del 38 por ciento. El volumen de comercio de la Lockeed Martín, número uno mundial de la industria de Defensa, se ha incrementado un 23 por ciento y su sector aeronáutico ha obtenido un 60 por ciento más en su volumen de venta.
Pero, según Robert Pollin, profesor de economía de la Universidad de Massachussets, los gastos de mano de obra y armamentos han sido relativamente débiles. El papel protagonista ha sido interpretado por la Halliburton, Bechtel y algún otro grupo privado vinculado a la Administración Bush.
Por lo tanto el crecimiento proclamado a nivel mundial es relativo a inversiones de guerra. En el segundo trimestre de 2003, en plena guerra de Irak, casi el 60 por ciento del nivel de crecimiento estaba determinado por los gastos militares [3].
Desde el rechazo de firmar el Tratado de Ottawa (minas antipersona) hasta la guerra en Irak, pasando por el titánico proyecto militar de las "guerra de las galaxias" y la constante guerra al terrorismo, todo nos indica que la nueva estrategia económica de los Estados Unidos se dirige hacia la guerra y la conquista imperial.
En el siglo pasado, la reconversión de una economía de guerra en economía de paz había sido problemática. La transformación de una economía con características bélicas era un proceso muy complejo. Hoy en día la sofisticación de los armamentos imposibilita esta transformación. Por lo tanto, la estrategia económica de la Administración Bush no tiene marcha atrás.
Para los Estados Unidos la guerra es una condición para su supervivencia económica.
DEUDA EXTERNA TERCER MUNDO: FUENTE DE POBREZA
Nicolás Angulo Sánchez
Palabras clave:
Deuda externa, pobreza, desarrollo, mundialización o globalización, Banco Mundial, Banco del Sur
Resumen:
La deuda externa de los países del Tercer Mundo constituye uno de los principales obstáculos a su desarrollo y, por lo tanto, una de las principales causas de la pobreza en el contexto del actual proceso de mundialización o globalización, el cual se caracteriza principalmente por centrarse en el mundo financiero a gran escala (grandes bancos privados y empresas transnacionales) y en unas relaciones de mercado notoriamente injustas y desequilibradas. Por este motivo, la desigualdad económica y social aumenta en todos los ámbitos, incluso en los países más ricos, y sus principales perdedores son los individuos y grupos más vulnerables y desfavorecidos, tal y como se refleja en los informes sobre desarrollo humano del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), entre otros.
Para citar este artículo puede utilizar el siguiente formato:
Angulo Sánchez, N.: "Deuda externa: Fuente de pobreza" en Contribuciones a la Economía, abril 2008 en http://www.eumed.net/ce/2008a/
La deuda externa de los países del Tercer Mundo constituye uno de los principales obstáculos a su desarrollo y, por lo tanto, una de las principales causas de la pobreza en el contexto del actual proceso de mundialización o globalización, el cual se caracteriza principalmente por centrarse en el mundo financiero a gran escala (grandes bancos privados y empresas transnacionales) y en unas relaciones de mercado notoriamente injustas y desequilibradas. Por este motivo, la desigualdad económica y social aumenta en todos los ámbitos, incluso en los países más ricos, y sus principales perdedores son los individuos y grupos más vulnerables y desfavorecidos, tal y como se refleja en los informes sobre desarrollo humano del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), entre otros. Aun así, los Estados de los países más ricos, a través de las instituciones financieras internacionales, como el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM), insisten en la estricta aplicación de rígidas políticas económicas denominadas de ajuste estructural, posteriormente rebautizadas con el sugerente nombre de estrategias de lucha contra la pobreza, en los países pobres fuertemente endeudados y con escasos recursos financieros. Dichas políticas de ajuste plantean como objetivo principal el efectuar los pagos correspondientes al reembolso de la "deuda externa", la cual en numerosos casos se trata de deuda odiosa o ilegítima, e incluso formalmente nula. De este modo, el reembolso de la deuda externa por parte del Tercer Mundo se convierte en un instrumento para perpetuar su dominación económica y política junto a un intercambio comercial enormemente desequilibrado, desigual e injusto.
Esta deuda externa consiste principalmente en la deuda contraída con motivo de los préstamos e inversiones recibidos desde los países más ricos e industrializados para financiar proyectos de "desarrollo", generalmente dirigidos por grandes empresas y bancos transnacionales. Dicha deuda genera unos intereses que deben ser asimismo reembolsados junto con el capital prestado y la suma de ambos constituye lo que se denomina como servicio de la deuda. El comienzo de la actual crisis de la deuda externa se sitúa en 1979 con la modificación unilateral de la política monetaria de EE.UU., que se materializó en una continua subida de los tipos de interés de su Reserva Federal, lo cual provocó que la cuantía de los reembolsos de la deuda se fuera incrementando enormemente en perjuicio de los países del Tercer Mundo. Además, a las variaciones al alza de los tipos de interés aplicables al servicio de la deuda, hubo que añadir el deterioro de los términos del intercambio comercial provocado por la caída y persistencia de los precios bajos de los productos exportados por los países del Tercer Mundo, así como las múltiples barreras proteccionistas frente a estos productos existentes en los países más industrializados .
Más recientemente, estos factores negativos se han suavizado, aunque ello no ha supuesto, salvo excepciones, un cambio en las políticas de los gobiernos de los países del Tercer Mundo para favorecer a sus pueblos, debido a que dichos gobiernos representan en la mayoría de los casos exclusivamente a las élites locales. En efecto, en los últimos años se ha asistido a un aumento del precio de determinadas materias primas, principalmente del petróleo, así como de algunos productos agrícolas, lo cual ha originado una mejora en los términos de intercambio en favor de los países exportadores de dichas materias primas y productos agrícolas y, consiguientemente, un aumento notable de sus reservas de divisas. Sin embargo, éstas se destinan preferente y paradójicamente a prestar dinero a EE.UU. y a países de Europa occidental mediante la compra de sus bonos del Tesoro, lo cual confirma una vez más que los países "en desarrollo" son exportadores netos de capitales, en particular a EE.UU., en vez de utilizarlos para su propio desarrollo y beneficio, por ejemplo, para financiar gastos de inversión como educación y salud. Esto prueba, asimismo, la falsedad del argumento utilizado para justificar el endeudamiento externo de los países del Tercer Mundo, es decir, su carencia o insuficiencia de capitales. Además, desde el punto de vista meramente contable, también resulta absurdo este comportamiento, dado que la remuneración de las reservas de divisas colocadas en bonos del Tesoro de EE.UU. suele ser notablemente inferior al interés pagado por el reembolso del servicio de la deuda externa. Este reembolso sirve fundamentalmente para financiar los enormes déficits de la economía de EE.UU. y así mantener su supremacía militar, comercial y financiera.
Los programas de ajuste estructural (PAE), sistematizados en el denominado Consenso de Washington (7), consisten en una serie de medidas de carácter económico, cuya aplicación las mencionadas instituciones financieras exigen a los Estados de los países receptores de sus préstamos, principalmente países del tercer mundo fuertemente endeudados, a partir del decenio de los ochenta. Dichas medidas, de claro tinte "neoliberal", es decir, fundamentalmente recortes de los presupuestos asignados a los servicios públicos para los sectores más necesitados (las personas con escasos recursos económicos), como la enseñanza y la sanidad públicas, y su privatización, así como eliminar las subvenciones a los productos que satisfacen las necesidades básicas de dichos sectores .
El desprestigio de tales medidas por su alto coste social y humano, cebándose en los sectores más pobres y vulnerables, en beneficio de las capas más privilegiadas económica, política y socialmente, condujo a las mencionadas instituciones financieras internacionales a introducir algunas modificaciones en los programas de ajuste, pero que básicamente son de fachada, pasando a ser denominados estrategias de lucha contra la pobreza. En efecto, su contenido continúa siendo básicamente el mismo en lo que se refiere al rigor y la dureza de su aplicación, que sigue centrándose en los sectores más pobres y vulnerables, con algunas exigencias de mayor atención a los sectores de la salud y la educación públicas, que apenas contrarrestan las nefastas consecuencias de su aplicación en los ámbitos social y económico, lo cual se traduce en un aumento continuo de la pobreza y las desigualdades económicas y sociales allí donde se aplican dichos programas o estrategias. Sin embargo, las instituciones financieras internacionales y las fuerzas hegemónicas que las sustentan siguen sin estar dispuestas a renunciar en lo más mínimo a exigir la aplicación rigurosa de las medidas contenidas en tales programas o estrategias. Ante la dificultad de lograr resultados satisfactorios para el conjunto de las sociedades afectadas, y no sólo para los más privilegiados, dichas fuerzas encabezadas por las instituciones financieras internacionales decidieron achacar la responsabilidad de tales resultados a los fracasos en la aplicación de dichos programas o estrategias por parte de los Estados receptores de los préstamos, concretamente por sus "carencias institucionales" y su mala o nula "gobernanza" .
El objetivo real de los programas de ajuste o de las estrategias contra la pobreza se encamina más bien hacia la liberalización total del mercado a nivel mundial, con el propósito de que los grandes capitales procedentes del mundo industrializado puedan circular sin trabas a escala internacional. Es decir, invertir donde más les convenga desde el mero punto de vista de la máxima rentabilidad a corto plazo y poder apropiarse, con menos trabas si cabe, de los beneficios así obtenidos. En esto consistía precisamente el Acuerdo Multilateral de Inversiones (AMI), elaborado secretamente ("a puerta cerrada", en términos oficiales) por los dirigentes de los países más industrializados en la sede de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), en París, que al menos formalmente no salió adelante ante la fuerte oposición de la opinión pública internacional tras su divulgación por Internet. Sin embargo, poco a poco la subordinación y dependencia actual de los países del Tercer Mundo es tal que los objetivos del AMI se están consiguiendo en la práctica sin la formalización de dicho acuerdo, principalmente a través de las negociaciones multilaterales en el marco de la Organización Mundial del Comercio (OMC), así como en el FMI, donde los gobiernos de los Estados más industrializados, bajo la batuta de las grandes corporaciones transnacionales, gozan de una posición privilegiada frente a los países más pobres y donde la opacidad y falta de transparencia e información debidas es hábito corriente.
Como se ha dicho, el pago del servicio de la deuda externa (capital + intereses) permite que la transferencia de capitales y de recursos humanos sea, hoy en día, predominantemente del Sur o Periferia, cada vez más pobre y endeudado, hacia el Norte o Centro, rico e industrializado, y no al revés, como debería suceder si se quiere hacer realidad el desarrollo del Tercer Mundo. Se calcula que entre el año 1980 y el 2006 la cantidad transferida desde los países "en desarrollo" a los países "desarrollados" en concepto del servicio de la deuda externa se eleva a 7.673,7 miles de millones de dólares, lo que no ha impedido que el saldo de dicha deuda haya aumentado de 617,8 miles de millones de dólares en 1980 a 3.150,6 miles de millones en 2006, según el Fondo Monetario Internacional, y se espera que aumente hasta 3.350 miles de millones en 2007 (13). Particularmente sangrante es el caso de África, donde el grado de empobrecimiento alcanza sus mayores cotas, pues en el mismo período (1980 2006) dicho continente "exportó" capitales por valor de 675,3 miles de millones de dólares en concepto de reembolso del servicio de la deuda.
Con el propósito de paliar esta situación, las denominadas estrategias para acabar con la pobreza se insertan en el marco de las iniciativas y las medidas propuestas por parte del FMI y del BM (14) para aliviar la carga de la deuda de un conjunto de países catalogados como países pobres altamente endeudados (en inglés, heavily indebted poor countries) y que consisten en un conjunto de medidas que las autoridades del país aspirante a recibir ayuda deben poner en práctica para que esa ayuda tenga efecto. En síntesis, esas medidas siguen la misma filosofía de los programas de ajuste estructural ya descritas, en grandes líneas con leves retoques, como la exigencia de aumentar los gastos en salud y educación, tratando de dar un rostro más humano a dichos programas mediante la participación en su elaboración de las autoridades y representantes locales de las poblaciones de dichos países y tratando de hacerles responsables exclusivos de su situación y de la aplicación de dichas medidas. Es como tratar de detener una hemorragia con un par de tiritas y pedirle además al malherido que siga corriendo en la despiadada competición del libre mercado de la economía globalizada. En cualquier caso, la escasa financiación por parte del G7 o G8 de los fondos fiduciarios, destinados al objetivo de aliviar la carga de la deuda de los países muy endeudados, evidencia una vez más la poca disposición de los países ricos de cumplir con su parte del contrato.
A todo esto se añade que el importe de la Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD), en términos de porcentaje del Producto Nacional Bruto (PNB) de los Estados de los países más ricos e industrializados, continúa estando muy por debajo de la cifra del 0,7% a la que se vienen comprometiendo desde hace ya tres décadas. Los últimos datos dados a conocer muestran un descenso de dicha ayuda en un 5% para 2006, situándose actualmente en el 0,3% para el conjunto de los países donantes. Además, en esta cuantía se incluyen anulaciones parciales de deuda que consisten fundamentalmente en operaciones meramente contables y que tienen como destinatarios a países como Nigeria o Irak, es decir, que obedecen más bien a intereses geoestratégicos de los países donantes. Así, por ejemplo, se calcula que en torno al 30% de la AOD europea consiste en este tipo de ayuda fraudulenta, dado que en la AOD sólo deberían incluirse las cantidades donadas en función de las necesidades reales de las poblaciones de los países receptores de dicha ayuda y no en función de los intereses de los gobiernos de los países donantes o de las empresas transnacionales . A ello, cabe añadir que los países considerados "menos desarrollados" sólo reciben el 0,3% del flujo mundial de inversiones .
Medidas que deberían aplicarse: Auditorías de la deuda y un Banco del Sur
Se requiere, en general, la elaboración y aplicación de medidas a escala nacional e internacional para, por un lado, movilizar los recursos técnicos, económicos y humanos necesarios en pro del modelo de desarrollo humano y sostenible y, por el otro, la protección y promoción de los derechos e intereses de los individuos y grupos más vulnerables y desfavorecidos. En particular, serían necesarias medidas encaminadas a abolir o anular y no sólo "aliviar" o "aligerar" la deuda externa de los países menos desarrollados. En este sentido, deberían llevarse a cabo, por ejemplo, auditorías para determinar el origen de dicha deuda, pues en gran parte es de naturaleza odiosa e ilegítima por ser fruto de decisiones y actos ilícitos y fraudulentos cometidos por gobernantes corruptos y altos cargos de instituciones internacionales, así como de empresas y bancos transnacionales, para su exclusivo beneficio Asimismo, debería anteponerse la satisfacción de las necesidades básicas o fundamentales de la población al reembolso de la deuda externa a la hora de asignar los recursos presupuestarios e incluso, si procede, alegar el estado de necesidad o de fuerza mayor debido a la escasez de dichos recursos para suspender el reembolso de la citada deuda.
Por otro lado, una alternativa sumamente interesante consiste en la creación de un Banco del Sur para los países del Tercer Mundo, de modo que éstos puedan colocar sus reservas de divisas en dicho Banco y no en bonos del Tesoro de EE.UU. Asimismo, dicho banco debe proteger a estos países contra los ataques especulativos por parte de capitales procedentes de los países ricos y ayudarles en sus problemas de liquidez, es decir, una especie de FMI del Sur. En este sentido, el Banco del Sur también tendría como objetivos, por ejemplo, romper la dependencia y subordinación de los países periféricos respecto del mercado financiero internacional y canalizar las inversiones, el ahorro interno y en general todos sus recursos en función de su propio desarrollo y de las necesidades reales de su población, en particular de los más vulnerables. Se trataría obviamente de un banco público alternativo al Banco Mundial y al FMI y estaría financiado principalmente por aportaciones de los Estados miembros, a las que podrían añadirse ingresos fiscales obtenidos mediante impuestos internacionales. Los destinatarios de los créditos y donaciones del Banco del Sur deben ser prioritariamente instituciones o empresas públicas prestatarias de servicios públicos y, en todo caso, debe evitarse que dicho Banco se utilice para administrar o reembolsar el servicio de la deuda externa. Por útlimo, destacar la importancia de que dicho Banco esté bajo control popular y democrático, al igual que las auditorías de la deuda externa, por lo que los parlamentos, si son verdaderamente representativos del conjunto de los ciudadanos y no sólo de las élites locales y sus partidos, deben jugar un papel relevante.
Doctor en Derecho y autor del libro titulado El derecho humano al desarrollo frente a la mundialización del mercado, editorial Iepala, Madrid 2005 (http://www.revistafuturos.info/resenas/resenas13/derecho_desarrollo.htm).
Véase Deuda odiosa o deuda nula, de Hugo Ruiz Díaz Balbuena, en (http://www.cadtm.org/), así como el libro colectivo Le Droit internacional, instrument de lutte ?, ed. CADTM y Syllepse, Paris 2005.
Véase Raisons et déraisons de la dette. Le point de vue du Sud en Alternatives Sud, Vol. IX (2002), núm. 2 3, ed. Centre Tricontinental (Louvain-La-Neuve, Belgique) y L'Harmattan (Paris). Asimismo, La finance contre les peuples. La bourse ou la vie, de Eric Toussaint, ed. CETIM, CADTM y Syllepse, Paris, Genève y Liège 2004, pp. 171 252).
Según el Banco Mundial, el proteccionismo de los países industrializados cuesta unos 100.000 millones de dólares a los países pobres, lo que equivale al doble de lo que reciben en concepto de asistencia al desarrollo (dato recogido en Diálogo social y gobernanza en la era del "Estado mínimo", de F. Graña, ed. Cinterfor/OIT, Montevideo 2005, pág. 36).
Entre 2000 y 2006, las reservas de divisas del conjunto de los países "en desarrollo" casi se triplicaron, pasando de 973 a 2.679 miles de millones de dólares (véase Banco del Sur, marco internacional y alternativas, de Eric Toussaint, conferencia expuesta en el IX encuentro internacional de economistas, Cuba, febrero de 2007).
Véase el informe anual del año 2006 del Banco Mundial titulado Global Development Finance, pág. 139, así como el del año 2005, pág. 56 (datos recogidos en la conferencia de Eric Toussaint, citada en la nota anterior).
sta denominación se atribuye al economista John Williamson, un defensor a ultranza de la ideología "neoliberal". Este autor, perteneciente al Instituto de Finanzas con sede en Washington, un think thank financiado principalmente por los grandes bancos comerciales del mundo, comenzó a utilizar dicha denominación a partir de los años 1989 1990 (véase Objectifs du millénaire pour le développement et gouvernance mondiale, de Patrick Bond, en "Alternatives Sud", volume 13 2006/1, ed. Centre Tricontinental (Lovain-la-Neuve) y Syllepse (Paris) 2006, pág. 132.
Véase Los obstáculos al desarrollo y la mundialización, de Nicolás Angulo Sánchez, en "Firgoa" (http://firgoa.usc.es/drupal/taxonomy/term/347). Asimismo, en el núm. 8 de "Red de Economía Crítica" (http://www.economiacritica.net/), 15 de enero de 2007.
Véase Banque mundial réclame « bonne gouvernance », de Nicolas Guilhot, en « Manière de voir » (publicación bimensual de « Le Monde Diplomatique »), núm. 72, diciembre de 2003 enero de 2004, págs. 62 65.
El Acuerdo Multilateral de Inversiones (AMI) comenzó a negociarse en setiembre de 1995 y estaba previsto culminarlo para una reunión ministerial de la OCDE en 1998, pero no llegó a culminarse el proceso debido, entre otras cosas, al rechazo del Gobierno francés al proyecto y sobre todo a su divulgación a través Internet, generándose una reacción hostil a dicho acuerdo a escala mundial sin precedentes. Entre los puntos más contestados, aparte de la liberalización a ultranza de las inversiones internacionales, se podría mencionar la pretensión de que los países firmantes trataran en pie de igualdad a los inversores y a las empresas extranjeras (transnacionales, principalmente) respecto de las nacionales, la de permitir a los inversores y empresas extranjeros hacer valer sus derechos ante tribunales internacionales especiales, la de no obligar a las citadas empresas a contratar mano de obra del lugar o la de que pudieran adquirir de manera ilimitada empresas públicas privatizadas (véase Noam CHOMSKY: El beneficio es lo que cuenta. Neoliberalismo y orden global, ed Crítica, Barcelona 2002, pp. 165 174).
La Organización Mundial del Comercio (OMC) inició sus actividades el 1 de enero de 1995, en virtud de uno de los Acuerdos del Acta Final de la Ronda Uruguay, firmada en Marrakech en abril de 1994, para suceder al Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT en inglés) como órgano encargado de velar por que el comercio internacional se ajuste estrictamente a los cánones de la ortodoxia liberal de mercado, tal y como lo exigen los Estados de los países más industrializados, las empresas transnacionales y la banca privada (véase Martin Khor: L'OMC, fer de lance des transnationales, en "Le Monde Diplomatique", mayo de 1997, p. 10).
Véase Susan GEORGE: Remettre l'OMC à sa place, ed. Attac Mille et une nuits, Paris 2001, pp. 20 21.
Estas cifras figuran en el comunicado presentado por el CETIM (Centro Europa Tercer Mundo) con motivo del cuarto período de sesiones 2007 del Consejo de Derechos Humanos, titulado La deuda externa de los países en desarrollo (véase: http://www.cetim.ch/es/interventions_details.php?iid=276).
Dicha iniciativa se presentó por primera vez en la cumbre de los G7 celebrada en Lyon en 1996 y se reforzó en la cumbre de Colonia, celebrada en septiembre de 1999. Se trata de una iniciativa exclusivamente en favor de los países pobres cuya carga de la deuda sea tan elevada que resulte insostenible (insoportable) a fin de que resulte sostenible (soportable), es decir la deuda y su carga no desaparecen sino que se difieren y perpetúan en el tiempo.
Véase el informe presentado por el Sr. Fantu CHERU a la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas en enero de 2001 para la 57 sesión dedicada a los derechos económicos, sociales y culturales titulado La iniciativa en favor de los países pobres muy endeudados: Evaluación de las estrategias para la lucha contra la pobreza desde el punto de vista de los derechos humanos.
Estas cifras figuran en el comunicado de prensa emitido en Paris (Dépêche AFP), el 3 de abril de 2007, por parte de varias agrupaciones de ONGs (véase: http://www.cadtm.org/article.php3?id_article=2558).
Diálogo social y gobernanza en la era del "Estado mínimo", op. cit., pág. 36.
Véase ¡Investiguemos la deuda!. Manual para realizar auditorías de la deuda del tercer mundo, de AAJ, ATTAC (Uruguay), CADTM, CETIM, COTMEC, Auditoria Cidada da Divida (Brasil), Emaús Internacional, EURODAD, Jubileo Sur, South Centre, ed. CETIM y CADTM, Ginebra y Lieja 2006.
Este conjunto de propuestas figuran en Banco del Sur, marco internacional y alternativas, de Eric Toussaint, op. cit.
