La actitud de las banderías hispanas, que son las que deciden el destino de los demás españoles, denota un espíritu de provisionalidad.
No hay un afán constructivo. Hay un afán utilitario. Todos es un medio para un único fin supremo: sólo nosotros ( o, en un suave giro, nosaltres sols, como dicen, o decían, los catalanes... Y luego creen que nos son españoles).
No creo que hayamos evolucionado demasiado desde el franquismo. O hemos involucionado.
Somos un pueblo tan listo que nos las sabemos todas.
Y como todos los demás "son" corruptos, podemos corrompernos sin cargos de conciencia. ¿O acaso vamos a ser tontos? Es decir, que nuestra corrupción se convertirá en una necesidad inevitable y justificada.
Es cierto, no encontramos la esencia de España. Salvo Bono, que la vincula a la fiesta nacional mediante alquimismos que sólo se le pueden ocurrir a él. La de Mújica es otra historia.
Es decir, que para unos España es su Estado, nada más, el cual utilizan para evadir el concepto de nación (al menos eso dice Bono) y con tal de evadir ese concepto se hacen antitaurinos, que es fundamentalmente la negación no de la fiesta nacional sino de la nación.
Para los otros, España no es un conjunto de derechos y obligaciones, y su consiguiente prosecución y vigilancia, sino unas esencias abstractas que se manifiestan en la capacidad de captar sutilezas como las de bandera, fiesta nacional, faralaes y todo un lenguaje que a la hora de la verdad entra poco en modos de vida, como pueden ser el fomento de la enseñanza, el respeto a la opinión del que piensa de otra forma, la protección social, ser cada día más inteligentes y benéficos, como decían programas políticos decimonónicos, asegurar la convivencia, prever una vejez tranquila, etc.
Como España es una entelequia, una irrealidad, no requiere razones, sino emociones.
Todo ello ofrece una imagen de provisionalidad extraña. Por ejemplo, a quinientos años de nuestra consticuión como estado, aún no tenemos claro el modelo. ¿Unitaristas, federales, confederales, cantonales, poli-aislados?
Más bien parece que la finalidad primera fuera derribar lo que hay, bien por la vuelta al pasado, bien por la vuelta al futuro, que según una película, se puede.
En definitiva, que por excesivamente prácticos, somos poco prácticos. Como lo que queremos de verdad es que la cosa se fastidie, pedimos lo imposible.
El de izquierdas pasa al de derechas por la derecha (una especie de "bonismo" o "belloquismo", que no bellaquismo) y el de derechas pasa a la izquierda por la izquierda... siempre que esté en la oposición. Arenas, por ejemplo, en los mítines habla de rebelión. Pero ¿y si la rebelión se le fuera de las manos?
Queremos lo imposible, proclaman, que es la mejor forma de demostrar que el otro es incompetentes.
Y los otros, en vez de demostrar hasta dónde se puede y hasta dónde no, se empecinan en caer en las redes del lenguaje de su contrincante.
Un poco como el chiste: "Os haré un puente". "Pero si no hay río". "Pues os haré también el río"; pero al revés: "Queremos un puente". "Pero si no hay río". "Pues también el río".
Ya comenzaron a caer en estas redes cuando sustituyeron programas por imágenes y contenidos por símbolos.
La cuestión es que no hay realismo. Tenemos unos empresarios a los que no les entra en la cabeza que sus consumidores son sus propios trabajadores (Henry Ford lo entendió y adecuó rápidamente) y tenemos a un pueblo que cree que es más importante manifestar malhumor que presionar para la búsqueda de soluciones.
Nuestra constitución que se diseñó cuando las fuerzas de izquierda y derecha eran equivalentes. Pero no lo valoramos. Lo que ahora tenemos es una constitución estancada, con un montón de proposiciones progresistas no desarrolladas y olvidadas.
Y, en vez de laborar para que se desarrollen, nos empecinamos en aplicarnos en todo aquello que ni es sustancial ni lima asperezas. Es extraño que no empecemos a pedir su reforma.
Para nostros no es un programa importante alcanzar el 35% que nos separa de la media europea en protección social ; no, es importante hablar en catalán, convertir las provincias en comarcas, debatir cada una de las asignaturas a las que luego olvidaremos una vez pasado el calor de la disputa, importándonos un pito que el niño estudie o no estudie.
Por supuesto, iremos a una macromanisfestación porque la ministra de medio ambiente de turno entienda acertadamente que el plomo contenido en la munución de los cazadores es malo para el campo y para la salud.
Pero no iremos a una manifestación en la cual nos opongamos a aquella propuesta de 65 horas laborales semanales, que no está enterrada, como muchos creen.
Y puede que todo por esa causa: una manifestación contra la prohibición del plomo no es una manifestación contra el plomo, sino contra la ministra, que cual Aristide moderno, ha de ser relegada al ostracismo porque estamos hasta las narices de oirla, aunque sus propuestas sean razonables..
En cambio, una manifestación contra nuestras condiciones laborales denota una labor constructiva que contradice nuestra necesidad de provisionalidad. igual el emploe eventual es un gran acierto acorde con nuestro espíritu.
Mejor sería cambiar la Constitcuión cada año, y así recomenzar permantemente nuestra vida, aunque el provebio diga que sólo el estúpido lo hace así..
Quizás es que aún no hemos vista de verdad las orejas al lobo, y que como niños caprichosos permanecemos enrabietados porque "papá" no nos ha comprado el último tipo de chupa chups.
Ayer oía a una anciana decir lo siguiente:
"Mi hermana es las del ordeno y mando... como Zapatero".
Este hombre ha pasado de no valer para presidente de gobierno por ser "Bambi", a no valer por ser Gengis Khan.
Estas dos señoras, de franquismo y misa diaria, consiguieron de la democracia dos pensiones, con las que viven casi cómodamente (1.500 euros mensuales ahora, con otra asignación, vía ley de la dependencia). Antes no tenían nada. Más bien vivían en una situación próxima a la miseria. Pero sólo se acuerdan de algo que no han perdida: las procesiones de Semana Santa.

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